lunes, 7 de noviembre de 2011

Recuerdos en 60 segundos


Cambiaba de emisora en uno de los embotellamientos, casi cotidianos en la Ciudad, cuando escuché aquella canción que me trajo recuerdos de mi juventud, no tan lejana. 

Lo verdaderamente lejano era salir del embotellamiento, que a las horas pico son un ejemplo del desorden que nadie quiere arreglar. Por cierto, no entiendo por qué dicen horas picos, más bien deben ser horas bocas, pues acumulan cientos de autos en un pequeño tramo de avenida.

Volviendo a la canción, fue una casualidad escucharla, pues hay tantas emisoras en FM que casi es imposible al pasar de una a otra sintonizar con exactitud una canción. Su letra además que me gusta, es divertida. En una de las partes que alcancé a escuchar en medio del tranque, decía más o menos: “.. la miré y me miró, a ella le gusta una rosa a mí un clavel…me dejas que te de un beso…” y así sigue. 

La letra me hizo retroceder a mis 14 años, cuando me sentía todo un "hombre", sin saber lo que en realidad significa esta palabra. En aquella ocasión me enamoré de una chica un año mayor que yo. Mi timidez y mi nula experiencia amorosa no me dejaban declarar mi amor a Susana. 

Ella, impaciente por que yo me le declarara, me miraba con ojos ardientes (palabra que hoy encuentro), pero aquellas miradas me ponían más nervioso e inseguro y el único camino que encontraba no me conducía hacia adelante sino que me alejaba de ella. Mis pies en vez de avanzar retrocedían dejando un espacio enorme entre los dos.

Un día cuando estaba totalmente convencido que me impondría a mi timidez y justo en una fiesta estudiantil me acerqué a Susana, la miré con fuerza y respirando profundo le declaré mi amor. Su rostro, primero extrañado y después sorprendido esbozó una sonrisa, sus ojos me miraron de la misma forma en que los chicos descubrieron por vez primera a E.T. y de sus labios brotó la  palabra más corta, la que siempre nos disgusta y con la que todo se acaba: NO.

Había terminado mi primera experiencia amorosa y aquel día pensé de modo muy machista que las mujeres eran unas tontas, que siempre nos andaban diciendo que no, para después implorarnos. Tan seguro estaba de mi apreciación que esperé que Susana viniera a , lo que jamás sucedió. 

La canción seguía su ritmo, con un coro que decía Ding, dong.. mientras él le preguntaba sí le gustaba la música, el cine y otras cosas. En ese momento, la estridente bocina del un taxista sordo que estaba detrás mi vehículo, me hizo apretar a fondo el acelerador y recorrer en pocos segundos los apenas 20 metros que habíamos avanzado en el tranque. 

Cuando volví a concentrar mi atención en la radio, se dejaba escuchar un estribillo que decía: “dame gasolina, dame gasolina…” y así varias veces repetía lo mismo. Miré por el retrovisor al taxista sordo pensando que estaba pidiendo gasolina, pero conversaba con la mujer a su lado. Busqué de nuevo la canción, pasé todas las emisoras, hasta que de nuevo el bocinazo, los veinte metros de avance y la nueva espera de un minuto al próximo cambio. 

En ese nuevo lapso de tiempo, recordé que hace unos años Susana me reconoció en la calle, habían pasado treinta años de mi declaración. Después de las preguntas comunes en un encuentro de este tipo salió el tema de la declaración amorosa de antaño. Me confesó, para mi sorpresa que esperó un tiempo para comprobar si era verdad lo que yo decía y me tomó por un gran tonto al no insistir. Por suerte desde hace muchos años me había dado cuenta que el único tonto era yo.

Esta vez alcancé a mirar al semáforo y al cambiar de color la luz ya estaba alejándome del taxista, evitando su bocina ruidosa y para colmo desafinada. En el cruce a la nueva avenida y liberado del tranque, comprendí que es muy difícil, aun hoy con tantos aparatos tecnológicos, concentrar la atención en dos cosas a la misma vez. 

Me alejé del tranque, pero volví a caer en otro, busqué la misma emisora y su música era tan rara que no entendía el ritmo. Pensé sí no me estaba imaginando la canción y empecé a tararearla cuando un bocinazo me sacó de mi imaginación. Por cierto no era el mismo taxista, pero bien se le parecía.  

3 comentarios:

  1. el traque más grande del mundo, y digo del mundo ocurre de lunes a viernes frente a tu casa en varios horarios, aunque no haya nadie estacionado "los padres" para no perder la costumbre lo hacen en doble fila, no lo hacen frente al cartel del "ogro" advirtiendo no estacionar pero imaginan que hay un auto ahí y lo hacen como doble fila así que ni enfundado en nuestra amistad puedo colarme allí.
    Muy buena tu comparación de la canción de Leonardo Fabio con el regueton pero te aseguro que ese no es el peor, creo que tu post merece como premio un CD con lo mejor del ....reguetón
    Osvaldo

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  2. Si el mundo se llama Santa Cruz, entonces el tranque es de madre y señor mio...y por sí acaso tengo dos baterías para un taladro portátil que le encanta el olor a llanta...

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  3. Nuestro mundo hiperactivo y apurado admira a las personas que realizan muchas actividades al mismo tiempo. Pero los científicos afirman que concentrarse en una sola cosa a la vez es más productivo, y mejor para nuestra salud.

    El hábito “multitareas” también puede afectar las relaciones personales, desde las más recientes (¿cuántas veces se ha olvidado inmediatamente del nombre de una persona a la que le acaban de presentar porque prestó más atención a lo que decía o a su ropa?) hasta las más preciadas. A todos nos ha ocurrido que algún ser querido, mientras nos revela sus sentimientos más profundos, de pronto nos dice: “¿Me estás escuchando?”

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