martes, 25 de marzo de 2025

Curación interactiva de contenidos: su contribución en la disminución de la aitoxicación.

En colaboración con la Dra. Mercedes Leticia Sánchez Ambriz


En un comentario reciente en el blog reflexionamos sobre un fenómeno cada vez más evidente:
la saturación informativa provocada por la inteligencia artificial. Ante la avalancha de nuevas aplicaciones basadas en inteligencia artificial generativa (IAG) y la circulación constante de noticias, artículos, estudios, publicaciones en redes sociales e incluso rumores, estamos viviendo un momento en el que resulta prácticamente imposible procesar siquiera una fracción de la información disponible.

Este fenómeno, que hemos comenzado a llamar aitoxicación —una especie de intoxicación por inteligencia artificial— describe el estado de agotamiento cognitivo y emocional que genera la sobreexposición al contenido relacionado con la IA.

Las causas de la aitoxicación son múltiples. Por un lado, la hiperproducción mediática sobre IA nos enfrenta a titulares que van desde lo alucinante y sensacionalista hasta lo abiertamente fantasioso, promoviendo narrativas de dominio o sumisión del ser humano frente a las máquinas. En el otro lado, también hay información seria, crítica y fundamentada que busca explicar los avances reales, sus beneficios, desafíos éticos y aplicaciones concretas en la educación, la salud, el trabajo, la creatividad y otros sectores.

Este escenario nos remite inevitablemente a la advertencia que Alvin Toffler formuló en su obra El shock del futuro (1970), donde anticipó que las personas comenzarían a experimentar desorientación, ansiedad y estrés frente a la velocidad de los cambios sociales y tecnológicos. Lo que entonces parecía una mirada futurista, hoy se manifiesta con fuerza en nuestras aulas, actualizado por la irrupción vertiginosa de la inteligencia artificial en casi todos los ámbitos de la vida cotidiana.

En este contexto, los docentes vivimos en una constante tensión entre la necesidad de innovar y la incertidumbre que generan las herramientas digitales que utilizamos. Nos preguntamos: ¿Qué plataformas son adecuadas para mi clase? ¿Cómo explico su uso? ¿Cuáles conocen los estudiantes? ¿Cómo las integro sin trivializar el aprendizaje?

Pero a la hora de impartir la clase, nos enfrentamos a otro reto: la herramienta que ayer era gratuita hoy exige pago o desapareció. A veces encontramos que cambió de URL, de empresa, de interfaz, diseño y herramientas de uso. Esta inestabilidad constante acentúa una sensación de inseguridad y desconfianza, y muchas veces nos frena en el empleo pedagógico de la IA.

La experiencia cotidiana del docente frente a la IA no es solo técnica, sino profundamente emocional y humana: es la vivencia del desconcierto frente a una transformación que parece nos lleva por el camino de la incertidumbre.

Este panorama exige no solo formación técnica, sino también acompañamiento, espacios de reflexión compartida y políticas educativas que reconozcan el valor del tiempo y la estabilidad para los procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero si los educadores no contamos con certezas mínimas y marcos éticos claros, el riesgo es replegarnos, resistir por cansancio o delegar sin sentido crítico en las herramientas de moda.

En definitiva, la IA no puede ser una moda pasajera en la educación, pero tampoco una amenaza silenciosa. Necesitamos construir una relación pedagógica con ella, que combine comprensión, mesura y creatividad, para que no sea el vértigo quien dicte nuestras decisiones en el aula.

En este entorno marcado por el cambio constante, la saturación informativa y la sensación de inestabilidad, surge una necesidad urgente: aprender a discernir, filtrar y organizar los recursos que realmente aportan valor al proceso educativo. Es aquí donde la curación de contenidos con apoyo de inteligencia artificial se convierte en una estrategia clave, no solo para reducir la sobrecarga cognitiva, sino para potenciar una práctica docente más crítica, eficiente y significativa.

Curación de contenidos.

En el contexto actual, donde la inteligencia artificial acelera la producción y circulación de información a un ritmo sin precedentes, la capacidad de seleccionar contenidos relevantes se convierte en una competencia esencial. Ya no se trata solo de acceder a datos, sino de dar sentido al caos informativo, identificar lo pertinente y estructurarlo de forma coherente para fines pedagógicos concretos.

Curar contenidos no es simplemente acumular información: es ejercer un acto crítico de selección, interpretación y organización del conocimiento, especialmente en un entorno donde la sobreabundancia de datos puede generar más confusión que claridad. Esta labor, que hoy se potencia con el uso de herramientas de inteligencia artificial, cobra una relevancia estratégica en el ámbito educativo, no solo por su valor práctico, sino por su dimensión formativa.

Lejos de ser una práctica reciente, la curación de contenidos tiene sus raíces históricas profundas, que se remontan en el siglo I a.C.,  con La Guirnalda de Meleagro de Gadara, donde reunió una selección de poemas que daría origen a la Antología Griega, un ejemplo temprano de organización temática y estética del saber. Más adelante, en el siglo V d.C., el Anthologion de Juan Estobeo recopiló extractos de centenares de autores, abarcando disciplinas diversas, con el propósito de conservar lo esencial del pensamiento de su tiempo.

Durante siglos, las bibliotecas y los museos han sido guardianes del conocimiento, curando obras, clasificándolas, preservándolas y poniéndolas al alcance de la sociedad. Antes de la digitalización, este trabajo era realizado manualmente, apoyado en el juicio experto de quienes tomaban decisiones sobre qué preservar, cómo catalogarlo y para quién hacerlo accesible.

Con la irrupción de Internet, la explosión informativa y la aparición de la inteligencia artificial, la curación ha dejado de ser un proceso reservado a especialistas. Hoy se convierte en una tarea fundamental para universidades, instituciones escolares y, de forma más directa, para el docente en el aula, quien debe asumir el rol de mediador entre la abundancia y la relevancia, entre lo accesible y lo pedagógicamente significativo.

En suma, la curación de contenidos hoy se asume como un acto consciente de selección y organización del saber, que ha acompañado al ser humano desde sus primeras formas de preservación cultural. Hoy, en plena era digital y algorítmica, esta práctica no solo se mantiene vigente, sino que se transforma y amplifica, exigiendo nuevas competencias por parte de quienes educan y aprenden.

Sin embargo, en este nuevo escenario de colaboración entre humanos y tecnologías inteligentes, la curación ya no es un proceso unidireccional ni estático. La participación activa de los usuarios, la retroalimentación en tiempo real y el uso de plataformas que permiten explorar, comentar, construir y compartir conocimiento han dado lugar a una nueva dimensión: la curación interactiva.

Curación interactiva.

La introducción de herramientas de IA permite desarrollar otra manera de curar el contenido que se le puede denominar curación interactiva. Esta modalidad va más allá de la simple recopilación y clasificación de información: propone una experiencia activa, en la que el usuario puede interactuar directamente con el conocimiento a través de interfaces conversacionales.

El primer paso es la selección cuidadosa del contenido, guiado por un objetivo definido y sustentado en el criterio del curador. Pero el elemento innovador está en el segundo paso: el diseño de un Bot conversacional, capaz de responder preguntas específicas, adaptarse al nivel del usuario y ofrecer información en tiempo real, dentro de un marco temático concreto.

Un ejemplo de esta práctica es la creación de GPTs personalizados en ChatGPT, como el caso del GPT “Estratega de IA, diseñado para recomendar estrategias didácticas sobre el uso de la inteligencia artificial en distintos niveles educativos. Su desarrollo se basó en una curación profunda de contenido especializado sobre este tema.

Para ello, se utilizaron plataformas como ResearchRabbit, Connected Papers, Google Académico y Redalyc. En ResearchRabbit, por ejemplo, se identificaron 30 artículos clave que, mediante sus conexiones, permitieron explorar más de 300 documentos relacionados con estrategias de enseñanza y aplicaciones de IA en contextos educativos. Esta red de conocimiento curado sirvió como base conceptual y temática para alimentar al GPT personalizado, garantizando la calidad y pertinencia de las respuestas que ofrece.

En la siguiente imagen puede observarse el resultado visual de la búsqueda inicial en ResearchRabbit, que da cuenta de la riqueza y profundidad del proceso de curación interactiva llevado a cabo.

 

En Connectpapers, un sitio similar al anterior, la consulta realizada con la cuenta gratuita, y solo solicitando los papers del 2014 y 2015, dio la cifra de más de cien trabajos, algunos de estos enlaces se observan en el gráfico.

En Google académico, la cifra ascendió a más de 17 000 trabajos con las palabras estrategias de empleo de la IA. Por otro lado, en Redalyc el resultado fue más preciso con 114 trabajos.

Como se puede apreciar, el volumen de artículos recuperados en las búsquedas especializadas resulta abrumador, lo que vuelve prácticamente inviable que un docente —con una carga laboral ya exigente— pueda leer, analizar y sistematizar siquiera una mínima parte de esa producción académica. Esta realidad dificulta la toma de decisiones informadas sobre qué estrategias implementar en el aula al integrar la inteligencia artificial, generando aún más incertidumbre en un contexto que ya de por sí se percibe como vertiginoso y cambiante.

Frente a esta situación, la creación del GPT "Estratega de IA" representa una alternativa innovadora y accesible para los docentes. Este asistente conversacional, construido a partir de una curación rigurosa de contenidos académicos especializados, permite establecer un diálogo directo con el conocimiento, facilitando la exploración, comparación y selección de estrategias didácticas adaptadas a distintos niveles educativos y contextos.

Este enfoque representa lo que denominamos curación interactiva, una forma de organización del saber en la que el usuario no recibe pasivamente la información, sino que interviene activamente en su configuración a través de preguntas, ajustes y recorridos personalizados. Ya no se trata de consumir contenido curado por otros, sino de co-construir una experiencia de aprendizaje con el apoyo de herramientas de IA.

Este tipo de curación, habilitada por tecnologías como los GPT personalizados, no solo ahorra tiempo y amplía el acceso al conocimiento relevante, sino que también contribuye a reducir los efectos de la "aitoxicación" —ese estado de saturación y desorientación frente al exceso de información sobre inteligencia artificial— al ofrecer rutas claras, temáticamente acotadas y pedagógicamente significativas.

En este sentido, la curación interactiva se perfila como una respuesta pedagógica y tecnológica eficaz ante la sobrecarga informativa, promoviendo una relación más saludable, crítica y estratégica con los contenidos disponibles en la era de la inteligencia artificial.

Con este ejemplo, se muestra cómo la curación de contenidos se posiciona como una competencia clave, no solo para organizar y filtrar datos, sino para construir conocimiento significativo. Y cuando este proceso incorpora la interacción directa entre el usuario y una inteligencia artificial entrenada sobre bases académicas confiables, hablamos de curación interactiva: una nueva forma de mediar el conocimiento, más ágil, personalizada y centrada en las necesidades reales del docente y del estudiante.

El ejemplo del GPT “Estratega de IA” nos demuestra que es posible transformar la saturación informativa —la llamada aitoxicación— en una oportunidad para el aprendizaje guiado, el diálogo inteligente y la toma de decisiones pedagógicas fundamentadas.

Educar con inteligencia artificial no significa ceder el control a los algoritmos, sino aprender a dialogar con ellos, a cuestionarlos y a integrarlos como herramientas al servicio del pensamiento humano. La curación interactiva no sustituye la labor docente: la amplifica, la acompaña y la potencia, devolviendo al profesor el tiempo, el criterio y la claridad que necesita para enseñar en tiempos de complejidad.

jueves, 13 de marzo de 2025

Cuando las matemáticas se quieren interpretar al revés.


Recientemente, concluyó el proceso de admisión estudiantil en nuestra Facultad. Fue un esfuerzo enorme, casi siempre secundado por un grupo de agoreros, que llenaron de piedras un camino que debía ser llano para todos.

Los bachilleres deben tomar dos exámenes, ambos se ejecutan de manera digital, empleando o bien un sistema que tiene la propia universidad o una instalación Moodle que se ejecuta en otra facultad. El sistema de la universidad requiere cargar previamente un instalador que supuestamente garantiza la seguridad en el acceso al examen, al crear un sistema de claves para el número total de máquinas. Este sistema es válido solamente para el día del examen.

En la facultad de Humanidades se disponen de no más de 50 computadoras, distribuidas en dos laboratorios. Los equipos son obsoletos, algunos se reinician con frecuencia, en otros las pantallas después de tantos años de uso no funcionan correctamente. A esto se suma que el laboratorio más grande, donde solo están activas unas 40 máquinas, desde hace meses no le funcionan sus equipos de aire acondicionado. Es posible imaginarse que un ambiente cerrado, debido a su diseño, con máquinas que desprenden calor en su funcionamiento, no es el adecuado para realizar un examen.

En una encuesta realizada al concluir el segundo examen, se les preguntó a los bachilleres; en una semana qué tiempo empleaban una PC o portátil. Para sorpresa, solo el 24 % respondió que utiliza diariamente una computadora, el 43 % algunas veces, el 18 % muy pocas veces y el 14 % responde que nunca. Estos datos nos sitúan en una situación más compleja, pues la mayoría no tiene las habilidades mínimas para trabajar con una PC.  Nos encontramos durante los dos exámenes con estudiantes que no conocían el teclado de la computadora.

En estas situaciones se genera un mayor estrés a los estudiantes, ya que deben responder 40 preguntas en 40 minutos. La práctica demostró que, como promedio, demoraron unos 30 minutos, aunque la mayoría con muy bajos puntajes.

No es necesario ser experto en higiene escolar para comprender que tomar un examen en condiciones de calor excesivo y con estudiantes que muestran pobres habilidades para el trabajo con las computadoras es altamente negativo.

Aplicando matemáticas simples.

Para este proceso se matricularon 1218 estudiantes, que rinden dos exámenes. Los estudiantes antes de ingresar al examen deben colocar su huella dactilar para su reconocimiento. En los exámenes que realizamos en el segundo semestre del pasado año, empleando las computadoras de la facultada, nos topamos con que uno de los dos lectores no funcionó. En ese momento debían ir al laboratorio de la planta baja, tomar la huella y subir nuevamente. Por lo general el proceso de vaciar el laboratorio, tomar las huellas y esperar por que los estudiantes se acomoden en sus puestos, demora unos 70 minutos por cada grupo.  

Si tomamos en cuenta la cantidad de estudiantes y la cantidad de máquinas, da como resultado que se deben dividir en 25 grupos. Cada grupo consume 70 minutos como mínimo, eso significa que en total deberíamos trabajar unas 30 horas continúas o el equivalente a 4 días de trabajo. Todo esto sin contar con los problemas técnicos que siempre se presentan. Además, el software que emplea la universidad exige que cada día se cambie la clave, por lo que se debe cargar máquina tras máquina, lo que consume cada día tiempo extra.

Considerando ese cálculo tan sencillo, que, al ser repetido en la segunda ocasión, sería el mismo resultado, es que se decidió realizar el examen en otros ambientes. De este modo no se pierden ocho días de trabajo y de estudio por parte de los bachilleres. Este ambiente que es de la Universidad, dispone de 150 computadoras, todas en red, sin conexión a Internet y con ambientes climatizados, amplios y de fácil acceso. A este se suma que disponen de un personal especializado y dispuesto a resolver cualquier dificultad técnica que se presente.

En conclusión, suponer que es mejor perder 8 días de preparación de los estudiantes y tomar un examen en ambientes dañinos a la salud, que solo reducirlo a dos días y en locales correctamente equipados, es no saber matemáticas o jugar a seguir creando problemas donde debe existir la paz. En esta ocasión, para tranquilidad del equipo de los profesores de la Facultad, el proceso concluyó con el ingreso de más de 800 estudiantes en todas las carreras.

En el siguiente comentario explicaré sobre las clases en YouTube y el empleo de los Chatbots para la preparación de los estudiantes.