Pero el hombre no está hecho para la derrota —dijo—.
Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado (Santiago, el pescador)
Escucha el podcast, un análisis detallado que puede escuchar desde aquí
En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz
Soy
un gran admirador de la obra de Ernest Hemingway, y recientemente volví a leer
“El Viejo y el mar”, ambientada en Cojímar, un pueblo de La Habana, en
el que el escritor solía atracar su yate Pilar. La idea de esta novela radica
en la perseverancia, el oficio de pescador y la dignidad de no ser derrotado.
En un contexto pedagógico, también se puede leer como un laboratorio de
decisiones: cada avance del personaje principal ocurre tras elegir un rumbo,
ajustar una táctica, administrar recursos limitados, sostener una meta y
aceptar pérdidas sin abandonar el criterio de su vida.
Esa estructura es útil
para resolver un problema real en educación superior: muchos estudiantes y
profesores emplean la inteligencia artificial de modo superficial, con
preguntas rápidas y aceptación automática de respuestas, sin un proceso de
decisión que controle calidad, pertinencia y validez. La propuesta de este
artículo es trabajar la obra como un simulador narrativo de decisiones
mediadas por IA, donde el texto actúa como escenario, el estudiante como
decisor y la IA como apoyo instrumental sometido a verificación. Esta idea
puede ser útil para cualquier otro tipo de lectura.
Lo que se persigue no es
“literaturizar” la IA, sino convertir una obra literaria en una secuencia
formativa que entrene competencia como las de plantear problemas, formular
preguntas, seleccionar criterios, justificar opciones y evaluar resultados.
Ese entrenamiento se alinea con el enfoque histórico-cultural: la herramienta
importa, pero lo decisivo es la mediación, la actividad guiada, el lenguaje
como organizador del pensamiento y la construcción de autonomía.
El simulador
narrativo: de la lectura al proceso de decisión mediada por IA
Para demostrar lo
anterior, la idea de un simulador parte de una premisa didáctica simple: si una
historia contiene decisiones encadenadas con consecuencias claras, entonces
puede convertirse en un entorno de práctica. En El viejo y el mar, la cadena de
decisiones es visible: la salida al mar tras una racha adversa, la elección de
ir solo, la lectura de señales, el manejo de fuerza y fatiga, la administración
de lo que se tiene y la respuesta a eventos inesperados. Cada uno de esos
momentos puede traducirse a una competencia académica con IA: delimitar el
problema, formular un prompt útil, fijar criterios de calidad, contrastar con
evidencia y decidir el siguiente paso. Desde esta perspectiva, el
estudiante deja de googlear con la IA y pasa directamente a trabajar con ella.
El simulador funciona
cuando el profesor no pide “un análisis del libro”, “un resumen”, sino que
plantea “situaciones de decisión”, obligando a documentar el razonamiento. El
estudiante no escribe para alcanzar la calificación, escribe para mostrar
control del proceso.
Un modo riguroso de
implementarlo es convertir el relato en episodios decisionales. Cada
episodio se trabaja con tres componentes: situación, decisión exigida,
evidencia. La situación es un fragmento o un resumen breve del momento
narrativo. La decisión exigida es una pregunta del tipo: ¿qué haría el
estudiante y por qué?, con restricciones explícitas. La evidencia es doble:
evidencia textual, para no inventar; y evidencia de salida de IA, para no
obedecer ciegamente.
Ejemplo de episodio: el inicio del relato con una racha de mala
suerte por parte de Santiago y la tensión entre experiencia y reputación.
Restricción: No se permite usar la IA para “resolver” la interpretación,
solo para proponer alternativas de decisión y sus riesgos. Decisión exigida:
Qué información adicional debes buscar antes de actuar y cómo la conseguiría.
Aquí se entrena una conducta clave: antes de preguntar, definir qué falta.
La IA puede sugerir hipótesis, pero el estudiante debe decidir qué hipótesis
son correctas según el texto.
Otro episodio: el momento en que Santiago reconoce límites
materiales y se obliga a operar con lo disponible. Restricción: La IA
solo puede usarse para generar opciones tácticas y criterios de selección, no
para redactar la respuesta final. Decisión exigida: Cuál es su criterio
principal de selección y cómo lo justifica. Aquí se entrenan criterios
explícitos, una habilidad central en evaluación educativa: cuando el
criterio no existe, la IA domina; cuando el criterio está formulado, la
IA se vuelve útil y controlable. Si esto lo tomamos en cuenta en cada
momento del empleo de la IA, estaríamos ganando la batalla contra el copiar y
pegar.
Un tercer episodio: el tramo donde el logro se transforma en pérdida
por factores externos (los tiburones). Restricción: el estudiante debe
separar lo controlable de lo no controlable. Decisión exigida: ¿Qué
parte del proceso modificarías si repitieras la tarea, y qué parte aceptarías
como riesgo inherente? Esto entrena la metacognición: el estudiante aprende
a evaluar su proceso, no solo su resultado. En el uso de IA, esa distinción es
decisiva para evitar frustración y para evitar credulidad. Estos ejemplos se
transforman en criterios de evaluación, útiles para estudiar esta obra de la
literatura, como una de metodología de la investigación.
El simulador gana fuerza
cuando el profesor introduce una bitácora de decisiones. No tiene que
ser extensa, pero debe ser estricta. En cada episodio, el estudiante registra
cinco elementos en texto corrido: qué quiso lograr, qué le preguntó a la IA,
qué le respondió la IA, qué aceptó o rechazó y por qué, qué evidencia del texto
usó para justificar. Ese registro convierte el uso de IA en un objeto
evaluable y reduce el “copiar y pegar” porque el producto evaluado es el
razonamiento, no la redacción final. Entonces, en vez de pedir el resumen de
la obra o su opinión escrita en un papel, exija la bitácora de decisiones. Puede
ser una tabla que se le entrega al estudiante para que la rellene.
Desde la taxonomía de
Bloom, el simulador mueve al estudiante desde comprender hacia analizar,
evaluar y crear. Comprender aparece cuando identifica qué ocurre en el
episodio seleccionado. Analizar aparece cuando distingue variables y
restricciones. Evaluar aparece cuando juzga la salida de la IA con
criterios. Crear aparece cuando produce una decisión argumentada y una
táctica propia.
Para sostener la
exigencia académica, hay tres controles didácticos que suelen marcar la
diferencia. El primero es la obligación de evidencias textuales: ninguna
afirmación interpretativa puede quedar sin anclaje en el relato. El segundo es
la auditoría de la IA: el estudiante debe señalar al menos un punto en
que la IA exagera, asume o generaliza. El tercero es la reescritura humana:
la respuesta final no puede parecer “voz de modelo”, debe mostrar elección,
duda razonada y justificación.
La evaluación puede ser
numérica sin complicarse. El profesor puede calificar con cuatro criterios
breves o rúbricas, descritos en la consigna: calidad del planteamiento de la
decisión, pertinencia del prompt y de la interacción con IA, solidez de la
verificación con el texto y coherencia de la justificación final. En este
enfoque, la nota no premia la elocuencia, premia el control metodológico. Esta
metodología resuelve uno de los grandes dilemas que se presentan con el empleo
de la IA: cuánto es de la IA y cuánto del estudiante.
Conclusión
Emplear El Viejo y el mar
como simulador de decisiones mediadas por IA permite enseñar lo que más falta
en el uso superficial de herramientas: criterio, verificación, justificación
y autonomía. La obra ofrece un escenario cultural donde las decisiones
tienen costo, y ese costo obliga a pensar. La IA funciona como instrumento para
ampliar alternativas y anticipar riesgos, pero se mantiene bajo control
pedagógico gracias a criterios explícitos y evidencia textual.
Al estudiante le puede
pedir: “Trabaje tres episodios del relato (o cualquier otro libro) como
simulación de decisiones; en cada episodio interactúe con IA solo para generar
alternativas y riesgos; registre una bitácora breve de su decisión y
justifíquela con evidencias del texto; entregue una decisión final escrita”.
Con esa estructura, la lectura deja de ser comentario literario y se convierte
en entrenamiento real de competencia para dialogar con IA sin perder el sentido
crítico.
Pruebe este ejercicio con
otro tipo de texto; lo importante es que el estudiante trabaje con la IA, pero
de un modo controlado por él, entregando un trabajo con criterio propio.
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