domingo, 5 de julio de 2026

Claude Science y el nuevo reto universitario: investigar con IA sin delegar el pensamiento

  

Hay herramientas que llegan para facilitar una tarea. Otras, en cambio, nos obligan a mirar de nuevo la tarea completa.

Durante los últimos meses hemos visto cómo la inteligencia artificial se ha incorporado a la educación, la escritura académica, el diseño de materiales, la programación y la gestión de información. Sin embargo, en el terreno de la investigación científica persiste una pregunta decisiva: ¿puede una IA ayudar realmente a investigar o solo sirve para redactar mejor lo que ya sabemos?

La presentación de Claude Science por parte de Anthropic abre esta discusión desde una perspectiva más profunda. No se trata únicamente de conversar con un chatbot, pedirle un resumen o solicitarle referencias. La propuesta apunta hacia algo más ambicioso: integrar herramientas, paquetes de análisis, recursos computacionales y productos auditables dentro de un mismo entorno de investigación.

Esto marca una diferencia importante.

Hasta ahora, muchas personas han usado la IA como apoyo para tareas puntuales: buscar información, mejorar redacción, organizar ideas, formular objetivos o explicar conceptos. Estas funciones son valiosas, pero siguen siendo fragmentadas. El investigador consulta una base de datos, descarga artículos, abre un procesador de texto, trabaja una matriz, revisa citas, valida información, genera gráficos y después intenta reconstruir el camino seguido.

Claude Science propone otra lógica: acompañar el proceso de investigación como un flujo más integrado, donde la IA pueda apoyar la revisión de literatura, el análisis de datos, la elaboración de visualizaciones, la generación de artefactos verificables y el acceso flexible a recursos de cómputo.

La palabra clave aquí no es solo “automatización”. Es trazabilidad.

En investigación no basta con obtener una respuesta. Es necesario saber de dónde salió, cómo se construyó, qué datos la sostienen, qué supuestos la orientan y qué límites tiene. Esa diferencia es fundamental: una cosa es usar IA para hacer más rápido; otra, mucho más exigente, es usar IA para pensar mejor.

La investigación científica no puede reducirse a una acumulación de respuestas. Investigar implica formular problemas, delimitar objetos de estudio, contrastar antecedentes, tomar decisiones metodológicas, identificar vacíos de conocimiento, validar evidencia y justificar cada paso. Por eso, una herramienta más potente no es necesariamente la que responde con mayor velocidad, sino la que ayuda a hacer más visible el proceso intelectual.

En ese sentido, Claude Science se suma a otras capacidades recientes de Claude, como la función Research, orientada a explorar información desde distintas fuentes conectadas, y las herramientas de búsqueda web con citas, que buscan ofrecer respuestas sustentadas en fuentes verificables.

Pero el punto más relevante para la educación superior no es tecnológico. Es pedagógico y epistemológico.

Una IA de investigación puede convertirse en una herramienta poderosa si el estudiante aprende a dialogar con ella críticamente. No se trata de pedirle que “haga el marco teórico”, “encuentre artículos” o “redacte la metodología”. El verdadero aprendizaje ocurre cuando el investigador en formación compara resultados, detecta inconsistencias, valida fuentes, reformula preguntas, identifica sesgos y toma decisiones fundamentadas.

Ahí está el cambio.

La IA deja de ser una máquina de respuestas y se convierte en un entorno para ensayar pensamiento científico. Puede sugerir rutas, pero el investigador debe decidir si esas rutas tienen sentido. Puede organizar información, pero el criterio académico sigue siendo humano. Puede generar hipótesis, pero la validación requiere método, evidencia y responsabilidad.

Claude Science también muestra algo que será cada vez más frecuente: la especialización de las herramientas de IA. No todas las IA sirven para lo mismo. Algunas son mejores para búsqueda; otras para escritura; otras para programación; otras para lectura de documentos extensos; otras para trabajo con datos. En este caso, la apuesta está puesta en el trabajo científico, especialmente en áreas como biología, biomedicina, química computacional y bioinformática.

Sin embargo, conviene evitar el entusiasmo ingenuo.

Una herramienta más potente también exige usuarios más críticos. La IA puede alucinar referencias, interpretar mal datos, omitir literatura relevante, reproducir sesgos o presentar con seguridad conclusiones que todavía requieren validación. Por ello, su incorporación en procesos de investigación debe acompañarse de criterios claros: revisión de fuentes primarias, contraste con bases científicas, transparencia en el uso de IA, documentación de prompts, verificación metodológica y declaración ética de su participación en el proceso.

El desafío para las universidades no será prohibir o celebrar estas herramientas. Será enseñar a usarlas con rigor.

En los programas de posgrado, esto implica rediseñar algunas prácticas formativas. Ya no basta con pedir un protocolo de investigación como producto final. Será necesario evaluar el proceso: cómo se formuló el problema, qué fuentes se consultaron, cómo se usó la IA, qué se aceptó, qué se descartó, qué se corrigió y qué decisiones tomó el investigador.

En otras palabras, habrá que valorar no solo el documento terminado, sino la calidad del razonamiento que lo sostiene.

La pregunta de fondo no es si Claude Science hará mejores investigadores. La pregunta es si los investigadores aprenderán a usar herramientas como Claude Science para pensar con mayor profundidad, validar con mayor cuidado y producir conocimiento con mayor responsabilidad.

Porque investigar con IA no significa delegar la inteligencia. Significa ampliar el espacio de trabajo intelectual.

La IA puede ordenar información, sugerir conexiones y acelerar procesos. Pero la pregunta pertinente, la duda metodológica, la mirada ética y la interpretación crítica siguen siendo tareas profundamente humanas. Ahí está el valor de estas nuevas herramientas: no en reemplazar al investigador, sino en obligarlo a ser más claro, más riguroso y más consciente de cómo construye conocimiento.

Claude Science representa, por tanto, algo más que una nueva aplicación. Es una señal de hacia dónde se dirige la investigación asistida por inteligencia artificial: entornos más integrados, más especializados, más auditables y más exigentes.

La herramienta es más potente.

Ahora el reto es formar investigadores capaces de estar a su altura.

Referencias

Anthropic. (2026a, 30 de junio). Claude Science, an AI workbench for scientists, is now available. Anthropic. https://www.anthropic.com/news/claude-science-ai-workbench

Anthropic. (2026b, 16 de marzo). Using Research on Claude. Claude Help Center. https://support.claude.com/en/articles/11088861-use-research-on-claude

Anthropic. (2026c, 29 de abril). Evaluating Claude’s bioinformatics research capabilities with BioMysteryBench. Anthropic.

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2), art. M5.

 

martes, 30 de junio de 2026

Resultados de la PSA III de la Facultad de Humanidades de la UAGRM

Como comentamos en anteriores trabajos en el blog, la PSA, (Prueba de Suficiencia Académica), es en la que los estudiantes deben autoprepararse por sí solos. No se emplean tutores, ni se realizan videoconferencias o reuniones de orientación; es solo el estudiante el que debe estudiar para aprobar la prueba. 

Una de las salas donde se realizó el examen

Para esta tercera versión, se abrieron cupos para las carreras de Educación, Comunicación, Sociología, Psicología, Turismo y Actividad Física. Esta última tiene una ponderación diferente al resto de las carreras. En Actividad Física, los estudiantes rinden un examen físico, dividido en varias áreas y donde se miden sus habilidades físicas para vencer dichas pruebas. A la evaluación que obtienen estas pruebas de suficiencia física se suma la calificación que obtienen en el examen de la PSA. 

Resultados de la tercera PSA 2026

Para esta prueba se matricularon 217 aspirantes, de ellos 103 para Actividad Física y el resto para las restantes carreras. En la PSA II se matricularon 271 estudiantes y en la PSA I un total de 385 bachilleres, lo que hace un total de 873 estudiantes, como muestra la gráfica. 

 

La disminución con respecto a la PSA I, obedece a que los que se presentaron en la PSA II y PSA III son estudiantes que culminaron su bachiller a finales del pasado año o en períodos anteriores. Mientras que los de la PSA I fueron algunos de los que no aprobaron el CUP 2026 o los que no lo pudieron matricular por diferentes razones. 


La gráfica muestra la relación en cantidad de postulantes entre el CUP 2026 y la suma de las tres PSA de este año. Mientras en el CUP 2026 se inscribieron 1442 estudiantes, en las tres PSA la cifra llega a los 873, que representa el 60,5 % respecto al CUP. Es importante señalar que en años anteriores nunca se lograron estas cifras. 

Otro dato que llama la atención es la cantidad de aprobados en cada PSA. El gráfico muestra dicha relación.

 


Las diferencias son pocas: en la PSA I se logró el 73 % de aprobación, en la PSA II el 81% y en la PSA III, se alcanzó un 75 %. No encontramos un indicador que pueda justificar las diferencias porcentuales entre las tres PSA, que son bajas. 

Resultados por materia

Como en los análisis anteriores, volvemos a estudiar las diferencias entre las cuatro materias que se toman en el examen: Biología, Historia, Lenguaje y Psicología. La siguiente tabla muestra las relaciones de aprobación entre las materias examinadas y las PSA I, II y III

 


La mayor diferencia se observa en Biología, donde se descendió un 18 % en relación con el mejor puntaje logrado en la PSA I. Para el resto de las materias, las diferencias son mínimas y no creemos que las causas de las diferencias se deban a los recursos empleados, ya que son los mismos. 

Recursos empleados y opiniones de los participantes.

Como en las dos anteriores PSA, en esta se utilizó un cuaderno de NotebookLM, donde se añadieron los mismos textos de las anteriores PSA y se ejecutaron en esta ocasión tres cuestionarios de autoevaluación, cada uno de 20 preguntas. Para estos cuestionarios se empleó la siguiente instrucción:

Crea un cuestionario de 20 preguntas de opción múltiple sobre la fuente seleccionada; no te refieras a las restantes fuentes. Crea nuevas preguntas, no repitas la de este cuestionario. Para cada pregunta: Escribe una pregunta clara e inequívoca. Proporciona 4 opciones de respuesta (A, B, C, D). Incluye solo una respuesta correcta. Haz que las opciones incorrectas sean creíbles, pero claramente erróneas al analizarlas. Evita las preguntas capciosas. No incluyas opciones como todas las anteriores o ninguna de las anteriores.


Al igual que en las dos PSA anteriores, se utilizaron las mismas preguntas en la encuesta para evaluar el empleo del cuaderno y el nivel de preparación. La encuesta fue comunicada en los grupos de WhatsApp que se organizaron para los aspirantes y fue respondida por el 57 % de los integrantes de estos grupos. A continuación, las respuestas comparadas entre las PSA. Una de las preguntas indagó por el nivel de preparación para el examen; debían seleccionar entre alto, medio y poco. 

 


Con relación al nivel alto, existe una ligera disminución respecto a la PSA II y un pequeño incremento con respecto a la PSA I. En el caso del nivel medio, no se aprecian diferencias significativas entre la PSA II y la PSA III. De igual modo se aprecia en el nivel poco, donde la diferencia entre la PSA III y las restantes es de un 8 punto porcentual. En conclusión, el nivel de preparación se mantiene en medio. 

Al igual que en las anteriores PSA, en esta se volvió a indagar si resolvieron los cuestionarios. La gráfica muestra los resultados. 

 

En la PSA I, el 76 % declaró que los resolvieron; en la PSA II lo hizo el 96 % y en la última respondió afirmativamente el 85 %. Es probable que la disminución de 11 puntos porcentuales entre la PSA II y la PSA III se deba a que en esta última los estudiantes de Actividad Física se preocuparon más por los exámenes físicos que se extendieron por cuatro días consecutivos, restando tiempo a su preparación teórica. El resultado de estos corresponde a 50 puntos del total. De esta manera, si un estudiante lograba el total de los puntos, solo debía responder unas pocas preguntas para alcanzar los 51 puntos necesarios para ingresar. 

Otra de las preguntas se refirió a la utilidad que el empleo de NotebookLM tuvo para su preparación.

En este caso, la relación es entre la PSA II y III, ya que esta pregunta no se realizó en la PSA I. La mayor diferencia se aprecia en el nivel regular. En la PSA II, el 9 % lo evaluó de ese modo, mientras que en la PSA III escaló hasta el 22 %.

Para aclarar las diferencias, se llevó a cabo un análisis entre la respuesta a esta pregunta y la carrera a la que aspira, obteniéndose el siguiente resultado. 


El mayor nivel de preparación se observa en los aspirantes a Ciencias de la educación, mientras que el nivel medio se concentra más en Psicología, Sociología y Actividad física en ese orden, aunque sin diferencias considerables entre las tres carreras. 

La última de las preguntas fue de carácter abierto y no obligatoria, donde se les pedía dejar un comentario relacionado con la PSA y su organización. En sentido general, las respuestas destacaron la utilidad de los recursos, valoraron de positiva la organización y destacaron la necesidad de seguir preparándose más en la universidad. Las respuestas fueron muy similares a las de las dos anteriores PSA. 

Conclusiones

La PSA III fue aprobada por el 75,1 % de los aspirantes, mientras que en la PSA II se alcanzó el 81 % y en la PSA I el 73 %. Como señalamos, las diferencias porcentuales son pocas, lo que demuestra que la estrategia de emplear NotebookLM para la preparación es satisfactoria. Al revisar los resultados alcanzados en las pruebas del 2024 y 2025, el índice de aprobación es muy superior en todos los exámenes de este año. En aquellas ocasiones, el índice de preguntas respondidas estaba por debajo de la mitad, es decir, menos de 20. Mientras que en todas las realizadas este año, dicho valor oscila entre 22 y 25 preguntas correctas de un total de 40. Es necesario aclarar que para aprobar se debe lograr 51 puntos, lo que significa 21 respuestas correctas. 

El resultado superior alcanzado este año se debe principalmente a la utilización de los cuestionarios de autoevaluación en NotebookLM, los que no se empleaban en los años 2024 y 2025. En este caso NotebookLM se revela como un importante organizador del aprendizaje del estudiante. Mantendremos la misma estrategia para una cuarta prueba que será tomada próximamente, pero en la que se espera una matrícula inferior.