Algunos colegas me comentaron por que no empleé el término tradicional para llamar a la didáctica organizativa. En educación lo tradicional se asocia a lo poco útil, a lo que no se debe emplear. A diario escuchamos voces refiriéndose a métodos y medios tradicionales, pero tratados con un enfoque que va a más a su sustitución y no a rescatar lo mejor de cada uno de ellos. Métodos como el oral, la elaboración conjunta, el trabajo independiente, pueden cambiar de nombre pero su base es la misma y en ningún momento son tradicionales. Son métodos que se renuevan cada día en su relación con los medios modernos.
El estudiante se inserta dentro de la dinámica
social que existe tanto en su país como en la institución escolar. No es ajeno
a la problemática de la sociedad, muchas de las cuales el conocimiento y la
investigación no son tareas prioritarias. Vive dentro de organizaciones
estudiantiles que ponen primero los intereses personales de sus dirigentes por
encima de los colectivos por el que fueron electos. ¿Aceptamos esto como una
pandemia permanente, nos sumamos al no se puede cambiar? Al menos a mi me cuesta trabajo aceptarlo.
Repetir las consignas del aprendizaje significativo no ha sido hasta hoy de utilidad, repetir que el estudiante es el centro del aprendizaje, tampoco nos ayudó en mejorar la eficacia del proceso pedagógico. No nos ayudó por que los profesores no cambiamos y no cambiamos a los estudiantes.
La didáctica colaborativa
centra su objeto de estudio en la colaboración y parte de modificar el trabajo de profesores y estudiantes, dando el
mayor peso a la colaboración
El profesor asume la tarea de organizador del aprendizaje del estudiante. No se convierte en un facilitador como en muchas ocasiones encontramos en la literatura. La tarea del docente es compleja, debe desarrollar nuevas habilidades como las de trabajo cooperado, no solo con los estudiantes, sino con los restantes profesores. Otra de las habilidades necesarias es la relacionadas con el proceso de selección, diseño-elaboración, empleo-evaluación de los medios o recursos que utiliza en sus clases y los que pueden emplear sus estudiantes. No se trata de pedir al estudiante que busque la información, lo que se ha convertido en un error muy repetido y que tergiversa el aprendizaje significativo. Se debe contar con una selección previa y a partir de esta el estudiante ampliará en función a sus necesidades, intereses y en especial las próximas tareas de clases.
Aquí intervienen las
habilidades relacionadas con los medios y recursos. Debemos superar la creencia
de entregar una fotocopia donde se recopilan artículos de otras personas,
muchas veces sin índice, sin comentarios, con tipografía diferentes, en
formatos variados, que no alientan la lectura y pocas veces empleados
en el aula. Ese procedimiento debemos cambiarlo, aligerar esos textos,
seleccionar lo verdaderamente necesario y estimular al estudiante a buscar lo
que es útil para ese momento.
Otra de las tareas del
profesor es la organización del trabajo grupal, pero con el empleo de los
recursos digitales. Debemos suprimir la estructuración de este trabajo donde
los estudiantes se hacen responsables de exponer uno de los temas de la
asignatura, práctica frecuente y apoyada en la supuesta “pasividad” del
estudiante. Los temas para el trabajo grupal deben estar concebidos para
aplicar los contenidos en situaciones específicas de su entorno, de su institución
e incluso de su hogar. Los grupos pueden formarse bajo la concepción de las
inteligencias múltiples y tomar en cuenta los estilos de aprendizaje. Es tarea
del profesor colaborar en el trabajo de cada equipo y para ello una herramienta
de gran utilidad es Google Drive, donde cada grupo crea un documento que
comparte con el docente y este tiene la responsabilidad de seguir de cerca el
trabajo grupal.
Las responsabilidades del
profesor parten del dominio de sus habilidades de enseñanza y se centran en su
tarea básica de organizador del aprendizaje.












