martes, 16 de agosto de 2011

El dedo en el botón.

El pasado viernes una amiga me invitó, junto a varios compañeros de trabajo a una cena para celebrar su cumpleaños. Todos los invitados teníamos que ver de una manera u otra con los medios y no podía faltar como era nuestra costumbre la conversación, a veces aburrida, sobre los últimos adelantos de la técnica.

La mitad de los controles
que tengo en la casa
Mi amiga se declaró contraria a la dependencia de los medios; desde el teléfono inalámbrico o el celular hasta los controles remotos. Nos contó que su primer esposo estaba constantemente preocupado por estos medios, cada vez que pasaba un largo rato sin recibir una llamada o un mensaje a su celular se preocupaba por sí estaba funcionando correctamente. Igual sucedió cuando instalaron la televisión por cable, se pasaba gran parte del tiempo cambiando de canales para probar la efectividad del control remoto.

En el grupo de amigos había un físico que la criticó imaginándose cómo se sentirían los científicos que habían hecho aportes al estudio de la luz. Nos dijo que hoy nadie duda del comportamiento dual de la luz, las contribuciones de Fresnell, Foucolt, Maxwell, Elster, Geitel y Einstein quienes realizaron grandes aportes a la explicación teórica del comportamiento de la luz, gracias a lo cual se pueden diseñar numerosos dispositivos que hoy funcionan mediante la emisión de un haz de luz.

Por lo general a estos dispositivos se le llaman sistemas de control remoto, pues posibilitan que sin movernos del sitio en que nos encontramos, prendamos la tele, cambiemos de canales, subamos el volumen, o encendamos el equipo de audio y escuchemos tanto la estación preferida como el último compacto que compramos.

Mi tío Celio fue uno de los primeros inventores del control remoto. En su casa instaló un largo cordón eléctrico que daba la vuelta a toda la sala y le permitía prender la tele cuando quisiera, sin moverse de su butaca preferida. Lo más interesante es que el televisor le quedaba a solo dos metros de su butaca. Pero su invención mejor fue emplear una varilla de madera que al introducirla en la perilla de cambio de los canales permitía pasar de uno a otro sin levantarse de su asiento.

Hoy no es necesaria la varilla de mi tío, por el contrario todos los equipos tienen controles remotos. En no pocas ocasiones encontramos en el sofá de la sala varios de estos controles remotos, que por su similitud provocan confusión.

Justo cuando mi amigo físico daba todas sus explicaciones y otras que no me atrevo a escribir por miedo a cometer un error científico, una vecina tocó a la puerta de la casa de nuestra colega de trabajo. La mujer totalmente nerviosa contó que le habían robado su vehículo y necesitaba llamar por teléfono al seguro pero con el vehículo también había desaparecido su teléfono celular.

Después de sus disculpas por interrumpir la cena la vecina pasó a utilizar el teléfono, ubicado en el otro extremo de la sala. Al poco tiempo observamos que el televisor se encendía y apagaba, los canales cambiaban constantemente y nuestra conversación volvió a detenerse. Con enorme curiosidad observábamos la locura del televisor y si no avanzamos mas en nuestras dudas fue porque la vecina apareció en el comedor.

- No se qué le sucede a tu teléfono - preguntó a la anfitriona.

No hizo falta la respuesta a su pregunta, ella llevaba en sus manos el control remoto del televisor, con lo que mi amiga solo tuvo que mirarnos a todos e indicarle a la vecina el sitio donde estaba el teléfono, éste último de teclas y con cable.

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