martes, 9 de junio de 2026

Los discursos persuasivos frente a la aitoxicación

 

La pantalla cambia cada pocos segundos. Un titular asegura que una bebida “activa el cerebro”; otro video afirma que aprender un idioma ya no es necesario porque la inteligencia artificial puede traducirlo todo en tiempo real. Un creador digital explica con absoluta seguridad un tema científico sin mostrar evidencia verificable, mientras una inteligencia artificial redacta textos aparentemente académicos aunque muchas veces resulte difícil identificar el origen real de las ideas que contiene.

Entre imágenes veloces, frases emocionales, música estimulante y respuestas automatizadas, comienza a surgir una sensación inquietante: cada vez resulta más difícil distinguir entre información, persuasión y simulación de conocimiento.

En este contexto, los textos persuasivos han adquirido una presencia dominante dentro de los medios electrónicos contemporáneos. Un texto persuasivo es aquel cuyo propósito principal no consiste únicamente en informar, sino en influir sobre pensamientos, emociones, decisiones o comportamientos del receptor. Su intención es provocar una reacción: consumir, compartir, creer, apoyar, rechazar o actuar frente a determinada idea.

Para lograrlo, estos discursos utilizan mecanismos específicos como apelaciones emocionales, simplificación extrema, lenguaje de urgencia, repetición constante, validación aparente y estímulos audiovisuales diseñados para captar atención rápidamente (Perelman & Olbrechts-Tyteca, 1989).

Tradicionalmente, los textos persuasivos podían identificarse con relativa claridad en ámbitos como la publicidad, la propaganda política o los discursos ideológicos. Sin embargo, el desarrollo de los medios electrónicos y las plataformas digitales transformó profundamente sus formas de operación. Actualmente, la persuasión ya no aparece únicamente en anuncios visibles; se encuentra integrada en redes sociales, videos cortos, titulares digitales, recomendaciones algorítmicas, narrativas virales e incluso contenidos generados mediante inteligencia artificial.

Diversos estudios sobre plataformas digitales y economía de la atención sostienen que los algoritmos priorizan contenidos capaces de generar interacción inmediata mediante emociones intensas como sorpresa, miedo, indignación o identificación afectiva. En consecuencia, muchos usuarios dejan de consumir información para comprender y comienzan a hacerlo principalmente para reaccionar. En este escenario, la velocidad de circulación de los mensajes suele imponerse sobre la profundidad del análisis crítico.

Este fenómeno resulta especialmente preocupante en contextos educativos, donde los estudiantes interactúan diariamente con grandes volúmenes de contenido breve, visual y emocionalmente intenso. Algunos estudios recientes advierten que la sobreexposición a contenidos rápidos y fragmentados puede dificultar procesos de lectura profunda, contraste de fuentes y construcción de pensamiento crítico (Gallent-Torres, Zapata-González & Ortego-Hernando, 2023).

La inteligencia artificial ha intensificado todavía más este escenario. Actualmente, los sistemas generativos pueden producir textos coherentes, argumentos estructurados y respuestas aparentemente rigurosas en cuestión de segundos. Sin embargo, la coherencia lingüística no garantiza comprensión epistemológica ni veracidad científica. La IA no comprende el conocimiento que reproduce; reorganiza patrones lingüísticos a partir de grandes volúmenes de datos (UNESCO, 2023). A pesar de ello, muchos usuarios interpretan la fluidez discursiva como sinónimo de autoridad intelectual.

Este fenómeno ha comenzado a generar nuevas formas de dependencia informativa. La infoxicación, concepto desarrollado por Cornella (2000), hace referencia a la saturación de información que dificulta el análisis, la comprensión y la toma de decisiones. En una reciente obra propusimos que la aitoxicación, es la saturación cognitiva, emocional, pedagógica y cultural producida por la sobreexposición a información, herramientas y respuestas generadas o mediadas por inteligencia artificial, que debilita la duda, reduce el juicio crítico y favorece la delegación progresiva del pensamiento.(Bravo, Carlos, Sánchez Mercedes, 2026)

Los discursos persuasivos operan con enorme eficacia dentro de este entorno saturado. Muchas veces no buscan promover comprensión profunda, sino mantener atención constante. La combinación entre algoritmos de recomendación, inteligencia artificial y producción masiva de contenidos emocionales favorece la construcción de ecosistemas digitales donde la manipulación discursiva puede pasar desapercibida.

Por ello, aprender a leer y escribir en la era de la inteligencia artificial implica desarrollar nuevas competencias críticas. Leer ya no significa únicamente comprender palabras, sino también evaluar intenciones, verificar fuentes, reconocer sesgos y distinguir entre información fundamentada y persuasión emocional.

Asimismo, escribir académicamente exige más que producir textos formalmente correctos. Implica elaborar pensamiento propio, construir argumentos sustentados y utilizar las herramientas tecnológicas de manera ética y transparente. La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta de apoyo útil para organizar ideas, sintetizar información o corregir aspectos formales; sin embargo, cuando sustituye completamente la reflexión intelectual del autor, existe el riesgo de empobrecer el aprendizaje y debilitar la autonomía crítica.

Nicholas Carr (2010) advierte que las tecnologías digitales no solo modifican nuestras formas de acceder a la información, sino también nuestros hábitos de atención y procesamiento cognitivo. Del mismo modo, Postman (1994) señala que los medios tecnológicos transforman la manera en que las sociedades interpretan la realidad. Estas reflexiones permiten comprender que el problema actual no radica únicamente en la existencia de inteligencia artificial, sino en la forma acrítica en que muchas veces se consume y reproduce la información.

Frente a este panorama, la educación enfrenta un desafío central: formar ciudadanos capaces de pensar críticamente dentro de entornos digitales cada vez más automatizados y persuasivos. Esto implica fortalecer la alfabetización mediática, la ética del uso tecnológico y la capacidad de cuestionar discursos aparentemente legítimos.

La aitoxicación representa riesgos reales para la formación intelectual contemporánea. En una época donde producir información resulta cada vez más fácil, el verdadero desafío consiste en desarrollar la capacidad de interpretarla críticamente, contextualizarla y utilizarla con responsabilidad.

Referencias

Bravo C, Sánchez M (2026) La nueva Aitoxicación del conocimiento. https://acortar.link/aitoxicacion

Carr, N. (2010). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.

Cornella, A. (2000). Cómo sobrevivir a la infoxicación. Infonomia.

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2). https://doi.org/10.30827/relieve.v29i2.29134

Perelman, C., & Olbrechts-Tyteca, L. (1989). Tratado de la argumentación: La nueva retórica. Gredos.

Postman, N. (1994). Tecnópolis: La rendición de la cultura a la tecnología. Círculo de Lectores.

UNESCO. (2023). Orientaciones para el uso de la inteligencia artificial generativa en educación e investigación. UNESCO Publishing.

 

viernes, 5 de junio de 2026

La nueva aitoxicación del conocimiento

Nadie se dio cuenta de cuándo ocurrió. No hubo un momento preciso ni una señal que lo anunciara. Simplemente, un día empezamos a hacer las cosas más rápido: a comprender sin profundizar, a responder sin detenernos, a confiar en respuestas que aparecían antes de que termináramos de formular la pregunta.

Durante siglos, el diagnóstico fue claro: el problema era la escasez de información. Se asumía que ampliar el acceso al conocimiento permitiría mejorar la comprensión, fortalecer el pensamiento crítico y democratizar el saber. Ese objetivo se logró en buena medida. Hoy la información no solo es abundante, sino ubicua, inmediata y, en muchos casos, anticipatoria.

Sin embargo, en medio de esta expansión se produjo un desplazamiento menos visible, pero más profundo. Dejamos de pensar para buscar y comenzamos a buscar, o incluso a recibir, sin haber pensado antes. Las respuestas empezaron a llegar primero; el pensamiento, si aparece, lo hace después.

La irrupción de la inteligencia artificial marca un punto de inflexión. No se limita a facilitar el acceso a la información. Interviene en los recorridos del pensamiento: acorta búsquedas, organiza respuestas y reduce la fricción que históricamente acompañaba al acto de comprender. En ese contexto, pensar comienza a percibirse como un esfuerzo evitable.

El problema no radica en la tecnología en sí misma, sino en la relación que establecemos con ella. La claridad aparente, la inmediatez y la disponibilidad constante generan una ilusión de comprensión que puede sustituir los procesos de elaboración intelectual. Comprender no es recibir información; implica interrogarla, ponerla a prueba y apropiarse de ella.

A este fenómeno lo denominamos aitoxicación. No se trata únicamente de un exceso de información mediada por inteligencia artificial, sino de una transformación en la forma en que nos vinculamos con el conocimiento. La aitoxicación se manifiesta en la reducción de la duda, en la superficialidad interpretativa y en la delegación progresiva del pensamiento hacia sistemas que operan con rapidez, pero sin criterio humano.

Comprender este fenómeno exige situarlo en una trayectoria más amplia. La sobrecarga informativa no es nueva; ha acompañado a la humanidad desde la oralidad, la escritura y la imprenta hasta la era digital. Sin embargo, la inteligencia artificial introduce una diferencia cualitativa: ya no solo amplifica la información, sino que modifica las condiciones bajo las cuales pensamos con ella. En este desplazamiento, la infoxicación se transforma en aitoxicación, y con ello cambia no solo la cantidad de información disponible, sino la forma en que la procesamos.

Frente a este escenario, la respuesta no puede reducirse al rechazo ni a la desconexión. La inteligencia artificial forma parte del entorno contemporáneo y seguirá expandiéndose. El desafío no consiste en evitarla, sino en aprender a relacionarnos con ella sin perder la capacidad de pensar.

Este libro no busca rechazar ni idealizar la inteligencia artificial. Propone comprender cómo se configura la aitoxicación, cómo impacta en la mente, la docencia y la construcción del conocimiento, y cómo sostener una relación distinta con la tecnología. El libro se divide en cuatro partes y doce capítulos. La primera parte la denominamos el nacimiento de una nueva intoxicación; la segunda trató los síntomas de la aitoxicación; la tercera, la aitoxicación en educación, docencia e investigación, y en la cuarta exponemos el modelo C.A.R.E

Lo invitamos a obtener el libro en formato Kindle en esta dirección