domingo, 3 de mayo de 2026

Creador de infografías educativas.

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez

La carrera entre los grandes de la IA es indetenible; cada semana estamos acostumbrados a que uno de ellos cree una nueva manera de crear una determinada acción. Esta vez le corresponde a ChatGPT con sus mejoras en la creación de las imágenes. En este campo, Nano Banana de Gemini era el más empleado antes de la actualización a la que nos referimos.

La infografía es la síntesis visual de un texto; mientras más preciso sea este, será más fiel al contenido. En el campo educativo, la infografía tiene un gran peso en la optimización del procesamiento cognitivo al aprovechar con más intensidad el canal visual, facilitando a su vez una memoria a largo plazo. La síntesis de información que se logra en una infografía reduce la carga cognitiva extrínseca: Al presentar la información de manera estructurada y sintética, se minimiza el esfuerzo mental innecesario. Esto permite que el estudiante enfoque sus recursos cognitivos en la comprensión del contenido esencial y no en el desciframiento de estructuras textuales densas.

Una de las mejores herramientas para generar este tipo de recurso visual es NotebookLM, a partir de una o varias fuentes y con el empleo de varios estilos, es capaz de lograr la síntesis visual y crear infografías aceptables. Este recurso requiere por parte del estudiante o del profesor un conocimiento previo de estilos que la plataforma ofrece, así como la redacción correcta del prompt para lograr lo deseado. Estas razones favorecen la creación de infografías muy generales y en el caso de ser necesaria una nueva edición, esta no es posible, solo generar otra.

GPT personalizado en la creación de infografías educativas

Tomando en cuenta estas limitantes y a partir de la nueva actualización de ChatGPT en la creación de imágenes, logramos elaborar el GPT: “Creador de infografías educativas”

 

El GPT, como indica su nombre, se especializa en generar infografías a partir de los datos entregados. Para ello inicia con tres propuestas: Crea una infografía educativa a partir de este texto. Reduce este contenido y conviértelo en una infografía 16:9 y la última. Revisa esta infografía y dime cómo corregir sus errores de diseño.

La idea central es pedirle que revise el texto que se carga o pega directamente. Es conveniente, para lograr un mejor efecto de síntesis, que el texto no sea extenso. En este paso el GPT analiza la información y sugiere el contenido, dividido por secciones. Está la parte donde el usuario debe comprobar qué es lo que quiere que aparezca, dónde y cómo. Esta es la diferencia fundamental con otros recursos, como es el caso de NotebookLM.

Otra de las ventajas es que puede comprobar una infografía y sugerir cambios a partir de la información que el usuario entregue.

Con este GPT se facilita el aprendizaje significativo, ya que la organización primero textual de la infografía ayuda al estudiante a establecer vínculos entre los conocimientos previos y la nueva información de manera explícita. La lectura del contenido sugerido fomenta la capacidad de interpretar, evaluar y crear mensajes visuales, una competencia crítica en la sociedad contemporánea donde la saturación de datos requiere habilidades de síntesis precisas.

La creación de la infografía siguiendo los pasos del GPT estimula la síntesis de información, lo que requiere de un nivel de análisis profundo. No es posible representar visualmente un concepto sin antes haber descompuesto sus partes y comprendido sus relaciones internas. Aunque esta tarea la hace el GPT, el estudiante o el profesor tienen la necesidad de revisar antes de generar la imagen.

Las imágenes y por ende, la infografía favorecen la retención mnemotécnica, al actuar como anclajes mentales. La disposición espacial de los datos en una infografía proporciona un mapa mental que facilita la recuperación de la información en momentos de evaluación o aplicación práctica.

De igual modo, el empleo de la infografía contribuye a la motivación del estudiante, a la seguridad en su aprendizaje, a la disminución del tiempo destinado a captar los elementos esenciales del contenido y a la intensificación del proceso pedagógico.

Accede al GPT desde este enlace

Como muestra la infografía creada a partir de este trabajo.

 

 

miércoles, 29 de abril de 2026

Textos inteligentes con pensamiento ausente: el nuevo reto educativo

Una reflexión desde las habilidades cognitivo-lingüísticas

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

La expansión de la inteligencia artificial en la educación ha cambiado rápidamente la forma en que los estudiantes escriben, estudian y resuelven tareas. Hoy es común discutir qué herramientas usar, cómo integrarlas en clase o cómo evaluar productos generados con su ayuda. Sin embargo, en medio de ese debate práctico, hay una pregunta más profunda que suele quedar en segundo plano:

¿Cómo saber si un estudiante realmente está pensando cuando dialoga con la inteligencia artificial?

El problema no es menor. Actualmente es posible generar textos claros, bien estructurados e incluso convincentes en cuestión de segundos. Pero que un texto “suene bien” no significa necesariamente que quien lo presenta haya comprendido lo que dice, aun cuando “dialogó con la IA”. Durante mucho tiempo, escribir fue una forma de evidenciar el pensamiento: organizar ideas, argumentar o explicar, implicaba necesariamente entender. Hoy, esa relación ya no es tan evidente.

Esto nos obliga a cambiar el enfoque. El reto educativo no es detectar si un texto fue creado con inteligencia artificial, sino identificar qué tipo de pensamiento humano hay detrás de él. En otras palabras, pasar de evaluar el producto a analizar el proceso.

Para abordar esta cuestión, resulta pertinente recuperar la propuesta de Jorba, Gómez y Prat, quienes plantean una gradación de habilidades; describir, explicar, justificar y argumentar, que permite analizar el discurso no solo como producto, sino como evidencia del pensamiento (Jorba et al., 2000).

Este marco permite no solo clasificar los textos según su nivel de complejidad, sino también identificar posibles desajustes entre la forma del discurso y el pensamiento que lo sustenta. Es precisamente en este punto donde emerge un fenómeno particularmente relevante en contextos mediados por inteligencia artificial.

Ilusión cognitiva

En este contexto aparece un fenómeno interesante: textos que parecen complejos, pero no necesariamente lo son en términos cognitivos. A esto podemos llamarlo ilusión cognitiva. Se trata de escritos que utilizan conectores adecuados, vocabulario académico y estructuras bien organizadas, explicaciones e incluso argumentos, pero que no muestran una demostración real del tema. Es decir, el texto simula pensamiento humano sin que necesariamente haya ocurrido.

Cada día vemos estudiantes que muestran párrafos donde explican causas y consecuencias, pero cuando se le pide profundizar, comparar o justificar, no logra sostener lo que escribió. El texto funciona, pero su pensamiento no está del todo ahí.

Esto no significa que la inteligencia artificial sea el problema. Más bien revela algo importante: ahora es posible producir formas de pensamiento sin recorrer completamente el proceso que las origina.

Estudios recientes advierten que el uso acrítico de sistemas generativos puede favorecer respuestas superficiales si no se acompaña de procesos reflexivos y metacognitivos (Luckin et al., 2022; Holmes et al., 2023).

Una propuesta analítica

La gradación propuesta por Jorba, Gómez y Prat permite establecer un criterio fino para analizar el nivel cognitivo del discurso.

Describir implica enumerar características sin establecer relaciones causales explícitas. Explicar introduce relaciones de causa y efecto, organizando el conocimiento. Justificar supone validar una afirmación mediante razones sustentadas en un marco teórico. Argumentar, finalmente, implica persuadir a un destinatario, anticipar objeciones y posicionarse críticamente.

Esta gradación no solo clasifica textos; permite identificar niveles diferenciados de construcción del conocimiento, lo cual resulta especialmente relevante en entornos mediados por IA.

Uno de los efectos más relevantes del uso de inteligencia artificial en la producción textual es la aparición de lo que puede denominarse hiperformalización del discurso, que puede revisar en este post.

Se trata de textos que presentan coherencia estructural, uso adecuado de conectores y organización lógica, pero carecen de profundidad conceptual o validación epistémica. En estos casos, la IA facilita la producción de formas discursivas complejas sin exigir el desarrollo equivalente de las habilidades cognitivas que las sustentan.

Este fenómeno se vincula con lo que Neil Selwyn denomina “automatización del conocimiento aparente”, donde la tecnología produce resultados que simulan comprensión sin garantizarla (Selwyn, 2019).

La sintaxis algorítmica como mediación del pensamiento

La interacción con inteligencia artificial está mediada por lenguaje. Aquí emerge la noción de sintaxis algorítmica: la capacidad de estructurar instrucciones que orienten el tipo de operación cognitiva activada.

No es lo mismo solicitar “describe un fenómeno” que “argumenta con base en evidencia considerando un contexto específico”. La calidad de la respuesta depende, en gran medida, del nivel cognitivo que se demanda en la indicación.

En este sentido, la IA no sustituye el pensamiento, sino que lo refleja en función de la calidad del lenguaje que la activa, lo cual coincide con enfoques que destacan el papel del andamiaje lingüístico en la construcción del conocimiento (Vygotsky, 1978).

Si la calidad del discurso depende tanto del nivel cognitivo solicitado como de la interacción con la herramienta, entonces la evaluación tradicional centrada en el producto resulta insuficiente.

Implicaciones para la evaluación en el aula (versión ampliada)

La incorporación de inteligencia artificial en los procesos de enseñanza obliga a replantear profundamente los criterios de evaluación. Si un texto puede ser generado con alta calidad formal mediante IA, entonces la evaluación basada exclusivamente en el producto pierde validez como indicador del aprendizaje.

En este contexto, resulta necesario transitar hacia una evaluación centrada en el proceso cognitivo, lo cual implica al menos cuatro dimensiones analíticas:

1. Nivel cognitivo del discurso

El primer criterio consiste en identificar si el estudiante describe, explica, justifica o argumenta. Esta distinción permite evitar la sobrevaloración de textos que, aunque bien estructurados, no alcanzan niveles superiores de pensamiento.

2. Coherencia entre consigna y producción

No basta con que el texto sea correcto; es necesario analizar si responde al nivel cognitivo solicitado. Por ejemplo, una tarea que exige argumentar no puede ser satisfecha con una explicación ampliada.

3. Interacción con la IA

El proceso de interacción se vuelve objeto de evaluación. Esto incluye:

  • tipo de prompts utilizados,
  • iteraciones realizadas,
  • capacidad de reformulación.

Este enfoque se alinea con propuestas recientes de evaluación auténtica y analítica del aprendizaje en entornos digitales (Redecker & Punie, 2017).

Pensar también es saber pedir

El uso de inteligencia artificial no es automático ni neutral. Depende de cómo se use. Aquí entra en juego algo que podríamos llamar sintaxis algorítmica: la manera en que formulamos instrucciones para obtener respuestas.

No es lo mismo pedir:

  • “explica este tema” que
  • “argumenta esta idea considerando un contexto específico y posibles objeciones”.

La calidad de la respuesta depende, en gran medida, de la calidad de la pregunta. Y formular buenas preguntas también es una forma de pensar.

Por eso, el uso educativo de la inteligencia artificial no debería centrarse solo en lo que produce, sino en cómo se interactúa con ella.

En este sentido, evaluar implica observar si el estudiante logra trascender la respuesta generada y construir una voz propia.

Entonces, ¿cómo saber si hay pensamiento?

No hay una respuesta única, pero sí algunas pistas:

  • Cuando el estudiante puede explicar con sus propias palabras, no solo reproducir.
  • Cuando puede relacionar ideas y no solo enumerarlas.
  • Cuando logra justificar lo que afirma, apoyándose en conceptos o teorías.
  • Cuando es capaz de tomar una posición y sostenerla.

En cambio, cuando el texto es correcto pero no se puede profundizar en él, es probable que estemos frente a una ilusión cognitiva.

Una pregunta más importante que la tecnología

La inteligencia artificial no elimina la necesidad de pensar. Pero sí cambia las condiciones en las que el pensamiento se expresa.

Por eso, quizá la pregunta más relevante ya no es:
¿El estudiante usó inteligencia artificial?

Sino más bien:
¿Qué tipo de pensamiento hay en lo que presenta?

Y, sobre todo:
¿sigue pensando mientras la usa?

Conclusiones

La integración de inteligencia artificial en educación no redefine únicamente las herramientas disponibles, sino que cuestiona los criterios con los que históricamente se ha identificado el aprendizaje.

En un contexto donde es posible producir textos complejos sin garantizar procesos cognitivos equivalentes, el desafío ya no es enseñar a escribir, sino enseñar a pensar a través del lenguaje en interacción con sistemas generativos.

La propuesta de Jorba, Gómez y Prat adquiere en este escenario una relevancia renovada, al ofrecer un marco que permite distinguir niveles de pensamiento más allá de la apariencia discursiva.

El riesgo central no radica en el uso de inteligencia artificial, sino en la consolidación de prácticas educativas que validen la simulación del pensamiento como si fuera pensamiento real.

Por ello, la evaluación debe desplazarse del producto al proceso, de la forma al nivel cognitivo, y de la respuesta a la construcción del sentido.

En última instancia, la pregunta que orienta este debate no es tecnológica, sino epistemológica: ¿cómo sabemos que ha comprendido, cuando puede producir respuestas sin haber pensado?

Responder a esta pregunta constituye uno de los principales desafíos de la educación contemporánea.

Referencias

Holmes, W., Bialik, M., & Fadel, C. (2023). Artificial intelligence in education: Promises and implications for teaching and learning. Center for Curriculum Redesign.

Jorba, J., Gómez, I., & Prat, A. (2000). Hablar y escribir para aprender: Uso de la lengua en situación de enseñanza-aprendizaje. Síntesis.

Luckin, R., Holmes, W., Griffiths, M., & Forcier, L. B. (2022). Intelligence unleashed: An argument for AI in education. Pearson.

Redecker, C., & Punie, Y. (2017). European framework for the digital competence of educators (DigCompEdu). European Commission.

Selwyn, N. (2019). Should robots replace teachers? AI and the future of education. Polity Press.

Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press.