En colaboración con la Dra Mercedes Leticia Sánchez venimos desarrollando el concepto de aitoxicación, expuesto en dos entradas anteriores. En la primera explicamos que la aitoxicación es la
intoxicación por herramientas e informaciones sobre la inteligencia artificial, enfatizando que estamos ingresando a una saturación tanto de herramientas como de noticias en este campo. En el siguiente y los restantes que componen esta serie, expusimos que la curación de contenido interactivo, es una de las muchas vías para disminuir la aitoxicación. En este comentario insistiremos en que estamos en la obligación de IA-alfabetizarnos, siendo otra de las vías necesarias para encarar la problemática de la aitoxicación. .
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Imagen generada con Bing |
Si décadas atrás,
con la llegada de Internet, computadoras, dispositivos móviles y otros equipos nos
vimos obligados a la alfabetización digital, ahora con la disrrupción acelerada
de la IA, estamos en el camino de nunca acabar en la alfabetización digital.
A través del
análisis de los desafíos actuales, se plantea la necesidad urgente de formar
ciudadanos capaces de comprender, cuestionar y dialogar con los sistemas de IA
que cada vez más median nuestras decisiones.
Estamos atravesando una nueva transformación educativa: el paso de
la alfabetización digital a lo que ya muchos llaman la IA-alfabetización. Al
principio, la inteligencia artificial fue concebida como una herramienta más:
un complemento técnico, un apoyo para optimizar tareas rutinarias. Sin embargo,
en muy poco tiempo, la IA ha dejado de ser un mero asistente para convertirse
en un actor
cotidiano, que escribe, crea imágenes, predice decisiones,
propone soluciones e incluso genera conocimiento.
Este escenario obliga a repensar el papel de la educación y el tipo
de ciudadanía que estamos formando. Nos encontramos ante una decisión crítica: o
aprendemos a convivir críticamente con la inteligencia artificial, o nos
convertimos en usuarios pasivos de decisiones que ya no tomamos.
¿Qué es la alfabetización digital y por qué ya no es
suficiente ante la IA?
La alfabetización digital nació con el objetivo de enseñar el uso
básico de tecnologías: el manejo de dispositivos, navegadores, correo
electrónico y herramientas de comunicación. Con el tiempo, se amplió hacia el
desarrollo de competencias para buscar, evaluar y producir información, así
como para participar críticamente en entornos digitales.
Emergió a finales del siglo XX como una extensión
de la alfabetización tradicional, en respuesta al avance de las tecnologías de
la información y la comunicación (TIC). Inicialmente, se enfocaba en enseñar
habilidades funcionales: el uso de computadoras, navegación por internet,
procesamiento de textos y comunicación en entornos digitales.
Con el tiempo, su definición se amplió para abarcar
competencias más complejas, como la evaluación crítica de la información, la
creación de contenidos digitales, la participación ética en entornos virtuales
y la comprensión de los riesgos en línea. Organismos como la UNESCO, la International Society for
Technology in Education (ISTE) y el Marco Europeo de Competencias Digitales (DigComp) han contribuido a estandarizar estas competencias, integrándolas en
marcos educativos que buscan formar ciudadanos digitales críticos, seguros y
activos.
Sin embargo, la irrupción de la inteligencia
artificial ha marcado un nuevo punto de inflexión. A diferencia de la
alfabetización digital, que se centraba en el uso consciente de herramientas
tecnológicas. La IA-alfabetización incorpora una capa adicional: la comprensión del funcionamiento, los
alcances, los límites y las implicaciones éticas de los sistemas inteligentes.
Según propuestas recientes, como las del AI4K12 Initiative (dirigida
al contexto escolar en EE.UU.) o el OECD AI Competency Framework for Students, la IA-alfabetización
implica entender conceptos como algoritmos, aprendizaje automático, toma de
decisiones automatizadas y sesgos algorítmicos, al tiempo que promueve el
desarrollo del pensamiento crítico frente a los resultados generados por
sistemas de IA.
En suma, mientras la alfabetización digital
capacita para interactuar eficazmente con el entorno tecnológico, la IA-alfabetización da un paso más: forma para
convivir, comprender y cuestionar las decisiones que estas tecnologías pueden
tomar en nuestra vida diaria. No se trata solo de enseñar a usar
herramientas inteligentes, sino de preparar a los ciudadanos para dialogar con
ellas desde una postura informada, ética y responsable.
Sin embargo, saber usar tecnología no
es lo mismo que comprenderla. En la actualidad, gran parte de
las decisiones que afectan la vida cotidiana —desde recomendaciones de
contenido hasta oportunidades laborales— están mediadas por sistemas de
inteligencia artificial. Por ello, la alfabetización digital tradicional resulta
insuficiente. Necesitamos
formar usuarios que comprendan cómo funciona la IA, qué límites tiene y qué
impactos genera. ¿Qué se debe aprender en esta nueva alfabetización?, lo
trataremos en el siguiente comentario.
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