domingo, 18 de octubre de 2026

De la gimnasia física a la gimnasia cognitiva enseñar a pensar en tiempos de IA

 

Hubo un tiempo en que muchas personas no necesitaban inscribirse a un gimnasio. El trabajo en el campo, los trayectos a pie, las labores cotidianas y una vida menos sedentaria mantenían el cuerpo en movimiento. Con los cambios sociales y tecnológicos, buena parte de esa actividad desapareció: pasamos más horas sentados, nos desplazamos menos y automatizamos tareas físicas. Entonces surgió una necesidad consciente: hacer ejercicio de manera deliberada. Por ello se multiplicaron los gimnasios, los espacios deportivos y las rutinas de entrenamiento.

Algo semejante comienza a ocurrir con nuestro pensamiento.

La inteligencia artificial puede resumir, redactar, organizar ideas, traducir, proponer imágenes, resolver ejercicios y sugerir respuestas en segundos. Estas posibilidades son valiosas: liberan tiempo, amplían opciones y pueden apoyar procesos de aprendizaje. Sin embargo, su incorporación a la educación plantea desafíos relacionados con la autonomía intelectual, la fiabilidad de la información y la responsabilidad sobre los contenidos producidos (Gallent-Torres et al., 2023).

El problema no es utilizar la IA; el riesgo aparece cuando delegamos en ella, de forma constante y sin reflexión, operaciones que nos permiten comprender, relacionar, argumentar, recordar, crear y tomar decisiones. En este sentido, la integración educativa de estas herramientas requiere estrategias que mantengan la participación activa del estudiante y su capacidad de juicio (Miao & Holmes, 2023).

No se trata de afirmar que el cerebro deja de producir neuronas por usar IA. La relación entre aprendizaje, plasticidad cerebral y funcionamiento cognitivo es mucho más compleja. Lo que sí resulta relevante para la educación es que determinadas prácticas de aprendizaje, como recuperar información de la memoria y distribuir el estudio en el tiempo, favorecen la adquisición y conservación de conocimientos (Dunlosky et al., 2013).

La comparación con los músculos, por tanto, debe entenderse como una metáfora pedagógica y no como una equivalencia neurológica. Si siempre recibimos una respuesta terminada, corremos el riesgo de reservar menos espacio para formular preguntas, tolerar la duda, contrastar fuentes y construir una postura propia.

Por eso, la escuela y la universidad necesitan integrar una gimnasia cognitiva, entendida como una manera de mantener activa la participación intelectual del estudiante mediante ejercicios de recuperación, interpretación, cuestionamiento, argumentación y autorregulación del aprendizaje. No se trata de una actividad aislada ni de una ficha de ejercicios rápidos, sino de una manera de diseñar sesiones donde el alumnado mantenga activa su capacidad de pensar antes, durante y después de dialogar con un algoritmo.

Una primera práctica puede ser solicitar que cada estudiante formule una respuesta inicial antes de consultar la IA. No importa si esa respuesta es incompleta; funciona como una fotografía del pensamiento propio. Después, puede comparar su idea con la propuesta de la herramienta y responder: ¿qué mantengo?, ¿qué modifico?, ¿qué descarto?, ¿por qué?

Esta estrategia permite que el estudiante examine su comprensión inicial, identifique diferencias y justifique los cambios realizados. Su fundamento pedagógico se relaciona con las prácticas de recuperación y autorregulación del aprendizaje, aunque su aplicación específica con IA requiere evaluación en diferentes contextos educativos (Dunlosky et al., 2013). Así, la IA no sustituye necesariamente el proceso: puede convertirse en un interlocutor que provoca nuevas preguntas.

Otra estrategia es trabajar con respuestas imperfectas. El docente puede presentar un texto elaborado por IA —con errores, generalizaciones o datos sin evidencia— y pedir al grupo que identifique qué debe verificarse. Esta actividad desarrolla una disposición crítica fundamental: no aceptar una respuesta únicamente porque está bien redactada o se presenta con aparente seguridad. La necesidad de comprobar la información, reconocer sus límites y mantener la responsabilidad humana forma parte de los desafíos de integridad académica asociados a la IA generativa (Caldevilla-Domínguez, 2024; Gallent-Torres et al., 2023).

En tiempos de abundancia de contenidos generados automáticamente, verificar también es una forma de cuidar el pensamiento.

La gimnasia cognitiva puede incluir retos breves dentro de cada sesión:

·         Predecir una respuesta antes de pedirla a la IA.

·         Explicar una idea sin apoyo de pantalla durante un minuto.

·         Comparar dos respuestas y defender cuál tiene mejor evidencia.

·         Transformar una propuesta genérica en una solución situada en su comunidad.

·         Elaborar tres preguntas que una herramienta no podría responder adecuadamente sin conocer el contexto.

·         Registrar en una bitácora qué aportó la IA y qué decisiones siguieron siendo humanas.

Estas acciones parecen sencillas, pero pueden devolver protagonismo al estudiante cuando se acompañan de criterios claros de evaluación, retroalimentación y oportunidades para revisar sus propias ideas. La meta no es competir con la velocidad de una máquina, sino ejercer aquello que le da sentido al aprendizaje: interpretar, dudar, relacionar, imaginar, decidir y asumir la responsabilidad de lo que se afirma.

El docente tiene aquí una tarea decisiva. Ya no basta con enseñar a utilizar herramientas; es necesario diseñar pausas de pensamiento. Antes de generar, preguntar. Antes de aceptar, contrastar. Antes de entregar, explicar el proceso.

Como plantean Flor-Terán y Sandoval-Reyes (2024), la incorporación educativa de la IA también exige atender desafíos éticos relacionados con su utilización responsable. Desde esta perspectiva, el acompañamiento docente debe promover no solo habilidades tecnológicas, sino también criterios para evaluar la información y reconocer las responsabilidades de quien aprende.

Cada actividad debería dejar una huella visible de la comprensión y no únicamente un producto terminado. Un primer borrador, una explicación oral, una decisión argumentada, una corrección justificada o una bitácora de interacción pueden ofrecer evidencias del proceso intelectual.

Tal vez hoy necesitemos una nueva rutina educativa. Así como destinamos tiempo a mover el cuerpo porque ciertas condiciones de la vida contemporánea favorecen el sedentarismo, debemos reservar momentos para mover las ideas porque la automatización, cuando sustituye sistemáticamente la participación intelectual, puede favorecer una actitud pasiva ante el conocimiento.

Esto no significa rechazar las tecnologías ni idealizar formas anteriores de aprendizaje. Significa reconocer que la innovación educativa debe acompañarse de decisiones pedagógicas conscientes. La orientación de la UNESCO sobre inteligencia artificial generativa insiste precisamente en la importancia de una integración centrada en el ser humano y en sus capacidades (Miao & Holmes, 2023).

La IA puede acompañar, ampliar y provocar. Pero no debe convertirse en un reemplazo automático de nuestro juicio. El verdadero desafío de la educación no es prohibir la tecnología, sino aprender a dialogar con los algoritmos sin delegar el pensamiento.

Referencias

Caldevilla-Domínguez, D. (2024). Usos éticos de la IA en la universidad moderna: Más allá del plagio. EDU Review. International Education and Learning Review, 12(1), 57–65. https://doi.org/10.37467/revedu.v12.5184

Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., & Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques: Promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266

Flor-Terán, G. A., & Sandoval-Reyes, P. A. (2024). La ética en el uso de la inteligencia artificial (IA) en la educación: Desafíos y oportunidades. Polo del Conocimiento, 9(11), 255–282. https://doi.org/10.23857/pc.v9i11.8276

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: Una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2), Artículo M5. https://doi.org/10.30827/relieve.v29i2.29134

Miao, F., & Holmes, W. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO. https://doi.org/10.54675/EWZM9535

 

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