martes, 3 de marzo de 2026

De la alfabetización digital a la alfabetización algorítmica

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

Amplía el contenido del artículo con el podcast que escuchas aquí.

En el actual ecosistema digital, marcado por la presencia de sistemas de inteligencia artificial en tareas cotidianas, académicas y profesionales, emerge una necesidad fundamental: aprender a comunicarnos eficazmente con estos sistemas. Esta competencia, que podríamos denominar comunicación algorítmica, no se reduce únicamente al conocimiento técnico, sino que implica una comprensión profunda de cómo la IA interpreta el lenguaje humano, procesa información y genera respuestas.

A diferencia de los diálogos entre personas, la interacción con modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini, Perplexity o Claude requiere una formulación intencionada del lenguaje. Es decir, no se trata solamente de preguntar, sino de saber cómo preguntar. Esta capacidad está directamente relacionada con la estructura del prompt (instrucción), su claridad semántica, la precisión en los términos, la organización lógica de ideas y la anticipación del contexto requerido para una respuesta pertinente.

Hablar con algoritmos implica, por tanto, dominar una nueva gramática funcional. Esto conlleva:

  • Definir objetivos concretos antes de iniciar el diálogo con la IA.
  • Establecer parámetros contextuales que orienten la generación de respuestas.
  • Utilizar un lenguaje estructurado, evitando ambigüedades, términos vagos o instrucciones contradictorias.
  • Iterar y refinar las preguntas o comandos con base en los resultados obtenidos, desarrollando así un pensamiento metacomunicativo.

Este proceso de interacción no es neutral ni automático, está mediado por el diseño del algoritmo, sus sesgos incorporados y las bases de datos sobre las que ha sido entrenado. De ahí que aprender a “hablar con algoritmos” no solo implique una alfabetización funcional, sino también una alfabetización crítica, capaz de cuestionar, evaluar y decidir cuándo y cómo utilizar estas tecnologías de manera ética y responsable.

Desde una perspectiva educativa, esta competencia debe ser integrada como parte de la formación en alfabetización digital avanzada, con especial énfasis en:

  • La formulación de instrucciones para asistentes virtuales.
  • La creación de prompts para procesos creativos, investigativos o evaluativos.
  • La reflexión sobre los límites y alcances del lenguaje artificial.

En definitiva, la comunicación efectiva con la inteligencia artificial requiere que los seres humanos desarrollen una nueva habilidad lingüística y cognitiva: aprender a conversar con una entidad no humana que responde a estructuras algorítmicas. Esta capacidad no solo es instrumental, sino estratégica y formativa, en tanto que condiciona el tipo de información que obtenemos, los aprendizajes que generamos y las decisiones que tomamos en un entorno cada vez más mediado por tecnologías inteligentes.

Competencia cognitiva

La competencia lingüística y cognitiva  implica comprender cómo construir mensajes que sean significativos para una entidad no humana. Esta competencia se aprende y se entrena, y debe formar parte de los nuevos modelos de alfabetización algorítmica y digital.

Desde una perspectiva lingüística, esta habilidad implica:

  • Claridad semántica: elegir palabras que no generen ambigüedad.
  • Coherencia discursiva: estructurar el mensaje en pasos o bloques lógicos.
  • Adecuación comunicativa: adaptar el nivel de complejidad del lenguaje según el propósito (por ejemplo, dar una orden, pedir un resumen, solicitar ideas creativas).
  • Capacidad de reformulación: reescribir un prompt para obtener una respuesta diferente o más precisa.

Desde la dimensión cognitiva, esta habilidad requiere:

  • Pensamiento anticipatorio: prever cómo la IA interpretará la información proporcionada.
  • Metacognición: reflexionar sobre la calidad de la propia instrucción y ajustar el enfoque.
  • Pensamiento lógico y deductivo: construir argumentos o preguntas que guíen la respuesta de la IA hacia un resultado esperado.
  • Flexibilidad cognitiva: adaptar el discurso ante respuestas no satisfactorias, explorando distintas vías de formulación.

Estos procesos pueden integrarse en el entorno educativo y profesional mediante estrategias como:

  • Talleres de diseño de prompts (prompt crafting), en los que se practique la formulación de instrucciones con diferentes objetivos (explicativos, creativos, analíticos, evaluativos).
  • Análisis reflexivo de interacciones con IA, donde los estudiantes comparen diferentes resultados generados según variaciones en el lenguaje utilizado.
  • Uso de rúbricas de calidad de prompts, que permitan autoevaluar criterios como claridad, coherencia, especificidad y efectividad.
  • Aprendizaje basado en problemas con IA, donde se resuelvan situaciones reales dialogando con la IA y evaluando sus aportes.

Desarrollar esta habilidad implica reconocer que la IA no "entiende" como un ser humano, sino que responde estadísticamente a patrones de lenguaje. Por ello, el usuario humano debe asumir un rol activo, estratégico y reflexivo en el proceso comunicativo. Aprender a conversar con una IA no es un acto espontáneo, sino una forma emergente de alfabetización que combina lenguaje, lógica, ética y tecnología.

Patrones de IA

Los patrones en la inteligencia artificial son estructuras recurrentes de datos, comportamientos o relaciones que los algoritmos aprenden al analizar grandes volúmenes de información. En el caso de los modelos de lenguaje, como los basados en arquitecturas de tipo transformer (por ejemplo, GPT), estos patrones se refieren a la forma en que las palabras, frases, ideas y secuencias de pensamiento aparecen con cierta regularidad en los textos que fueron utilizados durante su entrenamiento.

Cuando se dice que una IA "aprende", en realidad lo que hace es identificar patrones estadísticos: relaciones de probabilidad entre elementos lingüísticos. Por ejemplo, si en millones de textos la palabra "educación" suele aparecer junto a términos como "aprendizaje", "docente" o "escuela", el modelo aprende que esas palabras están relacionadas y puede anticipar su aparición en contextos similares.

Estos patrones permiten que la IA:

  • Prediga la siguiente palabra en una secuencia.
  • Genere textos coherentes y con sentido aparente.
  • Responda a instrucciones (prompts) con base en ejemplos similares que ha "visto" durante su entrenamiento.
  • Simule diálogos humanos al seguir estructuras lingüísticas previamente aprendidas.

Sin embargo, es importante aclarar que estos patrones no reflejan comprensión o conciencia. La IA no entiende los conceptos como lo haría un ser humano; simplemente reconoce configuraciones frecuentes de palabras y genera respuestas que se ajustan estadísticamente a esas configuraciones.

Por esta razón, la calidad del resultado depende directamente del diseño del mensaje que el humano proporciona: si el prompt está bien formulado, con contexto claro y objetivos definidos, el modelo podrá activar patrones relevantes y generar una respuesta más útil. De ahí la importancia de aprender a comunicarse con la IA como una forma de orquestar el patrón correcto

Patrones concretos

Cuando hablamos de orquestar el patrón correcto, nos referimos a la capacidad del usuario humano de activar en la inteligencia artificial una secuencia específica de respuestas o asociaciones mediante el diseño preciso del lenguaje utilizado. Es decir, el usuario construye su mensaje —el prompt— de tal manera que "dirige" el comportamiento del modelo hacia un tipo deseado de salida o resultado, como un director de orquesta que guía a los músicos para que interpreten una pieza específica.

Esta metáfora resulta útil porque:

  • La IA no entiende como un ser humano, pero responde a patrones estadísticos de lenguaje.
  • Al formular una instrucción adecuada, el usuario está eligiendo qué conjunto de patrones (entre millones posibles) quiere activar.
  • Por tanto, comunicarse con la IA se convierte en un acto estratégico, no solo lingüístico.

Por ejemplo:

  • Si el prompt es ambiguo (“Háblame del agua”), el modelo puede activar múltiples patrones: composición química, uso en la agricultura, estado del agua potable, etc.
  • Si el prompt está cuidadosamente orquestado (“Redacta una explicación breve sobre el ciclo del agua para estudiantes de secundaria”), entonces el patrón activado será más específico, relevante y útil.

Orquestar el patrón correcto implica:

  • Conocer las posibilidades y limitaciones del modelo.
  • Saber formular preguntas y comandos con claridad, contexto y dirección.
  • Desarrollar una competencia comunicativa que combina pensamiento lógico, comprensión del lenguaje y habilidades de anticipación.

En este sentido, aprender a “orquestar patrones” en la IA se convierte en una habilidad cognitiva avanzada, muy relacionada con la alfabetización algorítmica. Ya no basta con saber usar la tecnología: ahora se requiere saber cómo guiar su comportamiento mediante el lenguaje.

Algunas sugerencias

Una de las habilidades clave dentro de la alfabetización algorítmica es la capacidad de dirigir el comportamiento de los modelos de lenguaje artificial a través del uso intencionado del lenguaje humano. Para lograrlo, no basta con emitir comandos básicos; se requiere aplicar estrategias comunicativas que permitan activar patrones específicos de respuesta en la IA.

Guiar el comportamiento de la IA mediante el lenguaje requiere una mezcla de precisión lingüística, intención comunicativa y pensamiento estratégico. Estas estrategias pueden ser enseñadas y practicadas como parte de una nueva alfabetización comunicativa en la era de la inteligencia artificial, fortaleciendo el rol activo del ser humano frente a sistemas complejos de procesamiento del lenguaje natural por ejemplo:

Precisión lingüística es la capacidad de usar el lenguaje de forma correcta, clara y adecuada en vocabulario, gramática, sintaxis y estilo.

¿Cómo se desarrolla?

  • Lectura constante de textos bien escritos (académicos, literarios, periodísticos).
  •  Reescritura y edición de tus propios textos, enfocándote en eliminar ambigüedades y errores.
  • Uso de diccionarios y tesauros para enriquecer vocabulario y evitar repeticiones.
  • Ejercicios de gramática avanzada y redacción académica, especialmente en los tiempos verbales, conectores, concordancia y puntuación.

Intención comunicativa es la capacidad de definir con claridad qué quieres lograr al comunicarte: informar, persuadir, argumentar, describir, emocionar, etc.

¿Cómo se desarrolla?

  • Antes de escribir o hablar, pregúntate: “¿Qué quiero que el otro entienda, sienta o haga?”
  • Practica la adaptación del discurso según el público y el canal (no es lo mismo una ponencia que un mensaje en WhatsApp).
  • Identifica actos de habla (afirmar, preguntar, negar, prometer, advertir, invitar) y úsalos con intención.
  •  Analiza textos ajenos, reconociendo qué recursos usa el autor para lograr su propósito (argumentos, metáforas, ejemplos, etc.).

 Pensamiento estratégico es la habilidad de planificar el discurso (oral o escrito) de forma estructurada, anticipando reacciones, contraargumentos, y efectos en el receptor.

¿Cómo se desarrolla?

  • Planifica antes de escribir o hablar: organiza ideas principales, secundarias y evidencias.
  • Usa organizadores gráficos (mapas, esquemas, matrices) para estructurar ideas y visualizar relaciones.
  • Simula escenarios comunicativos: ¿qué pasaría si el interlocutor no está de acuerdo?, ¿cómo rebatirías?
  • Ejercicios de metacognición: reflexiona sobre tu proceso comunicativo, identifica aciertos y errores.

Actividades que combinen las tres habilidades.

Actividad

¿Qué desarrolla?

Debate académico

Precisión en el uso del lenguaje, intención argumentativa, estrategia discursiva

Escritura de un ensayo con revisión por pares

Precisión lingüística, claridad en la intención, estructura estratégica

Análisis de discursos políticos o publicitarios

Identificación de intención y estrategias, reflexión crítica sobre el uso del lenguaje

Producción de textos multimediales (video, infografía, podcast)

Claridad lingüística, intencionalidad definida, estrategia comunicativa multicanal

 

La clave en la formación de la alfabetización algorítmica es eliminar el mito que el estudiante va a dejar de pensar, leer o comprender  textos. Hoy se transforma el modo en que accedemos, procesamos y producimos información. Por esta razón debemos ayudar a los estudiantes a producir pensamiento propio a partir de la interacción con los asistentes inteligentes o de toma de decisión. Hay que tener en cuenta estos agentes conversacionales evolucionan a un ritmo sin precedentes, ampliando sus capacidades lingüísticas, adaptativas y predictivas.

En resumen el éxito en el empleo de la IA solo está en nosotros, en la manera en que conversemos con los algoritmos.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

Evaluando el CUP 2026

En un artículo previo en este blog analizamos las respuestas al segundo examen del CUP 2026, organizado por la Facultad de Humanidades de la UAGRM. En ese análisis se observó un incremento de la media de aciertos desde 22,5 % en el primer examen hasta 25,8 % en el segundo, lo que se tradujo en un aumento de aprobados.

Este artículo analiza los resultados de una encuesta aplicada a los aspirantes antes de rendir el último examen. El cuestionario indaga por asistencia a clases virtuales, tipo de dispositivo de acceso, disponibilidad de computadora para actividades cotidianas, tiempo dedicado a la preparación, acceso al aula virtual para lectura de contenidos y valoración global del CUP. Al final se reportan asociaciones entre variables categóricas mediante Chi cuadrado y V de Cramer.

La encuesta fue respondida por más de la mitad de los participantes. La convocatoria se realizó a través de los grupos de WhatsApp correspondientes y la aplicación fue por grupos, con el propósito de recoger valoraciones sobre docentes y organización. Para el resto de las preguntas, las diferencias entre grupos fueron pequeñas, por lo que se presenta el análisis agregado.

Una de las preguntas indagó por la asistencia a las clases virtuales. Las clases se desarrollaron de lunes a viernes en dos bloques: 07:00 a 13:40 y 16:00 a 22:40, por lo que cada día dedicaban 6 horas y 40 minutos de clases. Los docentes trabajaron cuatro materias por jornada. La transmisión se realizó en Google Meet y las grabaciones se alojaron en canales de YouTube creados para esta tarea.

Tabla 1: Asistencia a clases virtuales. Fuente: elaboración propia

El 50 % de los estudiantes reporta participar todos los días en las clases virtuales, y alrededor del 40 %, casi todos los días. El patrón sugiere una asistencia elevada pese a la carga horaria diaria establecida por el reglamento del CUP aprobado en la UAGRM.

Dispositivos que emplean

En este campo realizamos dos preguntas, la primera de ellas relacionada con el equipo que emplean frecuentemente para acceder a las clases virtuales y la otra si tienen computadoras para sus actividades diarias.


Tabla 2: Dispositivo de acceso a clases virtuales. Fuente: elaboración propia

El 75 % lo hace desde un celular, el 22,2 % desde una computadora y el resto desde una tableta. Este perfil de acceso sugiere ajustar el diseño de presentaciones y actividades para pantallas móviles y priorizar estrategias de interacción en línea (preguntas guiadas, microactividades y apoyo de herramientas de IA para ejercicios de práctica).

La anterior pregunta se relaciona con la siguiente al indagar por si tiene computadora para sus actividades diarias.

 


Tabla 3: Disponibilidad de computadoras para actividades cotidianas. Fuente: elaboración propia

El 60 % indica no disponer de una computadora propia para sus actividades, lo que reafirma los datos de la anterior respuesta. Aunque muchas tareas pueden resolverse desde el celular, la computadora sigue siendo relevante para lectura extensa, producción de documentos y gestión de recursos. Este dato debe considerarse en el diseño de materiales y evaluaciones, especialmente en los primeros semestres.

Tiempo dedicado a prepararse para el examen final y el acceso al aula virtual.

En esta pregunta debo confesar que me sorprendieron las respuestas. El 35 % respondió que algunas, el 27 % cuando puedo, el 7 % entre poco o muy poco y el 31 % indicó que muchas horas. Es de esperar que se le dedique la mayor cantidad de horas al estudio para el examen.

Tabla 4: Tiempo dedicado a la preparación para el examen final: Fuente: elaboración propia.

En el primer artículo sobre el CUP se indicó que las aulas virtuales se desarrollaron bajo el modelo instruccional ADDIE. Antes del primer examen notamos que los accesos a estas aulas eran bajos, apenas un 46%. De inmediato creamos un grupo de actividades de autoevaluación, con preguntas extraídas de los textos, con el empleo de inteligencia artificial y posteriormente revisadas una por una. Por cada unidad se incluyeron entre 15 y 20 preguntas, con el objetivo de incentivar la lectura en el aula virtual y la práctica previa al examen.

Tabla 5: Acceso al aula virtual antes y después de la intervención de autoevaluaciones. Fuente: elaboración propia.

La tabla muestra la diferencia entre el acceso inicial a las aulas y el acceso registrado antes del segundo examen: pasó de 46 % a 92 %, lo que equivale a duplicar el nivel de acceso. El patrón es compatible con que las autoevaluaciones hayan contribuido a incrementar la consulta del aula virtual, considerando también que los textos no se distribuyeron fuera de la plataforma. En coherencia con ello, el 92 % señaló que accedió a los contenidos en el aula virtual; el resto indicó que los obtuvo fuera de la universidad o mediante amistades, por lo que se corre el riesgo de no acceder a los contenidos oficiales.

Valoración general del CUP

Otra de las preguntas solicitaba una evaluación del CUP considerando aspectos como las clases virtuales, los contenidos de cada asignatura, el desempeño del profesorado, la organización en las aulas y los cuestionarios de autoevaluación. La tabla muestra los resultados obtenidos.

Tabla 6: Valoración global del CUP 2026. Fuente: elaboración propia.

Entre excelente y bueno se concentra el 76 % de las respuestas, mientras que un 21 % lo evalúa de regular y el 3,0 % como deficiente. Este resultado es coherente con decisiones operativas tomadas durante el proceso (selección de docentes, diseño instruccional, implementación de las aulas virtuales y administración de los exámenes, y con el trabajo sostenido del equipo docente y organizador.

Como cierre, se incluyó una pregunta abierta para recoger sugerencias para un próximo CUP. El 43 % solicitó que las clases sean presenciales; el 24 % propuso mejorar los exámenes; el 16 % pidió una mejor organización de las aulas virtuales; y el 13 % consideró adecuado mantener el esquema actual.

Análisis a profundidad

Se aplicó la prueba Chi cuadrado de independencia para evaluar asociación entre variables categóricas del cuestionario. Se reporta el estadístico mediante su significación (p-valor). Como el p-valor puede resultar pequeño con tamaños muestrales grandes incluso cuando la relación es débil, el análisis se complementó con V de Cramer, que cuantifica la intensidad de la asociación en una escala de 0 a 1. En este informe se interpretó V cercano a 0 como asociación muy débil; 0,10 a 0,30 como baja; 0,30 a 0,50 como moderada; y mayor a 0,50 como alta. Los umbrales se usan como guía orientativa.

Hallazgo 1. Horas de preparación y evaluación del CUP

Cruce: ¿Cuántas horas estás dedicando a prepararte por el último examen? vs Evaluación del CUP. En este caso n = 571, V = 0,186, p = 0,000000028. Asociación baja, consistente. (n es la cantidad de encuestados)

Patrón (porcentaje por fila):

  • Muchas: Excelente 37,2 %, Bueno 42,8 %, Regular 18,3 %, Deficiente 1,7 %.
  • Algunas: Excelente 14,5 %, Bueno 64,0 %, Regular 18,5 %, Deficiente 3,0 %.
  • Muy poco: Regular 53,3 %, Excelente 6,7 %, Bueno 40,0 %, Deficiente 0,0 %.

En el análisis se demostró que una mayor dedicación se asocia con mayor proporción de Excelente; baja dedicación se asocia con más Regular. En otras palabras, aquellos que respondieron regular son los que dedican menos tiempo de preparación.

Hallazgo 2. Asistencia y respuesta de autoevaluaciones

Cruce: Asistencia a clases virtuales vs. respuesta de exámenes de autoevaluación.
n = 571, V = 0,187, p = 0,000483. Asociación baja, consistente.

Patrón (porcentaje por fila, “Sí” en autoevaluaciones):

  • Todos los días: Sí 92,2 %.
  • Casi todos los días: Sí 86,6 %.
  • Muy poco: Sí 66,7 % (No 33,3 %).

Los datos demuestran que la participación sostenida en clases se vincula con mayor cumplimiento de autoevaluaciones.

Hallazgo 3. Asistencia y evaluación global del CUP

Cruce: Asistencia a clases virtuales vs. evaluación del CUP.
n = 571, V = 0,151, p = 0,000107. Asociación baja, estadísticamente sólida.

Patrón (porcentaje por fila):

  • Todos los días: Excelente 26,3 %, Regular 18,1 %, Deficiente 1,7 %.
  • Casi todos los días: Excelente 19,0 %, Regular 19,4 %, Deficiente 2,8 %.
  • Nunca: Regular 60,0 %, Excelente 0,0 %.

En resumen, más asistencia se asocia con mayor Excelente; menor asistencia concentra más Regular. De nuevo queda demostrado que las respuestas de regular obedecen a los que menos asistencia reportaron, así como menos cumplimiento de las autoevaluaciones.

Hallazgo 4. Acceso a aulas virtuales para leer y evaluación del CUP

Cruce: Accediste a las aulas virtuales para leer contenidos vs. evaluación del CUP.
n = 571, V = 0,106, p = 0,0466. Asociación débil, pero significativa.

Patrón (porcentaje por fila):

  • : Deficiente 2,3 %, Regular 20,7 %, Excelente 21,6 %, Bueno 55,4 %.
  • No: Deficiente 10,7 %, Regular 28,6 %, Excelente 25,0 %, Bueno 35,7 %.

El cruce de datos demuestra que el no acceder el aula para la lectura de los contenidos se asocia con una evaluación deficiente del CUP,

Conclusiones

Los cuatro cruces analizados muestran asociaciones de intensidad baja o muy baja. En términos prácticos, quienes reportan menor asistencia, menos tiempo de preparación y menor acceso al aula virtual tienden a evaluar el CUP como “regular” con mayor frecuencia. Los resultados sugieren reforzar estrategias de acompañamiento académico que incrementen tiempo de estudio y participación sostenida, y mantener mecanismos de práctica como las autoevaluaciones, por su posible contribución al uso del aula virtual.

También se recomienda diseñar intervenciones para sostener la asistencia, dado su vínculo con el cumplimiento de autoevaluaciones y con una mejor valoración del CUP (Hallazgos 2 y 3).