lunes, 5 de septiembre de 2011

Receta para hacer una telenovela.


La telenovela llegó a América latina para quedarse, como décadas antes lo hizo la Coca Cola y los pantalones vaqueros.

No existe otro espacio televisivo, a excepción de los partidos y copas de fútbol, que ocupen a tantos espectadores. No tienen distinción de sexo, edad, ocupación laboral o clase social. Los mismo hombres que mujeres siguen los avatares románticas, las peleas, los celos o la envidia de los personajes de la telenovela y prestan tanta atención como cuando se acercan a la portería del contrario para lograr un gol.

Ellas trascienden fronteras, idiomas, credos religiosos y nacionalismo. La diseminación de la telenovela es tan grande que se trasmiten desde China y Rusia, hasta África. Algunos años atrás tuve la oportunidad de pasar en el mismo día, por tres ciudades latinoamericana. En La Paz, Lima y Ciudad de México trasmitían la misma telenovela. 

Brasil, Venezuela, México y Colombia son los principales productores de telenovelas también llamadas culebrones. Su influencia es variable en cada país, a veces les cambian de nombre. Recuerdo una telenovela que pasaban en Cuba en los años 90, que se llamaba “Gotita de gente” y era tan mala que la población le cambió el nombre por “Gotita de plomo”.

La frase del personaje principal lo mismo la escuchamos en Caracas que en Buenos Aires y después no sabemos sí es de uno de estos países. De ese modo, el dicho, la frase, los personajes pasan de un país a otro sin pasaporte, ni permisos de inmigración.

Pero el tema de este comentario me lo propuso, una amiga, avezada cocinera, cuando una tarde compartí su cocina con uno de esos culebrones. Ella, experta no solo en la elaboración de alimentos, sino en adivinar el desenlace amoroso de la protagonista de cada novela, me propuso su receta que provoca el título del comentario. 

Mézclese partes iguales de hombres y mujeres, edades y sexos. Añádase un poco de pobres, sí son tontos y gritones mejor, dilúyase un poco de celos, un toque de envidia, un ápice de hijos abandonados y otros de lo que se pasan la vida buscando a sus padres y resultan que son sus vecinos. 

Añada muchas lágrimas y besos, pobreza y riqueza. Bata todo en mansiones de ricos que no trabajan y de pobres que por mucho trabajar nada tienen. Adórnese con autos de último modelo, vestidos elegantes para mujeres con silicona en todas partes y con variedad de joyas, mientras más caras mejor. 

Búsquese un nombre que pegue con amor, sexo, violencia o paz, no importa sí es corto como café. Sírvase bien caliente, con mucha publicidad e invente un horario estelar para trasmitirla.

Con esta fórmula de seguro muchos se lanzarán a la conquista de su puesto de director. Embúllese que usted puede ser uno de ellos.

1 comentario:

  1. Es la pura verdad..las novelas siempre distorcionan a las personas ya sea de una forma u otra forma...total qe al final la persona termina cambiando de forma de vida...particularmente a mi no me gustan las novelas..
    POSDATA: Espero qe este comentario no les incomode a las personas qe les gusta mirar novelas...Buen inicio de semana a todos..!!

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