En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz
Hace algunos años, el escritor y ensayista Nicholas
Carr advirtió que Internet no solo estaba modificando nuestros hábitos de
consumo de información, sino también la manera en que pensamos. En su obra The
Shallows, Carr sostiene que la exposición constante a estímulos digitales
fragmentados puede afectar la concentración profunda, la memoria y la capacidad
de reflexión sostenida. Su planteamiento generó un intenso debate sobre las
consecuencias cognitivas de la vida digital y sobre el modo en que las
tecnologías transforman nuestras prácticas culturales.
Más de una década después, aquellas preocupaciones
adquieren una nueva relevancia. Las redes sociales contemporáneas funcionan
mediante algoritmos diseñados para maximizar la atención del usuario a través
de contenidos breves, emocionales y de consumo inmediato. En plataformas como
TikTok, Instagram y YouTube predominan videos ultracortos, narrativas
absurdistas, tendencias virales y estímulos visuales que buscan mantener una
interacción constante con la pantalla. Dentro de este ecosistema aparecen
fenómenos aparentemente triviales, como las llamadas “Frutinovelas”:
pequeños relatos audiovisuales protagonizados por frutas antropomorfas que discuten
lloran, rezan o protagonizan escenas exageradas y humorísticas.
De acuerdo al periódico Excelsior, en una nota
publicada el 11 de mayo de este año, estos cortos alcanzaron 300 millones de
vistas y más de 3.3 millones de seguidores en apenas diez días. Aunque este
tipo de contenido puede parecer simplemente entretenimiento pasajero, también
permite reflexionar sobre transformaciones culturales y cognitivas más amplias.
Es un fenómeno nuevo, un artículo del periódico argentino El día publicado el
13 de mayo reconoce que es un fenómeno nuevo, de apenas unas semanas antes de
la publicación.
De acuerdo a Carr estos formatos digitales basados
en la inmediatez y la fragmentación, podrían estar modificando los hábitos de
atención, lectura e interpretación, especialmente en las nuevas generaciones.
El cerebro no solo consume
tecnología: también se adapta a ella
Uno de los conceptos centrales desarrollados por
Carr es el de la plasticidad neuronal, es decir, la capacidad del cerebro
humano para reorganizarse y adaptarse según los hábitos que practicamos de
manera constante. Desde esta perspectiva, las tecnologías no funcionan
únicamente como herramientas externas, sino también como entornos que influyen
en nuestras formas de procesar la información.
Como señala Carr (2011), la navegación permanente
entre enlaces, notificaciones y múltiples estímulos digitales favorece
dinámicas cognitivas caracterizadas por:
- interrupciones
frecuentes,
- cambios
rápidos de foco,
- lectura
superficial,
- y
procesamiento fragmentado de información.
Por profundidad cognitiva puede entenderse la
capacidad de sostener procesos prolongados de atención, análisis e
interpretación crítica. Cuando gran parte de la interacción cotidiana ocurre en
espacios digitales diseñados para evitar pausas reflexivas, dicha profundidad
puede verse desplazada por formas de consumo más rápidas e inmediatas.
Diversos estudios recientes también han advertido
que la expansión de tecnologías digitales y sistemas de inteligencia artificial
plantea desafíos éticos y educativos relacionados con la concentración, la
autonomía intelectual y la relación crítica con el conocimiento.
Sin embargo, esto no significa que Internet
“destruya” automáticamente las capacidades cognitivas. La tecnología también
amplía posibilidades de acceso a la información, aprendizaje y comunicación. El
problema aparece cuando la lógica de la inmediatez se convierte en el modo
dominante de interacción cultural y reduce el espacio para actividades que
requieren mayor elaboración intelectual.
Las “Frutinovelas” y la cultura
del estímulo inmediato
Las llamadas “Frutinovelas” representan un ejemplo
interesante de las nuevas narrativas digitales. Se trata de videos con tiempos
diferentes, desde minutos hasta casi una hora, que combinan humor absurdo,
dramatización exagerada y estímulos emocionales rápidos para captar atención
inmediata. Sus personajes son frutas, como la Banana negra, el Brócoli, la
Calabaza, el Pepino y en algunos intervienen el Jamón y el Tocino. Su
estructura responde de manera eficiente a las dinámicas algorítmicas de
plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, donde el éxito del contenido
depende de retener al usuario durante algunos segundos y favorecer la
continuidad del desplazamiento infinito de pantalla.
Estos formatos suelen caracterizarse por:
- narrativas
extremadamente breves,
- estímulos
visuales simples,
- exageración
emocional,
- repetición,
- y
velocidad de consumo.
No buscan desarrollar argumentos complejos ni
procesos interpretativos profundos.. El lenguaje es el clásico de las
telenovelas, con exageración de sus personajes, lágrimas de gran caudal,
expresiones extremas y diálogos absolutamente superficiales. Su objetivo
principal es generar impacto instantáneo y mantener activa la interacción
digital
Reducir estos fenómenos únicamente a una
“degradación cultural” sería una simplificación. Las “Frutinovelas” también
expresan nuevas formas de creatividad colectiva, humor digital y participación
cultural propias de las generaciones actuales. En muchos casos funcionan como
códigos compartidos dentro de comunidades virtuales y como formas de
experimentación narrativa adaptadas a los lenguajes contemporáneos de Internet.
El problema surge cuando este tipo de consumo deja
de ser ocasional y se convierte en una de las principales formas de relación
cotidiana con la información y el entretenimiento. En contextos educativos,
muchos docentes perciben dificultades crecientes para sostener procesos
prolongados de lectura, escritura y argumentación. Estas observaciones no
implican necesariamente una pérdida absoluta de capacidades intelectuales, pero
sí sugieren cambios en los hábitos de atención y en la manera de aproximarse al
conocimiento.
Es fácil encontrar estas Frutinovelas en las redes
sociales, una búsqueda sencilla en TikTok arrojó más de un decena de cuentas
dedicadas a esta producción, una de ellas acumula 12 millones de me gusta en
menos de dos semanas.
Transformaciones en el lenguaje y
en la interpretación
Otro aspecto relevante de estas dinámicas digitales
es la transformación de la relación con el lenguaje. En numerosos contenidos
virales, las palabras funcionan más como estímulos rápidos o elementos
humorísticos que como herramientas de construcción reflexiva de significado.
Frases mal estructuradas, expresiones fuera de contexto o errores evidentes
circulan masivamente sin generar demasiado cuestionamiento porque el objetivo
principal ya no es interpretar profundamente, sino reaccionar de manera inmediata.
En este escenario, el lenguaje pierde parte de su
densidad simbólica y de su función analítica. La velocidad de consumo favorece
mensajes simplificados, fragmentarios y altamente emocionales. Esto puede
influir en la forma en que muchas personas escriben, argumentan o interpretan
textos complejos.
En el ámbito educativo, estas transformaciones
representan un desafío importante. La lectura extensa exige paciencia,
concentración y capacidad de establecer relaciones entre ideas. Sin embargo,
cuando predominan dinámicas digitales basadas en estímulos rápidos y
recompensas inmediatas, aumenta la dificultad para sostener procesos largos de
interpretación y elaboración crítica.
Algunos estudios sobre ética digital e inteligencia
artificial en educación señalan precisamente la necesidad de fortalecer
competencias relacionadas con el pensamiento crítico, la autoría intelectual y
el uso responsable de las tecnologías.
Educación, tecnología y
pensamiento crítico
El debate sobre estas transformaciones no debería
reducirse a una oposición entre tecnología y educación tradicional. Las
plataformas digitales y la inteligencia artificial ofrecen oportunidades
importantes para democratizar el acceso a la información, diversificar
estrategias de aprendizaje y facilitar nuevas formas de comunicación.
El desafío principal consiste en desarrollar una
relación crítica y equilibrada con estas tecnologías. La integridad intelectual
contemporánea no implica rechazar el entorno digital, sino aprender a
interactuar con él de manera consciente, reflexiva y ética. Diversos autores
coinciden en que el problema no es únicamente el uso de herramientas digitales,
sino la sustitución del pensamiento propio por dinámicas automáticas de consumo
y reproducción de contenidos.
En este contexto, la educación tiene un papel
fundamental. Más que prohibir plataformas o demonizar las redes sociales,
resulta necesario fortalecer habilidades relacionadas con:
- lectura
crítica,
- argumentación,
- análisis
reflexivo,
- verificación
de fuentes,
- y
producción autónoma de conocimiento.
La alfabetización digital contemporánea debe
incluir no solo competencias técnicas, sino también criterios éticos e
intelectuales que permitan comprender cómo funcionan los algoritmos, cómo se
construyen las dinámicas de atención y cómo influyen en nuestras prácticas
culturales.
Conclusiones
Las reflexiones de Nicholas Carr sobre el impacto
de Internet en la atención y en los procesos cognitivos continúan siendo
relevantes en la actualidad. El auge de plataformas basadas en microcontenidos
evidencia una transformación significativa en las formas de consumo cultural y
en la relación cotidiana con la información. Fenómenos como las “Frutinovelas”
permiten observar cómo los algoritmos privilegian contenidos breves,
emocionales e inmediatos que favorecen la permanencia constante del usuario en pantalla.
Sin embargo, interpretar estos formatos únicamente
como señales de decadencia cultural sería insuficiente. También representan
nuevas formas de creatividad, humor e interacción propias de la cultura digital
contemporánea. El verdadero problema aparece cuando la lógica del estímulo
permanente desplaza sistemáticamente prácticas que requieren concentración,
análisis e interpretación profunda.
En el ámbito educativo, esta situación plantea
desafíos importantes. Cada vez resulta más necesario fortalecer espacios de
lectura, reflexión y producción intelectual autónoma frente a dinámicas
digitales caracterizadas por la velocidad y la fragmentación. Esto no implica
rechazar la tecnología, sino promover una relación más crítica y consciente con
ella.
En definitiva, el debate no gira únicamente en
torno a TikTok o a las “Frutinovelas”, sino sobre el tipo de vínculo que las
sociedades contemporáneas están construyendo con el lenguaje, la atención y el
conocimiento. Comprender estas transformaciones resulta fundamental para pensar
críticamente el futuro de la educación y de la cultura en la era digital.
Referencias
Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está
haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.
Caldevilla-Domínguez, D. (2024). Usos éticos de
la IA en la universidad moderna: más allá del plagio.
El Día. (2026, mayo 13) Frutinovelas un boom: por
qué arrasan en redes sociales. https://www.eldia.com/nota/2026-4-9-1-39-12-frutinovelas-un-boom-por-que-arrasan-en-redes-sociales-informacion-general
Excélsior Digital. (2026, abril 10). TikTok elimina frutinovelas tras 300
millones de vistas en 10 días. Excélsior. https://www.excelsior.com.mx/redes-sociales/tiktok-elimina-frutinovelas-tras-300-millones-vistas-10-dias
Flor-Terán, G. A., & Sandoval-Reyes, P. A.
(2024). La ética en el uso de la inteligencia artificial en la educación:
desafíos y oportunidades.
Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., &
Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial
generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad
académica.
Flores Morales, J. A., et al. (2024). Originalidad
y honestidad intelectual: navegando por las aguas del plagio.