En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz
El podcast como siempre con ejemplos que acompañan el contenido, lo puedes escuchar desde aquí.
Cuando a un docente se le propone crear una imagen
con inteligencia artificial y se le pregunta ¿cómo la quiere? la respuesta
suele quedarse en lo general: el tema, la materia, una idea amplia. “Algo sobre
la Revolución”. “Una imagen de ciencias”. “Un esquema de matemáticas”.
La precisión no aparece. No es que no tenga la
idea. Es que no logra estructurarla lingüísticamente. Aquí hay una falla
que casi no se nombra. No es tecnológica. Es lingüística. La IA es una
máquina que responde a nuestras peticiones, si no son claras, tampoco la
respuesta lo será. La inteligencia artificial no está fallando: lo que falla es
la forma en que se le indica qué hacer.
El lugar del sustantivo
Buena parte de los problemas de redacción y, ahora,
de interacción con IA, comienza en un punto muy concreto: el sustantivo.
Se nombra, pero no se construye.
El sustantivo, por sí solo, no dirige nada.
Necesita un entramado: modificadores, complementos, relaciones que delimiten su
alcance. Sin esa organización, el enunciado queda abierto. Y un enunciado
abierto no orienta: se dispersa.
Decir “una imagen de la célula” no es suficiente. ¿Qué
tipo de imagen? ¿Para quién? ¿Con qué propósito? ¿Qué debe destacarse? Si eso
no se explicita, el lenguaje no opera.
Como plantea Guillermo Rojo et al. (2023), la
sintaxis organiza la información en función de la intención. Cuando esa
organización falla, el sentido no desaparece, pero pierde precisión. Y en
interacción con IA, esa imprecisión se amplifica.
Nombrar no es dirigir
En el ámbito educativo se ha trabajado durante años
el contenido: qué enseñar, qué tema abordar, qué concepto explicar. Pero con
inteligencia artificial eso ya no alcanza. Hoy el valor de la pregunta cobra
una nueva dimensión.
Saber qué se quiere no equivale a saber cómo
decirlo para que produzca efecto.
Un prompt como:
“Haz una imagen de la fotosíntesis” nombra el tema,
pero no dirige nada.
En cambio: “Genera una imagen didáctica de la
fotosíntesis para estudiantes de secundaria, con etiquetas claras en cada fase
del proceso y colores diferenciados para facilitar su comprensión”
No solo nombra: estructura, delimita, orienta.
La diferencia no es de contenido. Es de sintaxis.
Errores de redacción, errores de
dirección
Muchos errores que solemos atribuir a descuidos, discordancias,
ambigüedades o problemas de régimen preposicional, responden en realidad a una
dificultad mayor: los elementos del enunciado no están ocupando su lugar
funcional (Real Academia Española, 2009).
·
El sustantivo no delimita.
·
El verbo no dirige.
·
Los complementos no precisan.
Y entonces el mensaje queda en un punto intermedio:
se entiende, pero no actúa.
Los modelos de lenguaje operan mediante predicción
probabilística de secuencias; cuando la estructura es difusa, la respuesta
también lo es. No hay error en el sistema; hay apertura en la instrucción.
Solo quien domina la sintaxis en su dimensión
funcional puede reorganizar el enunciado hasta hacerlo unívoco.
Sintaxis algorítmica
Aquí aparece una competencia que no estamos
nombrando —y, por lo tanto, tampoco enseñando—: la sintaxis algorítmica.
No se trata de gramática normativa ni de análisis
escolar. Se trata de la capacidad de estructurar el lenguaje de manera que
funcione como instrucción. Ver el valor de la pregunta.
Un prompt no es solo una pregunta. Es una forma de
organización del pensamiento.
Desde esta perspectiva, escribir un prompt se
acerca más a un ejercicio de corrección de estilo que a una consulta. Implica
ajustar, precisar, eliminar ambigüedades, establecer relaciones claras.
Escribir, como señala Daniel Cassany (2006), para lograr un efecto.
Aquí, ese efecto es una respuesta pertinente.
Lo que estamos dejando de enseñar
El problema no es menor. Si los docentes no logran
precisar lo que quieren decir, difícilmente podrán aprovechar la inteligencia
artificial en el aula.
Y no se trata de agregar más herramientas. Se trata
de trabajar algo más básico, y más exigente:
- pasar
del enunciado general al enunciado operativo
- ejercitar
la reformulación como práctica sistemática
- hacer
explícita la relación entre lenguaje, intención y resultado
Esto no es un añadido. Es un desplazamiento.
La sintaxis deja de ser contenido para convertirse
en condición de posibilidad del pensamiento operativo.
Conclusiones
El docente sabe lo que quiere. El problema es otro:
no siempre logra decirlo de forma que produzca efecto.
Y mientras el lenguaje permanezca en ese nivel de
generalidad, la inteligencia artificial seguirá respondiendo como puede: con
generalidades.
No es un problema de herramientas. Nunca lo fue.
Es un problema de lenguaje.
Referencias
(APA 7.ª edición)
Cassany, D. (2006). Tras las líneas: Sobre la
lectura contemporánea. Anagrama.
Real Academia Española. (2009). Nueva gramática
de la lengua española. Espasa.
Rojo, G., Vázquez Rozas, V., & González
Rodríguez, M. (2023). Sintaxis del español. Arco/Libros.
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