martes, 10 de febrero de 2026

De la discusión a la aplicación de la IA


En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

No te pierdas el podcast, con una excelente reflexión y ejemplos que enriquecen el artículo

En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2026, celebrada en enero de este año en Davos, la inteligencia artificial se ha consolidado como uno de los ejes centrales del debate internacional, al ser identificada como un factor clave en la aceleración de la productividad y en la reconfiguración de los mercados económicos y laborales.

Este posicionamiento no es meramente discursivo ni prospectivo: refleja un cambio estructural en la forma en que las economías están integrando la IA en sus procesos productivos y en la definición de nuevas competencias profesionales. Es precisamente en este punto donde la discusión global adquiere una relevancia directa para el ámbito educativo. En este contexto, los docentes en América Latina enfrentan una pregunta urgente: ¿deben adoptar la inteligencia artificial hoy o seguir posponiendo su integración en la educación?

La agenda del Foro Económico Mundial, junto con la cobertura de medios económicos internacionales y latinoamericanos, evidencia que la IA ha dejado de ser un tema futurista para convertirse en un componente estructural que ya está redefiniendo la economía, los mercados laborales y, de manera inevitable, los sistemas de formación.

Este escenario global interpela directamente a la educación: lo que hoy se discute en Davos marcará las competencias que mañana se exigirán a los estudiantes, y por tanto, las decisiones que los docentes tomen, o posterguen, en el presente tendrán efectos concretos en la preparación de las nuevas generaciones.

De acuerdo con los análisis presentados en el WEF, las empresas y los inversionistas han superado la fase de experimentación con IA. El mercado exige ahora resultados medibles, escalables y vinculados a productividad, eficiencia y crecimiento real. Como señala Riquelme, R. (2026) en un artículo del periódico El Economista, ya no basta con declarar el uso de IA: su aplicación debe demostrar impacto tangible.

Esta exigencia no se limita al ámbito empresarial, sino que comienza a trasladarse de forma directa a los sistemas educativos. Para la educación, ello implica pasar del discurso general sobre innovación tecnológica a una implementación estratégica de la IA, orientada al diseño de materiales didácticos más eficientes, a la retroalimentación personalizada del aprendizaje y a la automatización de tareas administrativas que actualmente sobrecargan al docente y reducen su tiempo pedagógico efectivo.

En este contexto, la Figura 1 permite visualizar una primera tensión empírica relevante: el uso de inteligencia artificial por parte de estudiantes y docentes no avanza de manera homogénea.

Fuente: Elaboración propia con base en datos de UNESCO, GoStudent, AICAD y análisis del Foro Económico Mundial (WEF).

Mientras los estudiantes ya utilizan la IA de forma cotidiana como herramienta de apoyo para el estudio, la búsqueda de información y la resolución de tareas, el uso pedagógico sistemático por parte de los docentes y de manera más crítica, la existencia de políticas institucionales claras avanza a un ritmo considerablemente menor. Esta brecha genera tensiones crecientes entre las prácticas reales de aprendizaje y los marcos educativos formales que intentan regularlas o ignorarlas.

En consecuencia, la pregunta ya no es si la inteligencia artificial llegará al aula, sino cómo se está utilizando, con qué propósito pedagógico y bajo qué criterios de diseño educativo, en un escenario donde los estudiantes se adelantan a las instituciones y los docentes enfrentan la presión de responder sin marcos claros de acompañamiento y formación.

 Capital Cognitivo

En este escenario de creciente adopción de la inteligencia artificial, emerge con fuerza el concepto de capital cognitivo, entendido como la capacidad de transformar grandes volúmenes de datos en conocimiento accionable para la toma de decisiones. Este tipo de capital ya impacta de manera significativa sectores como la salud, la manufactura y las finanzas, y comienza a perfilarse como un activo estratégico también en el ámbito educativo.

La noción de capital cognitivo permite interpretar la brecha previamente descrita entre estudiantes, docentes e instituciones: no se trata únicamente del acceso a herramientas de IA, sino de la capacidad para comprender, interpretar y utilizar la información que estas tecnologías generan. En otras palabras, el problema no es tecnológico, sino cognitivo y pedagógico.

Datos recientes de organismos internacionales refuerzan esta tendencia. La UNESCO ha documentado que más de la mitad de los estudiantes a nivel global ya utiliza herramientas de IA con fines escolares, mientras que informes como el GoStudent Global Education Report indican que alrededor del 85 % de los estudiantes de secundaria y universidad emplean IA para estudiar, organizar información o mejorar su escritura.

Este uso intensivo por parte del estudiantado contrasta con el ritmo más lento de apropiación pedagógica por parte de docentes e instituciones, lo que evidencia que el capital cognitivo se está desarrollando de forma desigual dentro de los sistemas educativos.

Del debate conceptual a la decisión educativa

Ante este panorama, para el profesorado el desafío deja de ser abstracto y se convierte en un punto crítico. Comprender datos, interpretar resultados y utilizar la IA como apoyo pedagógico deja de ser una competencia opcional y comienza a incidir directamente en la calidad del aprendizaje y en la capacidad de la escuela para responder a contextos complejos y cambiantes.

En espacios como Davos, las conversaciones sobre inteligencia artificial no son homogéneas. Junto al entusiasmo, también se advierte sobre expectativas sobredimensionadas y el riesgo de burbujas tecnológicas. Este realismo resulta saludable: la IA no es una solución mágica ni automática.

Sin embargo, para los docentes latinoamericanos que aún dudan, el mensaje es claro: ser críticos no equivale a ser resistentes al cambio. Negarse a comprender o utilizar la IA no detiene su avance; por el contrario, amplía la brecha entre lo que ocurre en la escuela y lo que exige el mundo profesional y social.

El reto educativo, por tanto, no consiste en adoptar la tecnología sin reflexión, sino en integrarla con criterio pedagógico, ético y contextualizado.

Conclusión

Lejos de ser una moda pasajera o una promesa futura, la inteligencia artificial ya está siendo evaluada por su capacidad de generar resultados concretos y medibles en el mercado global, como lo evidencian los debates y análisis del Foro Económico Mundial 2026 y la cobertura económica internacional. Este cambio de enfoque —del entusiasmo a la exigencia de impacto— está redefiniendo no solo los modelos productivos, sino también la forma en que se valoran las competencias profesionales, el capital cognitivo y el papel de los sistemas educativos en el siglo XXI.

En el ámbito educativo, el análisis desarrollado muestra que la principal tensión no radica en la disponibilidad de tecnologías de inteligencia artificial, sino en la brecha entre el uso cotidiano que ya realizan los estudiantes y la apropiación pedagógica, institucional y estratégica por parte de docentes y organizaciones educativas. Esta brecha, si no se atiende, corre el riesgo de profundizar la desconexión entre la escuela y las demandas sociales, económicas y laborales contemporáneas.

Para los docentes latinoamericanos, la inteligencia artificial no debería interpretarse como una amenaza a su labor profesional, sino como una oportunidad estratégica para fortalecer su rol como mediadores del aprendizaje, diseñadores de experiencias educativas y constructores de marcos éticos y pedagógicos para su uso responsable. Asumir este desafío implica pasar del debate abstracto a la acción formativa, desarrollando competencias que permitan integrar la IA con sentido crítico, contextualizado y orientado a la mejora real de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

En este sentido, el liderazgo docente se consolida como un factor clave para que la inteligencia artificial contribuya efectivamente a una educación más pertinente, equitativa y alineada con los desafíos del mundo contemporáneo.

En una próxima entrada comentaremos acerca de las discusiones realizadas en Davos sobre el futuro del empleo.

Referencias

Foro Económico Mundial (WEF). (2026). Global Economic Outlook and Artificial Intelligence. Davos.

Riquelme, R. (2026). La inteligencia artificial y los capitales del mundo: los mercados comienzan a exigir resultados a la IA, según el WEF. Diario El Economista, México.

UNESCO. (2023–2024). Artificial intelligence in education: challenges and opportunities. París.

GoStudent. (2025). Global Education Report: AI in Education. Viena.

 

lunes, 9 de febrero de 2026

El Futuro de la IA en Datos: 6 Revelaciones Impactantes del Reporte AI Index 2025

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

Escucha el podcast con un análisis profundo y lleno de comparaciones.

La Universidad de Stanford, en conjunto con otras entidades internacionales, publicó recientemente el reporte: Artificial Intelligence Index Report 2025, que ofrece un análisis exhaustivo sobre el progreso técnico, el impacto socioeconómico y los marcos regulatorios de la inteligencia artificial a nivel global. El documento tiene 457 páginas y está dividido en 8 capítulos, que abarcan desde investigación y desarrollo, pasando por la economía, la educación, la ciencia, la medicina, hasta la opinión pública.

Hemos trabajado con NotebookLM para realizar un resumen expresado tanto en texto, como en audio e imagen, con el objetivo de hacer más accesible un documento tan extenso.

El informe considera que la inteligencia artificial ha dejado de ser un experimento confinado a laboratorios para integrarse en la estructura misma de la sociedad. El año 2024 marcó un hito histórico: el trabajo de varios científicos apoyado con herramientas de IA permitió ganar el Premio Nobel, además de superar el Test de Turing, antes considerado un objetivo inalcanzable.

Este cambio de paradigma plantea una interrogante fundamental para cualquier estratega: ¿Qué tan rápido la IA está transformando nuestra economía? El reporte AI Index 2025 de Stanford revela que la transición de “lo posible” a “lo cotidiano” ocurre a una velocidad sin precedentes.

1. El colapso de los costos: La IA es 280 veces más barata

En apenas 18 meses, el costo de inferencia para modelos equivalentes a GPT-3.5 se desplomó de $20.00 a solo $0.07 por millón de tokens. Esta caída libre es el motor principal de una democratización tecnológica masiva a escala global.

Esta eficiencia permite que la IA deje de ser un privilegio de grandes corporaciones para convertirse en una herramienta de uso masivo. Al eliminar las barreras de entrada financieras, la innovación se desplaza hacia aplicaciones cotidianas y pequeñas empresas.

2. El fin de la era académica en el desarrollo de modelos

La industria consolidó su dominio produciendo casi el 90 % de los modelos notables en 2024, un salto drástico frente al 60 % registrado en 2023. La academia, aunque lidera en publicaciones citadas, ha cedido el terreno del desarrollo de vanguardia.

"La IA se ha movido de los márgenes a convertirse en un motor central de valor empresarial”se lee en el AI Index 2025.

Este cambio refleja que la escala de recursos necesarios, cómputo, datos y capital, ha desplazado el liderazgo técnico. La arquitectura del futuro ya no se diseña primordialmente en las aulas universitarias, sino en los centros de datos corporativos.

3. La IA ya es casi su médico (o al menos ayuda a diagnosticarlo)

La innovación en salud es explosiva: los dispositivos médicos con IA aprobados por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos del Gobierno de EUA) pasaron de 6 en 2015 a 223 en 2023. En términos de capacidad diagnóstica, el modelo o1 alcanzó un impresionante 96.0% en el benchmark MedQA.

Sin embargo, este razonamiento clínico avanzado tiene un costo operativo importante. El modelo o1 es 6 veces más caro y 30 veces más lento que GPT-4o, lo que plantea desafíos estratégicos para su implementación en entornos de salud en tiempo real.

A pesar de estos retos, se aprecia que la IA ha logrado superar a médicos humanos en el diagnóstico de casos clínicos complejos. Esto abre un debate ético urgente sobre la confianza y la supervisión necesaria cuando el algoritmo toma decisiones donde la vida está en juego.

4. La brecha de optimismo global: Un mundo dividido

Existe una fractura geográfica profunda en la percepción de esta tecnología. El entusiasmo domina en China (83 %) e Indonesia (80 %), mientras que en Estados Unidos (39 %) y Canadá (40%) prevalece el escepticismo sobre si los beneficios superan los daños.

Curiosamente, el optimismo está ganando terreno en regiones antes escépticas como Alemania y Francia, donde la percepción positiva subió un 10 % desde 2022. Esta división regional representa un desafío crítico para crear marcos de gobernanza global.

5. La paradoja de la energía: eficiencia vs. huella de carbono

Aunque la eficiencia energética del hardware mejora un 40 % anual, el consumo total se dispara por el tamaño de los modelos. El entrenamiento de Llama 3.1 405B emitió 8,930 toneladas de carbono, frente a las modestas 0.01 toneladas de AlexNet.

Como respuesta, gigantes como Microsoft, Google y Amazon están reactivando la energía nuclear. No se trata solo de sostenibilidad, sino de un giro estratégico fundamental hacia la independencia energética total para sostener sus centros de datos.

Este renacimiento nuclear subraya que la viabilidad de la IA ya no depende de simples compensaciones de carbono. El sector está forzando una transformación radical y soberana de la infraestructura energética global para alimentar la era de los modelos masivos.

6. El dominio de EE. UU. en inversión frente al avance de China

La disparidad financiera es inmensa: la inversión privada en EE. UU. alcanzó los $109.1 mil millones, casi 12 veces más que los $9.3 mil millones de China. Estados Unidos sigue liderando en la producción de modelos notables (40 frente a 15).

No obstante, China domina en activos físicos e intelectuales, controlando el 69.7 % de las patentes de IA a nivel mundial. Además, el país asiático concentra el 51.1 % de las instalaciones de robótica industrial de todo el planeta.

Los modelos chinos, al menos en pruebas comunes como MMLU (evalúa conocimientos y razonamiento en muchas áreas académicas) y la prueba HumanEval, (evalúa programación, pidiendo que el modelo escriba funciones que pasen tests) han reducido mucho la diferencia de desempeño con los modelos estadounidenses, y lo han logrado usando menos inversión total, gracias a buena ingeniería y optimización.

Conclusión: un futuro que se escribe en tiempo de ejecución

El reporte 2025 describe una IA que ha pasado de ser una promesa futurista a una realidad operativa de alta velocidad. Estamos ante un futuro que se define en tiempo de ejecución, exigiendo una responsabilidad colectiva para guiar estas herramientas.

¿Estamos preparados para un mundo donde la frontera de la IA se mueve el doble de rápido de lo que podemos regular? La respuesta a esta pregunta determinará la estabilidad de nuestra sociedad y nuestra economía en la próxima década.