miércoles, 22 de octubre de 2014

Preparando el primer WOOC.



En los últimos tres años vengo incursionando en diferentes formas de superación que empleen las redes sociales y usen recursos accesibles y de fácil empleo. Lo importante en este trabajo es la metodología que facilita la reproducción por otras personas.

Ejemplos de ellos son el curso “30 días 30 redes socialesEvernote en la planificación educacional” y “30 días de fotografía educativa”  realizados en la plataforma de la Cátedra UNESCO de educación a distancia, que la UNED tiene para todos los interesados en esta forma de organizar el aprendizaje. 

A lo anterior se suman los dos primeros Mooc de las universidades bolivianas: “Tecnología educativa a través de las redes socialesy “Evernote un recurso insustituible en la enseñanza” En ambos logramos una matrícula combinada de más de 4 mil personas de 30 países.

Pero todas estas tareas contaron con un elemento importante y clave en su éxito; el trabajo de mis estudiantes de Ciencias de la Educación. Sin ellos es imposible la creación de estos cursos y en especial los dos últimos Moocs.

Pero como somos inquietos en el empleo de la tecnología educativa, debíamos encontrar otras formas de emplear las redes y facilitar la superación a estudiantes y profesores. Por ello decimos crear un WOOC.

El significado de WOOC tiene que ver con la red a emplear, en este caso Whatsapp que es de las redes que más rápido crecimiento tiene en el último año y que prácticamente está presente en casi todos los Smartphone. Por ello WOOC significa Whatsapp Open On line Course. Este curso al igual que los anteriores es posible gracias al trabajo de los estudiantes, en especial María Fátima Apaza Zegarra y Javier Orozco Aldana, quien propuso el término WOOC.     

Metodología de trabajo en el WOOC.

Como señalé anteriormente lo importante de este tipo de trabajo es la metodología creada para su desarrollo. Como en las anteriores oportunidades partimos del Diseño instruccional del curso, para luego organizar todas sus tareas.

Este primer WOOC tiene como objetivo analizar la utilidad de Google Drive como soporte de los métodos grupales. Está dirigido a los que trabajan con métodos grupales y solo evalúan el resultado final y no todo el proceso.

Uno de los permanentes reclamos de los estudiantes es la forma en que se evalúa el trabajo grupal. Los profesores orientamos la tarea pero pocas veces logramos estar presente en el desarrollo del trabajo grupal. Algunos estudiantes trabajan poco en el grupo y casi siempre obtienen las mismas calificaciones de los que más hicieron.

Primera de las capsulas informativas
En el WOOC explicaremos cómo el empleo de Google Drive permite al profesor seguir el trabajo de los estudiantes, orientarlos en todas las etapas y por ende ser más justos en su calificación. 

Para trabajar en el WOOC se tomó en cuenta las características de Whatsapp en la que se pueden crear grupos con una cantidad limitada, insertar imágenes, video, audio y texto. Por esta razón se están creando varios grupos según la cantidad de matriculados.
 
Como forma de comunicación se emplean “capsulas informativas” que son imágenes trabajadas inicialmente en Power Point y que contienen todos los elementos necesarios para cumplir el objetivo propuesto. En los grupos se enviarán estas imágenes y cada una determinada cantidad de ellas se procederá a la discusión en la Red.

Capsula que explica los objetivos
y la metodología de trabajo


El WOOC es breve, solo 48 horas, inicia el 30 y culmina el 31 de octubre. Los participantes deben contar con acceso a Whatsapp y en especial los deseos de participar. Se sugiere instalar en su dispositivo móvil el complemento de Google Drive, para mejorar el trabajo con el documento que será creado.

Por ello es que cada participante como muestra de su trabajo creará un documento compartido con las especificaciones que se indican en las cápsulas informativas.  

Si está interesado en participar este es el enlace para inscribirse, las plazas son limitadas. 

domingo, 19 de octubre de 2014

Distribuyendo la riqueza



En una Isla bien conocida el Estado revolucionario nacionalizó todos los negocios privados, desde la banca y la industria hasta el productor artesanal de colgadores de ropa. Mario el lustrabotas se sintió agradecido, recibiría todos los meses un salario justo, gracias a que la riqueza se distribuía entre todos.

Diego a punto de graduarse de médico, grito de alegría cuando supo que no le debía pagar más la renta mensual a la señora Dora, el mini apartamento que le alquilaba pasó a manos del Estado.  Era una medida necesaria, aquellos que más poseían debían compartirlo con los que menos tenían, para acabar con la desigualdad.

Pasaron los meses y un día de noviembre cuando llegaba un frente frío a la Isla, Mario el lustrabotas dirigió sus pasos a la cafetería de Manuel, también nacionalizada, para tomar el primer café de la mañana. Se sorprendió cuando vio al gallego Manuel con sus brazos sobre el mostrador y la cafetera vacía.

No hay café- dijo Manuel, el camión que debía traerlo no funciona y no hay otro.

Mario prosiguió su camino y se dio cuenta que era la primera vez que Manuel no tenía café. Será otro día se respondió a sí mismo y siguió hacia su empresa estatal de limpieza de calzados.

Allí como de costumbre era el primero en llegar, abría las puertas, se sentaba sobre su sillón de lustrabotas y cuando algún transeúnte ingresaba le decía.

No tenemos betún (pasta para limpiar el calzado) tal vez la próxima semana la Empresa central pueda enviarla.

Así pasaba el tiempo, Mario leía el periódico, alguna vieja revista y se sentía feliz, su salario llegaba siempre puntual y justo.

Meses después la Empresa de limpieza de calzados tuvo que cerrar, los insumos nunca llegaron y Mario, con su salario siempre a tiempo pasó a otro trabajo. Esta vez era administrador de una tienda de venta de calzados. Qué mayor orgullo para un lustrabotas que administrar los recursos del Estado, en la tienda que una vez fue de un señor extranjero. Durante años administró la tienda y como en su anterior empresa, había días que se sentaba a leer el periódico, mientras que los zapatos llegaban cada vez en menor cantidad, hasta que vino el cierre y fue trasladado a otro trabajo.

Su nuevo puesto era diferente, ahora administraba un local nocturno, donde todas las noches cantantes de escasa voz y bailarinas sin ritmo deleitaban a los que escapaban del calor de sus casas o a los que aprovechaban la baja iluminación del local para encontrarse con amores clandestinos.

Mario aprendió que el alcohol podía mezclarse con agua, que la botella de ron duplicaba su valor con solo cambiarla de envase y que a la hora de cobrar podía deslizar varios números de más. Al fin era solo el administrador, el dueño era el Estado. Con los meses y gracias a la riqueza extra, Mario logró reparar el techo de su casa, comprar ropa para sus hijos en el mercado en divisas y hasta soñó con comprar un viejo carro norteamericano.

Pero fue su esposa quien lo detuvo y le dijo que era mejor invertir ese dinero en otra cosa más productiva. Mario tomó la decisión de redoblar sus ganancias, pero para ello debía repartir las riquezas obtenidas. Al portero le dejaba una parte, a los mozos que atendían las mesas le permitía quedarse con la propina y a los inspectores que cada mes pasaban por el establecimiento estatal, siempre les tenía un pequeño regalo.

Con la riqueza de los otros, Mario decidió salir de su Isla, al fin volaría en un avión a otro país. Llevaba en sus bolsillos una buena suma de dinero, más de mil veces su salario estatal. Llegó a un país sudamericano y lo primero que hizo fue alquilar una casa de dos plantas y cuatro dormitorios, comprar un carro norteamericano con aire acondicionado y llamar todas las semanas a su esposa e hijos. 

Después del primer mes disfrutando de sus riquezas, decidió que era hora de buscar un trabajo. Con sus habilidades, pensó que en un bar podía empezar. Gracias a un curso gratuito que recibió del Estado aprendió a preparar los más sofisticados tragos. Sin grandes dificultades encontró su primer trabajo como barman. El salario aunque más alto que lo que recibía del Estado en su Isla, no le alcanzaba para mucho en el nuevo país. Pero eso no le preocupó, sabía ganarse la vida engañando a los demás.

Al cabo de su primera semana le dolían las manos de apretar limones, de destapar botellas y latas de cerveza, de verter hielo y de lavar vasos y ceniceros. No había podido agregar más agua a un trago, tampoco adulterar las botellas como antes hacía y mucho menos apropiarse de un centavo de la caja registradora. El dueño, que era de carne y hueso siempre estaba al tanto de la atención y por supuesto del trabajo de su nuevo barman.

Mario decidió que era hora de actuar y una noche cambió el contenido de una botella de ron y la verdadera se la llevó a su casa. La vendería para empezar de nuevo su ciclo de riqueza.

Fue un día de calor abrasador cuando en un fregadero de autos encontré a Mario. Lo escuché hablar y lo identifiqué por su acento, que no había perdido. Era un hombre de 65 años, fornido, casi calvo, sus manos no lograban sostener el paño con el que secaba los autos. Me contó rápidamente su historia, ahora vivía en el fregadero, en un cuarto de paredes de madera, no pudo regresar a su Isla, pues perdió sus derechos de ciudadano, pero tampoco tenía el dinero necesario para regresar. Su esposa e hijos seguían en la Isla, pero pocas veces hablaba con ellos.

No se sentía feliz, tampoco tenía el salario permanente, pero eso si conservaba un tesoro, la botella de ron que nunca vendió.

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