lunes, 1 de marzo de 2010

Crónica de un despertar demasiado temprano. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Casi todos los días me levanto a la misma hora, cuando el sol empieza a proyectarse sobre la ventana de mi habitación, que aun con cortinas deja filtrar parte de su luz.

En ese momento parece que mi reloj interno, sí es que existe, me dice muy bajito:

- No sigas durmiendo, para qué perder el tiempo en la cama, si puedes salir, escuchar las aves cantando (por cierto algunas deberían quedarse mudas de lo ruidosas y chillonas que son), ver el sol salir, me dice mi reloj interno y me pregunto: (qué sol si en estos días no se ve)

Me convence mi reloj y me levanto, esta vez a escribir un libro que me han pedido y que se me está antojando va a ser más largo de lo que pronostiqué.

Pero hoy fue el fin del sueño. Mi esposa que se levantó temprano, hizo toda la bulla posible, desde la puerta del cuarto que cierra cuando le da la gana, hasta la del baño que nos enseñó una armonía de ruidos. Llegué a odiar las puertas, las arrancaré de sus marcos.

Un rato después el perro de la casa, el pobre, viejo como está, es un chinchoso de primera categoría y sale a la verja de la calle a ladrarle a cuanta persona ve pasar, el muy desgraciado debería quedarse mudo, al igual que algunos pájaros, serán de la misma familia?

Dispuesto a seguir un rato más en mi sueño, empiezo a escuchar las estridentes y desafinadas cornetas de los repartidores de gas, será posible que alguien se las coloque en sus oídos para que queden sin tímpanos.

Pero ya cuando el silencio volvía y con el él sueño raptado, una escoba empieza a moverse y barrer el patio de la casa del lado, increíble la vecina a las seis y media de la mañana estaba barriendo el patio, la madre que la parió.....

Me senté a escribir el libro y para llegar al máximo, los policías del Colegio del frente de mi casa, entablaron una sinfonía de silbatos, demostrando que tienen los mejores pulmones de todos los policías de la Ciudad, unido a los chóferes que con sus desubicadas bocinas ponen a todos al máximo del ruido.

En fin, ya no se sí hay ruido o no, quería escribir y me salió de esta manera.

Carlos Bravo Reyes
Marzo 2010

3 comentarios:

  1. de eso si me recuerdo, bueno también lo viví, creo que te faltó lo del domingo y los cantos.
    Osvaldo

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  2. jajajajaja, buenísimo lo de la vecina

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