La pantalla cambia cada pocos segundos. Un titular asegura
que una bebida “activa el cerebro”; otro video afirma que aprender un idioma ya
no es necesario porque la inteligencia artificial puede traducirlo todo en
tiempo real. Un creador digital explica con absoluta seguridad un tema
científico sin mostrar evidencia verificable, mientras una inteligencia
artificial redacta textos aparentemente académicos aunque muchas veces resulte
difícil identificar el origen real de las ideas que contiene.
Entre imágenes veloces, frases
emocionales, música estimulante y respuestas automatizadas, comienza a surgir
una sensación inquietante: cada vez resulta más difícil distinguir entre información,
persuasión y simulación de conocimiento.
En este contexto, los textos persuasivos
han adquirido una presencia dominante dentro de los medios electrónicos
contemporáneos. Un texto persuasivo es aquel cuyo propósito principal no
consiste únicamente en informar, sino en influir sobre pensamientos, emociones,
decisiones o comportamientos del receptor. Su intención es provocar una
reacción: consumir, compartir, creer, apoyar, rechazar o actuar frente a
determinada idea.
Para lograrlo, estos discursos utilizan
mecanismos específicos como apelaciones emocionales, simplificación extrema,
lenguaje de urgencia, repetición constante, validación aparente y estímulos
audiovisuales diseñados para captar atención rápidamente (Perelman &
Olbrechts-Tyteca, 1989).
Tradicionalmente, los textos persuasivos
podían identificarse con relativa claridad en ámbitos como la publicidad, la
propaganda política o los discursos ideológicos. Sin embargo, el desarrollo de
los medios electrónicos y las plataformas digitales transformó profundamente
sus formas de operación. Actualmente, la persuasión ya no aparece únicamente en
anuncios visibles; se encuentra integrada en redes sociales, videos cortos,
titulares digitales, recomendaciones algorítmicas, narrativas virales e incluso
contenidos generados mediante inteligencia artificial.
Diversos estudios sobre plataformas
digitales y economía de la atención sostienen que los algoritmos priorizan
contenidos capaces de generar interacción inmediata mediante emociones intensas
como sorpresa, miedo, indignación o identificación afectiva. En consecuencia, muchos
usuarios dejan de consumir información para comprender y comienzan a hacerlo
principalmente para reaccionar. En este escenario, la velocidad de
circulación de los mensajes suele imponerse sobre la profundidad del análisis
crítico.
Este fenómeno resulta especialmente
preocupante en contextos educativos, donde los estudiantes interactúan
diariamente con grandes volúmenes de contenido breve, visual y emocionalmente
intenso. Algunos estudios recientes advierten que la sobreexposición a
contenidos rápidos y fragmentados puede dificultar procesos de lectura
profunda, contraste de fuentes y construcción de pensamiento crítico
(Gallent-Torres, Zapata-González & Ortego-Hernando, 2023).
La inteligencia artificial ha
intensificado todavía más este escenario. Actualmente, los sistemas generativos
pueden producir textos coherentes, argumentos estructurados y respuestas
aparentemente rigurosas en cuestión de segundos. Sin embargo, la coherencia
lingüística no garantiza comprensión epistemológica ni veracidad científica. La
IA no comprende el conocimiento que reproduce; reorganiza patrones lingüísticos
a partir de grandes volúmenes de datos (UNESCO, 2023). A pesar de ello, muchos
usuarios interpretan la fluidez discursiva como sinónimo de autoridad
intelectual.
Este fenómeno ha comenzado a generar
nuevas formas de dependencia informativa. La infoxicación, concepto
desarrollado por Cornella (2000), hace referencia a la saturación de
información que dificulta el análisis, la comprensión y la toma de decisiones.
En una reciente obra propusimos que la aitoxicación, es la saturación
cognitiva, emocional, pedagógica y cultural producida por la sobreexposición a
información, herramientas y respuestas generadas o mediadas por inteligencia
artificial, que debilita la duda, reduce el juicio crítico y favorece la
delegación progresiva del pensamiento.(Bravo, Carlos, Sánchez Mercedes,
2026)
Los discursos persuasivos operan con
enorme eficacia dentro de este entorno saturado. Muchas veces no buscan
promover comprensión profunda, sino mantener atención constante. La combinación
entre algoritmos de recomendación, inteligencia artificial y producción masiva
de contenidos emocionales favorece la construcción de ecosistemas digitales
donde la manipulación discursiva puede pasar desapercibida.
Por ello, aprender
a leer y escribir en la era de la inteligencia artificial implica
desarrollar nuevas competencias críticas. Leer ya no significa
únicamente comprender palabras, sino también evaluar intenciones, verificar
fuentes, reconocer sesgos y distinguir entre información fundamentada y
persuasión emocional.
Asimismo, escribir académicamente exige más que producir textos formalmente correctos. Implica elaborar pensamiento propio, construir argumentos sustentados y utilizar las herramientas tecnológicas de manera ética y transparente. La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta de apoyo útil para organizar ideas, sintetizar información o corregir aspectos formales; sin embargo, cuando sustituye completamente la reflexión intelectual del autor, existe el riesgo de empobrecer el aprendizaje y debilitar la autonomía crítica.
Nicholas Carr (2010) advierte que las
tecnologías digitales no solo modifican nuestras formas de acceder a la
información, sino también nuestros hábitos de atención y procesamiento
cognitivo. Del mismo modo, Postman (1994) señala que los medios tecnológicos
transforman la manera en que las sociedades interpretan la realidad. Estas
reflexiones permiten comprender que el problema actual no radica únicamente en
la existencia de inteligencia artificial, sino en la forma acrítica en que
muchas veces se consume y reproduce la información.
Frente a este panorama, la educación
enfrenta un desafío central: formar ciudadanos capaces de pensar críticamente
dentro de entornos digitales cada vez más automatizados y persuasivos. Esto
implica fortalecer la alfabetización mediática, la ética del uso tecnológico y
la capacidad de cuestionar discursos aparentemente legítimos.
La aitoxicación representa riesgos
reales para la formación intelectual contemporánea. En una época donde producir
información resulta cada vez más fácil, el verdadero desafío consiste en
desarrollar la capacidad de interpretarla críticamente, contextualizarla y
utilizarla con responsabilidad.
Referencias
Bravo C, Sánchez M (2026) La nueva Aitoxicación del
conocimiento. https://acortar.link/aitoxicacion
Carr, N. (2010). Superficiales: ¿Qué está haciendo
Internet con nuestras mentes? Taurus.
Cornella, A. (2000). Cómo sobrevivir a la infoxicación.
Infonomia.
Gallent-Torres, C., Zapata-González, A.,
& Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial
generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad
académica. RELIEVE, 29(2).
https://doi.org/10.30827/relieve.v29i2.29134
Perelman, C., & Olbrechts-Tyteca, L.
(1989). Tratado de la
argumentación: La nueva retórica. Gredos.
Postman, N. (1994). Tecnópolis: La rendición de la cultura a
la tecnología. Círculo de Lectores.
UNESCO. (2023). Orientaciones para el uso de la
inteligencia artificial generativa en educación e investigación.
UNESCO Publishing.