domingo, 12 de abril de 2026

Sintaxis algorítmica: la competencia necesaria para interactuar con la IA

 

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

El podcast como siempre con ejemplos que acompañan el contenido, lo puedes escuchar desde aquí. 

Cuando a un docente se le propone crear una imagen con inteligencia artificial y se le pregunta ¿cómo la quiere? la respuesta suele quedarse en lo general: el tema, la materia, una idea amplia. “Algo sobre la Revolución”. “Una imagen de ciencias”. “Un esquema de matemáticas”.

La precisión no aparece. No es que no tenga la idea. Es que no logra estructurarla lingüísticamente. Aquí hay una falla que casi no se nombra. No es tecnológica. Es lingüística. La IA es una máquina que responde a nuestras peticiones, si no son claras, tampoco la respuesta lo será. La inteligencia artificial no está fallando: lo que falla es la forma en que se le indica qué hacer.

El lugar del sustantivo

Buena parte de los problemas de redacción y, ahora, de interacción con IA, comienza en un punto muy concreto: el sustantivo.

Se nombra, pero no se construye.

El sustantivo, por sí solo, no dirige nada. Necesita un entramado: modificadores, complementos, relaciones que delimiten su alcance. Sin esa organización, el enunciado queda abierto. Y un enunciado abierto no orienta: se dispersa.

Decir “una imagen de la célula” no es suficiente. ¿Qué tipo de imagen? ¿Para quién? ¿Con qué propósito? ¿Qué debe destacarse? Si eso no se explicita, el lenguaje no opera.

Como plantea Guillermo Rojo et al. (2023), la sintaxis organiza la información en función de la intención. Cuando esa organización falla, el sentido no desaparece, pero pierde precisión. Y en interacción con IA, esa imprecisión se amplifica.

Nombrar no es dirigir

En el ámbito educativo se ha trabajado durante años el contenido: qué enseñar, qué tema abordar, qué concepto explicar. Pero con inteligencia artificial eso ya no alcanza. Hoy el valor de la pregunta cobra una nueva dimensión.

Saber qué se quiere no equivale a saber cómo decirlo para que produzca efecto.

Un prompt como:

“Haz una imagen de la fotosíntesis” nombra el tema, pero no dirige nada.

En cambio: “Genera una imagen didáctica de la fotosíntesis para estudiantes de secundaria, con etiquetas claras en cada fase del proceso y colores diferenciados para facilitar su comprensión”

No solo nombra: estructura, delimita, orienta.

La diferencia no es de contenido. Es de sintaxis.

Errores de redacción, errores de dirección

Muchos errores que solemos atribuir a descuidos, discordancias, ambigüedades o problemas de régimen preposicional, responden en realidad a una dificultad mayor: los elementos del enunciado no están ocupando su lugar funcional (Real Academia Española, 2009).

·         El sustantivo no delimita.

·         El verbo no dirige.

·         Los complementos no precisan.

Y entonces el mensaje queda en un punto intermedio: se entiende, pero no actúa.

Los modelos de lenguaje operan mediante predicción probabilística de secuencias; cuando la estructura es difusa, la respuesta también lo es. No hay error en el sistema; hay apertura en la instrucción.

Solo quien domina la sintaxis en su dimensión funcional puede reorganizar el enunciado hasta hacerlo unívoco.

Sintaxis algorítmica

Aquí aparece una competencia que no estamos nombrando —y, por lo tanto, tampoco enseñando—: la sintaxis algorítmica.

No se trata de gramática normativa ni de análisis escolar. Se trata de la capacidad de estructurar el lenguaje de manera que funcione como instrucción. Ver el valor de la pregunta.

Un prompt no es solo una pregunta. Es una forma de organización del pensamiento.

Desde esta perspectiva, escribir un prompt se acerca más a un ejercicio de corrección de estilo que a una consulta. Implica ajustar, precisar, eliminar ambigüedades, establecer relaciones claras. Escribir, como señala Daniel Cassany (2006), para lograr un efecto.

Aquí, ese efecto es una respuesta pertinente.

Lo que estamos dejando de enseñar

El problema no es menor. Si los docentes no logran precisar lo que quieren decir, difícilmente podrán aprovechar la inteligencia artificial en el aula.

Y no se trata de agregar más herramientas. Se trata de trabajar algo más básico, y más exigente:

  • pasar del enunciado general al enunciado operativo
  • ejercitar la reformulación como práctica sistemática
  • hacer explícita la relación entre lenguaje, intención y resultado

Esto no es un añadido. Es un desplazamiento.

La sintaxis deja de ser contenido para convertirse en condición de posibilidad del pensamiento operativo.

Conclusiones

El docente sabe lo que quiere. El problema es otro: no siempre logra decirlo de forma que produzca efecto.

Y mientras el lenguaje permanezca en ese nivel de generalidad, la inteligencia artificial seguirá respondiendo como puede: con generalidades.

No es un problema de herramientas. Nunca lo fue.

Es un problema de lenguaje.

 

Referencias (APA 7.ª edición)

Cassany, D. (2006). Tras las líneas: Sobre la lectura contemporánea. Anagrama.

Real Academia Española. (2009). Nueva gramática de la lengua española. Espasa.

Rojo, G., Vázquez Rozas, V., & González Rodríguez, M. (2023). Sintaxis del español. Arco/Libros.

 

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