jueves, 29 de diciembre de 2016

La diatriba de Alvaro Puente

Casi al finalizar el año, fue publicado en el periódico “El Deber” un artículo de Álvaro Puente, titulado "Juicio de responsabilidades". Más que un artículo es una diatriba pública contra la educación superior.

El trabajo está lleno de errores sensacionalistas y pareciera una persona resentida con la universidad, sea pública o privada. Los errores se inician cuando señala que a los estudiantes no se les da ninguna competencia. Cualquier persona que trabaje en serio en la educación conoce que las competencias no se dan, no caen de ninguna parte, no están en nuestros bolsillos. Estas se desarrollan en el estudiante, son complejas, difíciles de medir y dependen de la organización del trabajo del profesor, de los recursos, de los métodos, de las experiencias previas de los estudiantes, del tipo de contenido y otros factores más. Eso lo aprendimos en la universidad y después lo venimos aplicando.  

Otro craso error, es señalar que los bachilleres tienen un retraso de seis años, para esta persona sería necesario que la enseñanza primaria y la de bachiller duren 18 años, tal vez encontremos al director de un colegio que pueda extender la enseñanza por tanto tiempo. Pero el colmo de la diatriba llega cuando ofende a los médicos graduados al decir que estos no comprenden el cuerpo humano. Dónde están esos médicos tan analfabetos, al menos los que conozco que no son pocos no caen en ese grupo.

Es obligado aclarar que en la universidad se enseña ciencia, se hace ciencia y se desarrolla la ciencia y se hace desde cientos de años. No tenemos un premio Nobel, no tenemos variedad de revistas científicas, no escribimos tanto como lo esperado, pero no quita que no investiguemos. Que no podamos investigar como debe ser es algo que en la diatriba se olvida, o tal vez no quiere mencionar. Tenemos una Ley nacional que limita a los profesores universitarios ser tutores de tesis de maestría o doctorado e impartir posgrados, así como también recibir el pago por el tiempo dedicado a la investigación extracurricular, como se hace en todas las universidades de este Planeta. Tal vez esa competencia indagatoria esté fallando.

La universidad no vive en el país de los ciegos, se ilumina con cientos de miles de personas competentes, que comprenden tanto la injuria expresada en dicho trabajo como los beneficios que la universidad aporta para su vida. Pero es increíble leer trabajos que solo ven lo negativo, que solo ven la paja en el ojo ajeno. Es inaudito olvidar la incapacidad malsana de reconocer la virtud de los miles de graduados de nuestras universidades, de las miles de horas dedicadas a su formación.


Por ese camino recomiendo que no se enferme, que no lea, que no respire el mismo aire que los demás, que no pase por debajo de los edificio ni los puentes, tampoco circule por la aceras.  Tampoco aconsejo quedarse en su casa, por aquello que algún avión puede convertirse en un arma mortal. Pero le aconsejo visitar nuestra Universidad, la Gabriel, darse ese baño de energía positiva que a todos le viene bien. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

25 años con la Gabriel


Cada paso anterior deja una huella
que lejos de borrarse se incorpora
a tu saco tan lleno de recuerdos
que cuando menos se imagina afloran.
Pablo Milanés “El tiempo, el implacable, el que pasó

El tiempo pasa más aprisa que nuestros deseos, no tiene compasión alguna, no perdona distancias, es implacable como canta Pablo. Más allá de la magnitud física y su significado en el estudio de esta ciencia el tiempo nos persigue y siempre nos gana. 

Pero ni la categoría científica, o la letra de la canción son las motivadoras de este comentario, es un hecho que marcó una importante etapa en mi vida. Entre el 9 y el 20 de diciembre de 1991 impartí mi primer posgrado en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. en Santa Cruz de la Sierra.

Mi vinculación con Bolivia se inició en 1989 cuando participé del Segundo encuentro Latinoamericano de Video, que agrupó a más de cien videastas de unos 12 países de la región. La reunión se realizó en Cochabamba y desde ese momento establecí contactos con algunas universidades, los que fructificaron en mi primer viaje de carácter profesional en septiembre de 1991. En esa fecha fui inicialmente invitado a impartir una serie de cursos en la Universidad Privada del Valle de Cochabamba. Los temas de aquellos cursos giraron sobre el proceso de selección, diseño y empleo de los medios de enseñanza y sobre la producción de video educativo.

Mi contacto con Santa Cruz, fue casual y tan casual que nada tiene que ver con el campo educacional. En los años 90 en muchos países latinoamericanos existió un profundo movimiento de solidaridad con el pueblo cubano, también presente en Bolivia. En aquel tiempo en cada uno de los nueve departamentos se crearon grupos de solidaridad llamados Instituto cultural de amistad cubano boliviano (ICABC) Entre sus tareas más significativas estaba la de desarrollar conferencias, muestras de películas y otros actos relacionados con el pueblo cubano. 

En Cochabamba en el año 1993.
En ese entorno y gracias a la ayuda de algunos de los miembros del grupo de solidaridad que funcionaba en Cochabamba, se concretó el contrato de trabajo entre UNIVALLE y la Universidad Pedagógica de La Habana, donde trabajaba. Fue la primera vez que un profesional de esta Universidad viajaba a América del Sur en calidad de un contrato de trabajo. En el plano personal fue una experiencia única y trascendental, más cuando hoy Cuba recibe una considerable cifra de ingresos por los servicios profesionales de médicos y profesores, entre otras profesiones. 

Debo agradecer a Katia Gumucio  a Sonia Andrade, fallecida años atrás, Yolanda Sejas  y todo aquel grupo de solidaridad que me abrió durante años sus casas y su amistad.

Esta primera experiencia dejó el camino abierto para que en los siguientes años muchos profesionales cubanos, en especial en el área de la educación trabajaran en casi todas las universidades estatales. De este modo se crearon programas de maestrías y doctorados, aun hoy vigentes que contribuyeron al desarrollo de miles de excelentes profesionales nacionales.

Mi llegada a Santa Cruz.

Como señalé gracias al movimiento de solidaridad con Cuba que radicaba en Cochabamba, fue que viajé a esta tierra camba. Lo hice acompañando a la delegación cochabambina al Congreso feminista que se celebraba en esta tierra en una fecha que no recuerdo del mes de octubre o noviembre del 1991. En medio de una de las sesiones del Congreso una de las participantes y profesora de la Universidad me contactó y el resto es la historia que hoy llega a los 25 años de trabajo permanente. En esta Ciudad al igual que en Cochabamba fui recibido por muchos amigos como Rubén Poma, Roger Ortiz y Marie, entre otros muchos otros amigos. 

En aquel entonces recién comenzaba a funcionar la Escuela de Posgrado de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, su fundador, Carlos Guzmán de Córdoba siempre supo confiar en mi trabajo y le estoy profundamente agradecido por más de una década de colaboración. 

Con Isaac Avalos, Enma Bolquer y Tania Terceros en
el balcón de la Escuela de Posgrado en 1993
Quiero agradecer además a varios de los colegas que me ayudaron en mi trabajo docente y que casualmente también se iniciaban en la Universidad. Entre ellos Emma Bolquer  Isaac Antonio Avalos Vásquez,  Victor Henry Andrade Sánchez y Adolfo Solís con los que compartí grandes momentos en nuestras vidas. Tenemos tantas anécdotas de esos años de trabajo, que no alcanza un día para revivirlas.

En aquel primer curso de posgrado trabajé con un grupo excepcional de profesores, varios de ellos colegas de trabajo en mi Facultad de Humanidades. Durante todos estos 25 años tuve el privilegio de contar entre mis alumnos de posgrado a casi la mitad de los profesores de nuestra Universidad. Esto fue posible gracias a la creación del Diplomado en Educación superior, que años después fue obligatorio para todos los profesores. Al Diplomado le siguieron la Maestría y el Doctorado también en Ciencias de la Educación. Estos cursos se expandieron también a las universidades privadas de Santa Cruz, muchas de las cuales replicaron los programas de posgrado de la Gabriel. 

Quiero por último expresar públicamente mi agradecimiento a todas las personas que durante 25 años confiaron en mi trabajo. Con un número tan alto de amigos, mi agradecimiento es infinito.
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