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domingo, 9 de agosto de 2026

¿Hacia dónde vamos? Del currículo polisémico al currículo conectado con inteligencia artificial

¿Hacia dónde debe orientarse el currículo en una época atravesada por la inteligencia artificial (IA)? La respuesta no consiste en eliminar las disciplinas ni en añadir herramientas digitales a las prácticas de siempre, sino en conectar saberes, contextualizar los problemas y preservar la inteligencia humana. La IA puede funcionar como puente entre conocimientos, pero no como brújula de las finalidades educativas.

Esta pregunta surgió después de leer 115 ensayos, de estudiantes de doctorado en Educación que cursan la materia de Diseño Curricular, quienes desde su experiencia como docentes analizaron el currículo en su versión polisémica. Para algunos, representa un plan de estudios; para otros, una selección cultural, una experiencia vivida, un proyecto político, una práctica pedagógica o una construcción social. Esta diversidad no constituye una debilidad conceptual. Expresa que todo currículo implica decisiones sobre qué conocimientos se consideran valiosos, quién los selecciona, con qué propósito se aprende y qué tipo de sociedad se pretende construir.

Disciplinas conectadas, no eliminadas

En algunos debates educativos se plantea que las asignaturas podrían dejar de ser el eje organizador de la escuela. Esta posibilidad no debe entenderse como la desaparición de las disciplinas. Las matemáticas permiten modelar y argumentar; las ciencias ayudan a comprender fenómenos; la historia ofrece herramientas para interpretar el presente; la literatura explora experiencias humanas, y las artes desarrollan sensibilidad e imaginación.

El problema no son las disciplinas, sino su aislamiento. Cuando el conocimiento se organiza en compartimentos rígidos, los estudiantes pueden aprobar materias sin comprender cómo se relacionan entre sí o con los problemas de su comunidad. Por ello, el cambio curricular debería volver permeables las fronteras disciplinarias. Los proyectos y desafíos pueden articular distintas perspectivas, mientras cada disciplina aporta conceptos, métodos y formas específicas de construir conocimiento.

Del currículo acumulativo al currículo con sentido

Durante años, las reformas educativas han incorporado contenidos, competencias y responsabilidades sin revisar siempre el tiempo disponible para aprenderlos. La OCDE advierte que la expansión continua puede producir sobrecarga curricular y dificultar un aprendizaje profundo; por ello, propone considerar principios como enfoque, rigor y coherencia en el diseño curricular (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE], 2020).

En la era de la IA, acumular información resulta todavía menos pertinente. Una herramienta puede localizar datos, resumir documentos o generar explicaciones en segundos. Sin embargo, el acceso inmediato no sustituye los conocimientos previos: sin ellos, el estudiante difícilmente puede formular preguntas pertinentes, detectar errores, reconocer sesgos o valorar la calidad de una respuesta.

El desafío consiste en pasar de un currículo centrado en recordar respuestas a otro que enseñe a comprender, preguntar, crear, comunicar y actuar responsablemente. La iniciativa Future of Education and Skills 2030/2040 destaca la integración de conocimientos, habilidades, actitudes y valores, así como la agencia del estudiante para tomar decisiones y participar en la construcción de futuros compartidos (OCDE, s. f.).

La IA como puente, no como brújula

La IA puede contribuir a un currículo conectado. Problemas como la escasez de agua, la migración, la desigualdad o la desinformación requieren perspectivas científicas, históricas, sociales, éticas y comunicativas. Las herramientas de IA pueden apoyar la búsqueda y comparación de información, la representación de datos, la simulación de escenarios y la generación de preguntas. También pueden ayudar al docente a elaborar casos contextualizados, ofrecer prácticas diferenciadas y producir retroalimentación inicial.

No obstante, usar IA para resumir textos, contestar cuestionarios o entregar productos terminados solo incorpora una tecnología nueva a un currículo antiguo. La innovación pedagógica no depende de cuánto produce la herramienta, sino de los procesos intelectuales, creativos y éticos que desarrolla el estudiante al utilizarla. En lugar de pedir una definición aislada, puede solicitarse la comparación de varias perspectivas, la identificación de sus supuestos, la verificación de fuentes y la construcción de una postura propia.

La UNESCO recomienda una orientación centrada en el ser humano que proteja la agencia, la privacidad, la inclusión y la diversidad cultural (Miao & Holmes, 2023). Asimismo, el marco para docentes organiza las competencias en cinco dimensiones: enfoque humano, ética de la IA, fundamentos y aplicaciones, pedagogía con IA y aprendizaje profesional (Miao & Cukurova, 2024). Para los estudiantes, propone competencias relacionadas con el juicio crítico, el uso responsable y la participación como cocreadores de estas tecnologías (Miao et al., 2024).

Estas orientaciones recuerdan que incorporar IA no equivale a adoptar una plataforma. Significa formar criterios para decidir cuándo usarla, con qué propósito, cómo verificar sus resultados y cuándo es preferible no emplearla. También exige preguntar quién diseñó la herramienta, con qué datos fue entrenada, qué visiones reproduce, qué grupos están representados y qué sucede con los datos personales.

Evaluar el proceso y la transferencia

La presencia de IA obliga a revisar la evaluación. No basta con valorar la entrega puntual o la presentación impecable de un producto. Es necesario observar cómo se formuló el problema, qué decisiones se tomaron, qué fuentes se contrastaron, cómo se corrigieron errores y en qué nuevas situaciones puede utilizarse lo aprendido.

Por ello, la evaluación puede incorporar bitácoras de decisiones, versiones sucesivas, portafolios, defensas orales, resolución de casos y evidencias de transferencia. También debe valorar si el estudiante declara el uso de IA, protege datos personales, reconoce las limitaciones de la herramienta y conserva la responsabilidad intelectual sobre el resultado.

¿Hacia dónde debemos ir?

Necesitamos un currículo conectado sin perder profundidad disciplinar; contextualizado en los problemas y saberes de cada comunidad; flexible, pero no improvisado; centrado en la comprensión, la creación y la transferencia; y comprometido con la inclusión, la equidad y la dignidad humana.

La escuela del futuro no será la que incorpore más herramientas, sino la que formule mejores preguntas sobre sus finalidades. La IA puede ayudar a conectar lo que la escuela fragmentó y a diversificar los caminos para aprender. Sin embargo, el rumbo no debe señalarlo el algoritmo. El rumbo debemos decidirlo nosotros.

Referencias

Miao, F., & Cukurova, M. (2024). AI competency framework for teachers. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000391104

Miao, F., & Holmes, W. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386693

Miao, F., Shiohira, K., & Lao, N. (2024). AI competency framework for students. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000391105

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (2020). Curriculum overload: A way forward. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/3081ceca-en

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (s. f.). Future of Education and Skills 2030/2040. Recuperado el 1 de agosto de 2026, de https://www.oecd.org/en/about/projects/future-of-education-and-skills-2030.html

 

 

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