domingo, 23 de agosto de 2026

Agonizan los prompts, nacen las skills

 Del pedido aislado al procedimiento pedagógico reutilizable

Durante los últimos años aprendimos a hablar con la inteligencia artificial mediante prompts. Descubrimos que una instrucción vaga generaba respuestas igualmente vagas. Entonces comenzamos a precisar el contexto, asignar roles, describir tareas, señalar formatos y establecer criterios. El prompt se convirtió en la puerta de entrada a la inteligencia artificial generativa y, durante un tiempo, pareció ser también su forma definitiva de uso.

Alrededor de esta práctica surgió una verdadera cultura del prompt. Aparecieron cursos, fórmulas, repositorios y colecciones con miles de instrucciones listas para copiar. Se habló de ingeniería de prompts y se extendió la idea de que el usuario más competente era quien sabía escribir el pedido perfecto. En la educación ocurrió algo semejante, docentes y estudiantes aprendimos a solicitar planes de clases, rúbricas, cuestionarios, resúmenes, presentaciones, imágenes y proyectos, usando prompts largos y sofisticados.

El avance fue real, pero también mostró sus límites. Cada nueva tarea obligaba a reconstruir el contexto. El usuario debía recordar qué preguntar, en qué orden hacerlo, qué información entregar y cómo revisar la respuesta. Un prompt podía funcionar bien un día y perder parte de su eficacia al cambiar el tema, el grupo de tareas o la herramienta. También podía quedar abandonado en un archivo, en una conversación antigua o en una lista que nadie volvía a consultar.

Ese es el punto donde comienza el cambio que hoy observamos. No estamos pasando de los prompts a un mundo sin prompts. Estamos pasando del prompt aislado a las skills. El prompt no desaparece, deja de actuar solo. Se integra dentro de una estructura que conserva instrucciones, recursos, criterios, secuencias y formas de comprobación. Sugiero leer este post de Ramón Besonías que explica lo que ha comentado Google y OpenAi sobre sus futuros cambios favoreciendo las skills

Del prompt aislado a la skill

Un prompt aislado solicita una actuación; una skill conserva una forma de actuar. Esta diferencia parece breve, pero transforma la relación con la inteligencia artificial. El prompt suele responder a una necesidad puntual. La skill se prepara para resolver una familia de tareas semejantes sin reconstruir todo el procedimiento cada vez.

La documentación de OpenAI presenta las skills como una vía para guardar flujos de trabajo que Codex puede mantener disponibles y aplicar de nuevo. Una skill puede reunir instrucciones estables, archivos de referencia, plantillas, recursos y programas auxiliares. También puede indicar cuándo debe activarse, qué información debe solicitar y cuáles son los límites de su actuación.

El cambio puede entenderse mediante una comparación cotidiana. Un prompt se parece a una indicación que damos a una persona para resolver una tarea. Una skill se parece a un procedimiento de trabajo que esa persona puede consultar, aplicar y revisar. La primera instrucción puede ser acertada, pero depende del momento y de quien la formule. El procedimiento conserva la experiencia acumulada y reduce la necesidad de comenzar desde cero.

Por esta razón, la agonía anunciada en el título no corresponde literalmente a la muerte del prompt. Lo que agoniza es su aislamiento; pierde fuerza la práctica de buscar una instrucción milagrosa, copiarla, cambiar dos palabras y esperar un resultado confiable. Nace una lógica diferente: organizar el conocimiento necesario para que la inteligencia artificial desarrolle un proceso con cierta consistencia.

Esta transición modifica la pregunta inicial, antes nos preguntábamos qué prompt debíamos escribir. Ahora debemos preguntarnos qué procedimiento deseamos conservar, qué decisiones contiene, qué información necesita, qué errores debe evitar y cómo comprobaremos la calidad del resultado. El centro se desplaza desde la redacción de una orden hacia el diseño de una actuación completa.

La diferencia también aparece en la continuidad. Si pedimos mediante un prompt que se elabore una rúbrica, la inteligencia artificial puede producir una tabla aparentemente correcta. Sin embargo, no siempre preguntará por el tipo de aprendizaje, las condiciones de ejecución, las evidencias, la experiencia del estudiante o la relación entre proceso y producto. Una skill orientada a la evaluación puede conservar esas preguntas y formularlas al profesor en el momento adecuado. Puede detenerse cuando falta información y devolver la decisión al docente cuando el asunto no debe resolverse de manera automática.

En este sentido, la skill no es un prompt más largo. Tampoco es una colección de prompts colocados uno detrás de otro. Su rasgo distintivo consiste en articular entradas, operaciones, decisiones y resultados. Si está bien construida, sabe qué debe recibir, qué pasos debe ejecutar, qué debe producir y qué señales permiten revisar su trabajo.

Los estudios técnicos empiezan a mostrar el alcance de esta diferencia. SkillsBench evaluó 7.308 trayectorias de agentes en tareas de once campos. Las skills revisadas por especialistas elevaron 16,2 puntos porcentuales la tasa media de éxito. No todas funcionaron bien. En dieciséis tareas produjeron resultados inferiores y las skills creadas por los propios modelos no ofrecieron beneficios medios. Estos datos no demuestran que el aprendizaje fue reducido; muestran que la calidad del procedimiento influye en la actuación del agente. (Li et al., 2026)

La advertencia es clara: una skill no adquiere valor por el simple hecho de existir. Puede conservar instrucciones innecesarias, errores, sesgos o criterios desactualizados. Otro estudio examinó 238 skills y encontró problemas de autoría o estructura en más del 99 por ciento de los archivos analizados, lo que demuestra que un procedimiento reutilizable también puede reutilizar sus defectos. (Hong et al., 2026a)

Cuando el conocimiento docente se vuelve reutilizable

En la educación, el paso del prompt aislado a la skill abre una posibilidad de mayor alcance. Una parte del conocimiento docente puede convertirse en un procedimiento reutilizable. No se trata de guardar todas las decisiones del profesor dentro de una máquina. Se trata de conservar aquellas preguntas, criterios y secuencias que permiten orientar una actividad con coherencia.

Pensemos en el diseño de una evaluación para una actividad específica. Un prompt podría pedir: crea una evaluación para mi asignatura. La respuesta podría resultar atractiva, pero la inteligencia artificial tendría que completar por su cuenta muchos vacíos. Una skill educativa, en cambio, puede preguntar por el nivel, la asignatura, la cantidad de estudiantes, la modalidad, el lugar, el horario, los objetivos, el tiempo disponible y la experiencia previa. Puede relacionar la situación con las evidencias del proceso, el producto esperado, el uso transparente de la inteligencia artificial y los criterios de valoración. En otro artículo del blog compartiremos una skill para este tipo de tarea, la que fue probada con éxito en ChatGPT y Claude.

La diferencia no reside solamente en la cantidad de datos recogidos. La skill conserva una lógica diáctica. Sabe que una evaluación no comienza por la rúbrica, sino por la situación que el estudiante deberá afrontar, por el objetivo a evaluar. Comprende que el producto no basta para explicar el aprendizaje, necesita rastros del proceso, decisiones justificadas, versiones, revisión de fuentes y momentos de retroalimentación.

Esta idea conecta con la necesidad de hacer visible el aprendizaje cuando los estudiantes utilizan inteligencia artificial. El prompt aislado suele dirigir la atención hacia la respuesta final. La skill puede organizar el recorrido. Puede pedir al estudiante que explique qué solicitó, qué recibió, qué aceptó, qué rechazó y por qué transformó una propuesta. También puede exigir la revisión de las fuentes antes de emplear la información. De esta manera, el trabajo con IA deja de medirse solo por la apariencia del producto.

Las skills pueden contribuir a enfrentar la aitoxicación. Un prompt aislado facilita la producción inmediata de información, pero no siempre obliga a examinar su procedencia o pertinencia. Una skill de investigación puede incorporar pausas para localizar fuentes, contrastarlas, registrar decisiones y revisar afirmaciones. No garantiza el pensamiento crítico, pero puede crear condiciones para que este ocurra.

Desde el enfoque histórico cultural, la skill puede interpretarse como un instrumento mediador. Organiza la relación entre el sujeto, la tarea y el conocimiento. Su valor no se encuentra dentro del archivo, sino en la actividad que ayuda a realizar. Una skill que resuelve todo puede reducir la participación intelectual del estudiante. Una skill que pregunta, ofrece ayuda graduada y solicita explicaciones puede favorecer la apropiación del procedimiento.

Las investigaciones educativas directas sobre archivos SKILL.md todavía son escasas. Por esa razón, conviene observar tecnologías cercanas sin confundirlas con las skills. Un estudio con estudiantes de posgrado utilizó un GPT personalizado durante ocho semanas. Los participantes mostraron avances en metacognición y disposición para dirigir su aprendizaje, aunque la muestra fue pequeña. Lowry y sus colaboradores atribuyeron los resultados a las actividades estructuradas y adaptativas, no al uso genérico del modelo.(Lo et al., 2026)

Otra investigación, realizada por Kim M. (Kim, 2026), trabajó con estudiantes universitarios de coreano. El GPT personalizado ofrecía mediación graduada dentro de la zona de desarrollo próximo. Ajustaba el apoyo según las respuestas y utilizaba la evaluación dinámica para sostener la interacción. El estudio identificó avances en la producción lingüística y mostró que una configuración pedagógica puede cambiar la manera en que el estudiante se relaciona con el sistema. Este trabajo resulta cercano a la lógica que debería orientar una skill educativa.

También comienza a estudiarse la participación de los estudiantes en la creación de GPT personalizados. En una experiencia desarrollada en la Universidad de Monash, cinco estudiantes y cinco académicos crearon siete asistentes para distintas asignaturas. Los estudiantes informaron mayor agencia, sentido de autoría y capacidad para resolver problemas. La muestra impide generalizar, pero el estudio introduce una idea valiosa: el estudiante puede dejar de ser consumidor de una herramienta y convertirse en diseñador de la mediación. La experiencia de cocreación amplía el sentido educativo de estas tecnologías. (Hong et al., 2026b)

Este cambio también afecta al profesor. Durante la etapa del prompt aislado, el docente podía limitarse a buscar instrucciones creadas por otros. Con las skills debe explicitar su conocimiento, ordenar sus decisiones y someter su procedimiento a prueba. Crear una skill educativa obliga a responder preguntas incómodas: qué problema resuelve, qué evidencia produce, qué decisiones conserva el usuario, cuándo debe detenerse y qué riesgos introduce.

No toda tarea docente debe convertirse en una skill. Existen decisiones que dependen de la sensibilidad, la relación humana, el conocimiento del grupo y la interpretación del contexto. Tampoco conviene transformar una teoría pedagógica en una receta rígida. La reutilización resulta valiosa cuando conserva una orientación abierta a la revisión, no cuando congela la enseñanza.

Surge entonces una responsabilidad nueva. Las skills educativas deben revisarse como revisamos un programa de asignatura, una rúbrica o una estrategia didáctica. Necesitan pruebas con casos reales, límites claros, actualización de sus fuentes y vigilancia sobre los datos que utilizan. También requieren comprobar si ayudan a aprender, si ahorran tiempo, si motivan a estudiantes y profesores o solo aceleran la producción de documentos.

La educación no necesita skills que hagan más invisible el aprendizaje. Necesita estructuras que revelen el recorrido, conserven la decisión humana y permitan transferir lo aprendido a otras situaciones. Una buena skill no debe convertir al estudiante en operador de una secuencia automática. Debe ayudarlo a comprender la tarea, tomar decisiones y comprobar sus resultados.

Durante años nos concentramos en escribir pedidos más precisos. Ahora comenzamos a diseñar procedimientos más sólidos. El prompt fue una conversación puntual con la inteligencia artificial. La skill aspira a conservar una experiencia de trabajo. El primero solicita un resultado. La segunda organiza una ruta.

Agonizan los prompts aislados porque ya no basta con preguntar bien una sola vez. Nacen las skills porque necesitamos procesos que puedan repetirse, revisarse y compartirse. El prompt abrió la puerta. La skill organiza el recorrido. En la educación, ese recorrido solo tendrá sentido si mantiene al docente y al estudiante como autores de las decisiones que hacen posible el aprendizaje.

En el siguiente artículo explicaremos una skill para crear presentaciones de PowerPoint o Gamma, pero desde el concepto de la ruta crítica en el trabajo con los medios.

Referencias

Hong, D. B., Imani, A., & Ahmed, I. (2026). From anatomy to smells: An empirical study of SKILL.md in agent skills [Prepublicación]. arXiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2607.01456

Kim, M. (2026). Custom GPT as mediator: Dynamic assessment with beginner KFL learners. Language Learning & Technology, 30(1), 1–27. https://doi.org/10.64152/10125/73669

Li, X., Chen, W., Liu, Y., Zheng, S., Chen, X., He, Y., Li, Y., You, B., Shen, H., Sun, J., Wang, S., Zeng, Q., Wang, D., Zhao, X., Wang, Y., Ben Chaim, R., Di, Z., Gao, Y., He, J., … Lee, H. (2026). SkillsBench: Benchmarking how well agent skills work across diverse tasks [Prepublicación, versión 1]. arXiv. https://arxiv.org/abs/2602.12670v1

Lo, S., Lea, T., Mavromoustakos, A., Joseph, B., Yii, M., Exintaris, B., Karunaratne, N., Pearson, D. L., Ritchie, T., Yuriev, E., & Pyun, J. (2026). Co creating custom GPTs: An autoethnographic study of undergraduate students as partners in generative AI innovation. Frontiers in Education, 11, Article 1818781. https://doi.org/10.3389/feduc.2026.1818781

Lowry, B., McGrath, S., Eitel, C., Hall, H., & Clapp, T. R. (2026). Leveraging generative AI to foster metacognition and self directed learning. Journal of Microbiology and Biology Education, 27(1), Article e00153-25. https://doi.org/10.1128/jmbe.00153-25

 

jueves, 20 de agosto de 2026

Dejar de esperar el futuro

Ilustración conceptual sobre colaboración entre inteligencia artificial y valor humano

Durante los últimos años, buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial se ha concentrado en anticipar qué profesiones desaparecerán, qué capacidades serán sustituidas y hasta dónde llegará la automatización. Sin embargo, la IA generativa ya participa en actividades de redacción, programación, análisis, diseño, síntesis de información y toma de decisiones asistida.

La evidencia disponible muestra que sus efectos no corresponden simplemente a una sustitución lineal del trabajo humano. En un estudio con más de cinco mil trabajadores de atención al cliente, la asistencia mediante IA generativa incrementó la productividad y produjo beneficios particularmente relevantes para trabajadores con menor experiencia (Brynjolfsson et al., 2025).

Por ello, una pregunta más productiva que “¿qué hará la IA con nosotros?” es “¿dónde se construye el valor humano cuando una parte creciente de la producción cognitiva puede ser automatizada?”. Esta pregunta permite superar dos posiciones igualmente insuficientes: considerar la IA solamente como una herramienta convencional o asumir que cada actividad realizada por una máquina representa inevitablemente una pérdida equivalente de valor humano.

La literatura reciente sugiere una situación más compleja. La OCDE encontró que la adopción de IA generativa en pequeñas y medianas empresas está asociada con mejoras percibidas de desempeño y cambios en las necesidades de habilidades, al tiempo que aumenta la importancia de trabajadores altamente cualificados (OECD, 2025). Esto indica que la automatización puede modificar la composición del trabajo sin traducirse automáticamente en la desaparición de la contribución humana.

El valor humano cambia de lugar

Cuando una IA produce en segundos un texto que anteriormente requería horas, puede parecer que la escritura perdió valor. Sin embargo, producir palabras nunca fue la totalidad del trabajo intelectual. También es necesario decidir qué problema merece atención, qué evidencia es suficiente, para quién se escribe, qué consecuencias puede tener una decisión y quién responderá por ella.

Desde esta perspectiva, el valor humano puede comprenderse mediante cinco dimensiones. La primera es el propósito, entendido como la capacidad de determinar qué problema debe abordarse y por qué. La segunda es el juicio contextual, que permite interpretar necesidades, restricciones culturales, antecedentes y condiciones específicas que difícilmente pueden reducirse a una instrucción. La tercera es la validación crítica, necesaria para contrastar evidencias, detectar errores, reconocer sesgos y determinar cuándo un resultado aparentemente convincente no es confiable. La cuarta es la responsabilidad, debido a que utilizar una recomendación generada algorítmicamente no transfiere automáticamente a la máquina la responsabilidad por sus consecuencias. Finalmente, se encuentra el impacto humano, es decir, la capacidad de transformar un resultado técnicamente adecuado en una acción pertinente para personas y comunidades.

Esta propuesta coincide con enfoques internacionales que sitúan la supervisión, la gobernanza y el juicio humano en el centro del uso responsable de la IA.. UNESCO plantea una aproximación centrada en las personas para la incorporación de IA generativa en educación e investigación, mientras que el perfil de riesgos para IA generativa del NIST enfatiza que la gestión responsable debe abarcar no solo el funcionamiento técnico del sistema, sino también su contexto de uso y sus posibles impactos (Miao & Holmes, 2023; Autio et al., 2024).

Colaborar no significa delegar el pensamiento

La reconfiguración del valor humano tampoco implica que cualquier utilización de IA conduzca automáticamente hacia capacidades cognitivas superiores. Esta distinción es fundamental. Lee et al. (2026), mediante un experimento preregistrado y un estudio posterior, encontraron que el uso pasivo de contenidos generados por IA podía disminuir la autoeficacia, el sentido de propiedad y el significado atribuido al trabajo. En cambio, una interacción más activa, en la que la persona desarrollaba inicialmente la tarea y después utilizaba la IA para mejorarla, mitigaba esos efectos.

Por tanto, existe una diferencia esencial entre usar IA para reemplazar el pensamiento y usar IA para ampliar el pensamiento. La primera modalidad favorece dependencia y descarga cognitiva; la segunda puede facilitar exploración, contraste y perfeccionamiento. En educación superior, Zeng et al. (2026) muestran que variables como autoeficacia, adaptación de roles y ajuste entre tarea y tecnología intervienen en los resultados del aprendizaje mediado por IA. De manera complementaria, una revisión sistemática de 206 trabajos identifica la alfabetización en IA generativa como una competencia multidimensional que incorpora componentes técnicos, críticos, éticos, personales e interpersonales (Reicho et al., 2026).

Esto modifica también la función educativa. Si una IA puede generar una planeación didáctica, resumir información o proponer actividades, el valor del docente no puede reducirse a producir documentos. Se desplaza hacia comprender a los estudiantes, diseñar experiencias pertinentes, interpretar dificultades, promover pensamiento crítico y decidir cuándo y cómo incorporar tecnología. En esta dirección, Núñez-Rojas et al. (2026) encontraron asociaciones significativas entre un modelo de aprendizaje experiencial Onlife apoyado en IA, el pensamiento computacional y la satisfacción académica, reforzando la necesidad de integrar la tecnología dentro de modelos pedagógicos explícitos y no como un fin independiente.

De la producción a la agencia

A medida que producir una primera respuesta se vuelve más sencillo, aumenta la importancia de saber formular problemas, seleccionar herramientas, evaluar resultados y asumir decisiones. La competencia relevante no consiste en utilizar el mayor número posible de aplicaciones, sino en reconocer qué tarea puede delegarse, cuál necesita supervisión y cuál debe permanecer bajo control humano.

De ello se deriva un principio para organizaciones y sistemas educativos: la adopción de IA debería comenzar por el propósito y no por la plataforma. Después deben definirse criterios para seleccionar el sistema, proteger información, verificar resultados y establecer responsabilidades. El resultado generado constituye un insumo, no la conclusión automática del proceso.

En consecuencia, la alfabetización en IA del futuro necesita superar el dominio instrumental del prompt. Debe incorporar capacidad de verificación, comprensión de limitaciones, razonamiento ético, juicio contextual y autorregulación. La IA puede generar alternativas; la agencia humana consiste en determinar cuáles merecen convertirse en decisiones.

Cómo aprovechar la IA hoy

1. Empezar por el propósito, no por la plataforma

Antes de abrir una aplicación, conviene definir qué problema se desea resolver, para quién y bajo qué criterio se reconocerá una buena solución. Sin esta claridad, la IA produce mucho, pero aporta poco.

 2. Elegir la aplicación y después el modelo

La aplicación debe corresponder al flujo de trabajo: documentos, análisis de datos, creación visual, programación, búsqueda o colaboración. Dentro de ella se elige el modelo según la complejidad, la rapidez, el tipo de información, el costo y el nivel de revisión requerido. No existe un modelo universalmente mejor; existe un ajuste más adecuado entre capacidad, contexto y tarea.

3. Separar producción de validación

Una IA puede generar una propuesta, pero la revisión debe considerarse una fase distinta. Comprobar datos, rastrear fuentes, comparar opciones, detectar sesgos y evaluar consecuencias no son adornos posteriores: forman parte del trabajo.

4. Conservar la voz y el conocimiento del contexto

El resultado técnicamente correcto puede ser culturalmente impertinente, emocionalmente torpe o institucionalmente inviable. La persona aporta la historia, los matices, las relaciones y las restricciones que no siempre aparecen en los datos ni en la instrucción inicial.

5. Asumir la autoría de las decisiones

Quien utiliza un resultado generado no puede esconderse detrás de la frase "lo dijo la IA". La responsabilidad permanece en quien selecciona, acepta, modifica, pública o aplica el contenido. Esta es una condición indispensable para una adopción centrada en las personas, como propone la UNESCO para la educación y la investigación (Miao & Holmes, 2023).

La pregunta que sí importa

No necesitamos esperar a que la inteligencia artificial alcance una forma futura para comenzar a reflexionar sobre nuestro lugar. Ese lugar ya está cambiando. Las tareas que durante años consideramos evidencia suficiente de competencia pueden ser realizadas, total o parcialmente, por modelos cada vez más capaces y por aplicaciones que integran varios de ellos.

Esto no anuncia el fin del valor humano

Anuncia el fin de una definición demasiado estrecha de ese valor. Si antes se premiaba principalmente la producción, ahora será necesario demostrar comprensión, criterio, originalidad situada, responsabilidad y capacidad para transformar un resultado en beneficio real.

Tal vez la mejor manera de prepararnos para el futuro sea dejar de mirarlo como espectadores. La IA ya está aquí. No nos pide que renunciemos a lo humano, sino que dejemos de darlo por supuesto, que lo cultivemos y que aprendamos a hacerlo visible en cada decisión. La pregunta final no es qué será capaz de hacer la inteligencia artificial. La pregunta es qué clase de valor elegiremos crear nosotros con ella.

Conclusión

La expansión de la inteligencia artificial generativa no implica necesariamente la desaparición del valor humano, pero sí cuestiona una definición de ese valor basada principalmente en la capacidad de producir resultados. Cuando producir se vuelve más rápido y accesible, adquieren mayor relevancia el propósito, el juicio contextual, la validación crítica, la responsabilidad y la capacidad de generar impacto humano.

El desafío, por tanto, no consiste en competir con la IA en aquello que puede realizar con mayor velocidad. Consiste en diseñar relaciones de colaboración en las que la automatización amplíe las capacidades humanas sin sustituir la agencia que permite orientar, evaluar y responsabilizarse por las decisiones. Futuras investigaciones deberían evaluar empíricamente estas cinco dimensiones y determinar en qué condiciones la colaboración humano-IA fortalece o debilita cada una. Prepararse para el futuro exige, paradójicamente, dejar de esperarlo: la cuestión científica y social relevante ya no es únicamente qué será capaz de hacer la inteligencia artificial, sino qué clase de valor decidiremos crear con ella y qué responsabilidades estamos dispuestos a conservar.

 Referencias

Autio, C., Schwartz, R., Dunietz, J., Jain, S., Stanley, M., Tabassi, E., Hall, P., & Roberts, K. (2024). Artificial Intelligence Risk Management Framework: Generative Artificial Intelligence Profile (NIST AI 600-1). National Institute of Standards and Technology. https://doi.org/10.6028/NIST.AI.600-1

Brynjolfsson, E., Li, D., & Raymond, L. (2025). Generative AI at work. The Quarterly Journal of Economics, 140(2), 889–942. https://doi.org/10.1093/qje/qjae044

Lee, E. H., Yin, Y., Jia, N., et al. (2026). Relying on AI at work reduces self-efficacy, ownership, and meaning while active collaboration mitigates the effects. Scientific Reports, 16, 13583. https://doi.org/10.1038/s41598-026-42312-6

Miao, F., & Holmes, W. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO.

Núñez-Rojas, N., Tobon, S., Valdivieso-López, E., & Matas-Terrón, A. (2026). Onlife experiential learning model centered on artificial intelligence: Association with computational thinking and academic satisfaction. SAGE Open, 16(2). https://doi.org/10.1177/21582440261430144

OECD. (2025). Generative AI and the SME workforce: New survey evidence. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/2d08b99d-en

Reicho, M., Otrel-Cass, K., Ebner, M., Brünner, B., Freinhofer, D., & Irfan, J. (2026). Generative AI literacy across education and business: Competencies, obstacles, and benefits—a systematic literature review. International Journal of Educational Technology in Higher Education, 23, 23. https://doi.org/10.1186/s41239-026-00596-8

Zeng, Y., Kang, J., & Piaw, C. Y. (2026). Behavioral mechanisms and learning outcomes of university students’ GAI-assisted learning in human-AI collaboration. PLOS ONE, 21(4), e0346696. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0346696