domingo, 19 de octubre de 2014

Distribuyendo la riqueza



En una Isla bien conocida el Estado revolucionario nacionalizó todos los negocios privados, desde la banca y la industria hasta el productor artesanal de colgadores de ropa. Mario el lustrabotas se sintió agradecido, recibiría todos los meses un salario justo, gracias a que la riqueza se distribuía entre todos.

Diego a punto de graduarse de médico, grito de alegría cuando supo que no le debía pagar más la renta mensual a la señora Dora, el mini apartamento que le alquilaba pasó a manos del Estado.  Era una medida necesaria, aquellos que más poseían debían compartirlo con los que menos tenían, para acabar con la desigualdad.

Pasaron los meses y un día de noviembre cuando llegaba un frente frío a la Isla, Mario el lustrabotas dirigió sus pasos a la cafetería de Manuel, también nacionalizada, para tomar el primer café de la mañana. Se sorprendió cuando vio al gallego Manuel con sus brazos sobre el mostrador y la cafetera vacía.

No hay café- dijo Manuel, el camión que debía traerlo no funciona y no hay otro.

Mario prosiguió su camino y se dio cuenta que era la primera vez que Manuel no tenía café. Será otro día se respondió a sí mismo y siguió hacia su empresa estatal de limpieza de calzados.

Allí como de costumbre era el primero en llegar, abría las puertas, se sentaba sobre su sillón de lustrabotas y cuando algún transeúnte ingresaba le decía.

No tenemos betún (pasta para limpiar el calzado) tal vez la próxima semana la Empresa central pueda enviarla.

Así pasaba el tiempo, Mario leía el periódico, alguna vieja revista y se sentía feliz, su salario llegaba siempre puntual y justo.

Meses después la Empresa de limpieza de calzados tuvo que cerrar, los insumos nunca llegaron y Mario, con su salario siempre a tiempo pasó a otro trabajo. Esta vez era administrador de una tienda de venta de calzados. Qué mayor orgullo para un lustrabotas que administrar los recursos del Estado, en la tienda que una vez fue de un señor extranjero. Durante años administró la tienda y como en su anterior empresa, había días que se sentaba a leer el periódico, mientras que los zapatos llegaban cada vez en menor cantidad, hasta que vino el cierre y fue trasladado a otro trabajo.

Su nuevo puesto era diferente, ahora administraba un local nocturno, donde todas las noches cantantes de escasa voz y bailarinas sin ritmo deleitaban a los que escapaban del calor de sus casas o a los que aprovechaban la baja iluminación del local para encontrarse con amores clandestinos.

Mario aprendió que el alcohol podía mezclarse con agua, que la botella de ron duplicaba su valor con solo cambiarla de envase y que a la hora de cobrar podía deslizar varios números de más. Al fin era solo el administrador, el dueño era el Estado. Con los meses y gracias a la riqueza extra, Mario logró reparar el techo de su casa, comprar ropa para sus hijos en el mercado en divisas y hasta soñó con comprar un viejo carro norteamericano.

Pero fue su esposa quien lo detuvo y le dijo que era mejor invertir ese dinero en otra cosa más productiva. Mario tomó la decisión de redoblar sus ganancias, pero para ello debía repartir las riquezas obtenidas. Al portero le dejaba una parte, a los mozos que atendían las mesas le permitía quedarse con la propina y a los inspectores que cada mes pasaban por el establecimiento estatal, siempre les tenía un pequeño regalo.

Con la riqueza de los otros, Mario decidió salir de su Isla, al fin volaría en un avión a otro país. Llevaba en sus bolsillos una buena suma de dinero, más de mil veces su salario estatal. Llegó a un país sudamericano y lo primero que hizo fue alquilar una casa de dos plantas y cuatro dormitorios, comprar un carro norteamericano con aire acondicionado y llamar todas las semanas a su esposa e hijos. 

Después del primer mes disfrutando de sus riquezas, decidió que era hora de buscar un trabajo. Con sus habilidades, pensó que en un bar podía empezar. Gracias a un curso gratuito que recibió del Estado aprendió a preparar los más sofisticados tragos. Sin grandes dificultades encontró su primer trabajo como barman. El salario aunque más alto que lo que recibía del Estado en su Isla, no le alcanzaba para mucho en el nuevo país. Pero eso no le preocupó, sabía ganarse la vida engañando a los demás.

Al cabo de su primera semana le dolían las manos de apretar limones, de destapar botellas y latas de cerveza, de verter hielo y de lavar vasos y ceniceros. No había podido agregar más agua a un trago, tampoco adulterar las botellas como antes hacía y mucho menos apropiarse de un centavo de la caja registradora. El dueño, que era de carne y hueso siempre estaba al tanto de la atención y por supuesto del trabajo de su nuevo barman.

Mario decidió que era hora de actuar y una noche cambió el contenido de una botella de ron y la verdadera se la llevó a su casa. La vendería para empezar de nuevo su ciclo de riqueza.

Fue un día de calor abrasador cuando en un fregadero de autos encontré a Mario. Lo escuché hablar y lo identifiqué por su acento, que no había perdido. Era un hombre de 65 años, fornido, casi calvo, sus manos no lograban sostener el paño con el que secaba los autos. Me contó rápidamente su historia, ahora vivía en el fregadero, en un cuarto de paredes de madera, no pudo regresar a su Isla, pues perdió sus derechos de ciudadano, pero tampoco tenía el dinero necesario para regresar. Su esposa e hijos seguían en la Isla, pero pocas veces hablaba con ellos.

No se sentía feliz, tampoco tenía el salario permanente, pero eso si conservaba un tesoro, la botella de ron que nunca vendió.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Tenemos la pizarra digital, vamos a emplearla.



En el anterior trabajo abordé la problemática del escaso uso que profesores y estudiantes de la Facultad de Humanidades de nuestra Universidad, hacen de las pizarras digital interactiva. En muy pocas ocasiones se aprecian que los proyectores de estas pizarras estén encendidos, lo que corrobora el escaso empleo.

Los dos modelos de PDI que conviven en nuestra Facultad tienen un costo superior a cuatro o cinco proyectores multimedia, equivalen cada una a 10 tabletas o a casi tres aires acondicionados, uno para cada aula donde se colocaron las PDI. 

En sentido general seguimos arrastrando los mismos desatinos que en los años 60 del pasado siglo, cuando la escuela comenzó a llenarse de equipos que poco o nada se emplearon. La moda actual es la misma, solo que refinada con la tecnología digital. Los directivos ejecutan proyectos sin el debido respaldo pedagógico, mucho menos la respectiva asesoría y sin escuchar las opiniones de los profesores. 

Pero hoy tenemos esas pizarras, no nos preguntaron sí las queríamos, están en el aula esperando que alguien las emplee, entonces vamos a hacerlo. 

Algunas ventajas del trabajo con la PDI

En una investigación bajo la dirección del Dr Pere Marqués en la que participaron 69 profesores de diferentes instituciones escolares que poseían PDI, el 58% de los encuestados declaró emplearla con frecuencia y el resto de manera esporádica. En la valoración que los profesores hicieron de su utilidad se obtuvo un valor de 8 puntos sobre un máximo de 10.

En el informe de esta investigación, en la tesis de maestría de Roberto Soto Varela, en un artículo de María Domingo Coscollola y en otros trabajos sobre la misma temática se puede encontrar consenso en diferentes ventajas que el empleo de la PDI genera en el proceso pedagógico. Entre ellas citaré las siguientes:


  • Mejora la facilidad para integrar diferentes recursos sobre un mismo elemento de proyección. Se puede escribir en la pizarra, trabajar con otros programas, mostrar imágenes y videos y realizar anotaciones sobre los mismos. Todo esto sin necesidad de hacer los cambios de pantalla en la computadora. 
  • Como medio de enseñanza favorece la concentración de la atención, incrementa el interés y la motivación por la asignatura, así como la capacidad de memorización, al emplear diferentes canales sensoriales.
  • De igual manera contribuye a favorecer la seguridad en el aprendizaje del estudiante, al poder resolver problemas de diversa índole, combinando distintos medios, para llegar a respuestas válidas en la ciencia que estudia. En sentido general la PDI contribuye conjuntamente con los restantes medios de enseñanza a intensificar el proceso de aprendizaje.
  • Otra de sus posibilidades es la de compartir con más facilidad diferentes medios entre los profesores tanto de una misma asignatura como de otras diferentes. Estos materiales pueden ser mejorados por los propios estudiantes.
  • La presencia de la PDI en el aula genera un reto al profesor y a los estudiantes, no hay excusa para no emplearla. No usarla durante su clase o su materia implica un pobre sentido innovador y lo que es peor poco aprecio por el aprendizaje del estudiante.
  • En el trabajo de investigación del Dr Pere Marques se señala que el 73% de los profesores que trabajó con la PDI coincide que han renovado sus métodos de trabajo con los estudiantes. A esto añado que aquellos profesores que la emplean suelen mejorar su competencia digital, además de ser más innovadores en su propia asignatura. 
  • Una de las mayores ventajas que tiene el trabajo en la PDI es la reutilización de lo trabajado en ella. En la orientación de la nueva clase el profesor puede aprovechar los apuntes de la clase anterior para recordar lo tratado, verificar el grado de cumplimiento de los objetivos, realizar preguntas y en especial favorecer la integración y sistematización de los contenidos.
  • Estudiantes y profesores pueden revisar informes de investigación, realizar correcciones directamente en la pizarra que sirven de ejemplo para el resto de estudiantes. Con estas correcciones se favorece la mejoría en la capacidad de síntesis, de redacción y en especial en la ortografía. 


No debe quedar dudas de la utilidad de la PDI en todo tipo de ciencia, así como en cualquier nivel de enseñanza. Sin embargo concuerdo plenamente con el Dr Pere Marqués cuando en su citado informe señala que los profesores integran los nuevos recursos primeramente en su práctica profesional antes de analizar su inclusión en el trabajo del estudiante. Tal vez, señala Marqués, que sea producto de no asimilar la idea que la PDI no es la pizarra que siempre conocemos. 

Es lógico que nos cuesta más trabajo pasar de una pizarra a otra, pero debemos acabar de hacerlo, el reto está frente a los alumnos cada día, la pizarra digital está en el aula, no usarla no es una alternativa actual. 

En el próximo trabajo propongo un grupo de ideas para emplear la PDI desde los tres momentos de su uso que expliqué en el primer comentario. 


Domingo Coscollola María. "Pizarra Digital Interactiva en el aula: Uso y valoraciones sobre el aprendizaje". Estudios sobre Educación / vol. 20 / 2011 Revista semestral del departamento de Educación de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Pamplona. España  ISSN: 1578-7001 / 2011 / volumen 20.


Marqués Peres. "Investigación: Pizarra digital interactiva SMART. Informe de investigación consultado en septiembre del 2014


Soto Varela, Roberto. "Características de laimplantación de la Pizarra Digital interactiva en colegios de la comunidad deMadrid” Máster Universitario de Estudios Avanzados en Educación Primaria. Universidad Complutense de Madrid.  Consultado en septiembre del 2014
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...