miércoles, 4 de noviembre de 2026

La inteligencia artificial tiene voz, pero ¿tiene mirada? Hacia una pedagogía de la mirada


El rostro humano no es solamente una estructura anatómica. Es un territorio de comunicación donde las emociones encuentran formas de manifestarse sin necesidad de palabras. Una sonrisa puede transmitir tranquilidad; una expresión de sorpresa, admiración; y una mirada serena, confianza.

Pero ¿qué ocurre cuando trasladamos este lenguaje no verbal al ámbito educativo, precisamente en una época en la que la inteligencia artificial (IA) comienza a hablar, crear imágenes, interpretar información y reproducir expresiones humanas?

La pregunta adquiere especial relevancia porque estamos formando docentes capaces de utilizar herramientas tecnológicas cada vez más sofisticadas, pero quizá dedicamos menos atención a desarrollar una competencia profundamente humana: comunicar mediante la mirada, reconocer las necesidades emocionales de los estudiantes y expresar confianza en sus posibilidades de aprendizaje.

Esta reflexión nos invita a pensar en una pedagogía de la mirada, entendida como una perspectiva educativa que reconoce el valor de la comunicación no verbal, la expresividad emocional y la atención consciente hacia los estudiantes como elementos de la mediación pedagógica.

La inteligencia artificial tiene voz, pero ¿qué expresa su mirada?

La evolución de la inteligencia artificial generativa ha transformado nuestras posibilidades de comunicación y creación educativa. Actualmente podemos buscar y sintetizar información, diseñar simulaciones, elaborar pódcast, producir videos, construir narrativas digitales y transformar un contenido en diferentes formatos y canales de comunicación.

Incluso podemos conversar con sistemas que responden mediante voces naturales y observar avatares capaces de reproducir sonrisas, movimientos oculares y expresiones faciales. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre representar una emoción y experimentarla. El rostro humano no solamente muestra expresiones; también participa en una comunicación cargada de experiencias, intenciones y significados que construimos en nuestras relaciones con los demás.

Así, un avatar puede mostrar alegría, pero esa expresión no demuestra que experimente felicidad. Puede simular preocupación ante una respuesta equivocada, pero ello no equivale al compromiso afectivo de un docente que conoce las dificultades y los esfuerzos de sus estudiantes.

La IA puede identificar patrones de comunicación y generar respuestas adaptadas al contexto, pero no debemos confundir esa capacidad con una experiencia emocional humana, al respeto Miao y Holmes (2023), en la guía de la UNESCO sobre inteligencia artificial generativa en educación e investigación, destacan la necesidad de preservar la agencia humana y promover un uso ético y pedagógicamente pertinente de estas tecnologías.

Esto nos conduce a una reflexión: el desafío no consiste en conseguir que las máquinas parezcan cada vez más humanas, sino en evitar que nuestras prácticas educativas pierdan su dimensión humana al utilizarlas. La tecnología puede ampliar nuestra voz y multiplicar nuestras posibilidades de comunicación. Pero debemos preguntarnos si estamos cultivando con la misma intensidad la capacidad de escuchar, observar y reconocer al otro.

Los ojos también enseñan: el poder de la comunicación no verbal

Imaginemos dos docentes que explican el mismo tema.

El primero presenta información actualizada, utiliza recursos multimedia y desarrolla una exposición técnicamente impecable. Sin embargo, mantiene una expresión rígida, evita mirar a sus estudiantes y apenas modifica el tono de voz.

El segundo utiliza contenidos semejantes, pero acompaña sus explicaciones con expresiones naturales, observa las reacciones del grupo, sonríe ante una intervención creativa y transmite serenidad cuando alguien se equivoca.

Aunque ambos enseñan el mismo contenido, la experiencia emocional del aprendizaje puede ser diferente. La comunicación educativa no depende exclusivamente de las palabras. Los gestos, las expresiones faciales, el contacto visual, la postura corporal, la dicción, el ritmo y la entonación también forman parte del mensaje pedagógico.

Este fenómeno ha sido estudiado mediante el concepto de inmediatez docente, referido a los comportamientos comunicativos que contribuyen a reducir la distancia física o psicológica percibida entre profesores y estudiantes.

Liu (2021), en una revisión sistemática de 30 investigaciones, identificó asociaciones positivas entre la inmediatez verbal y no verbal del profesorado y la motivación estudiantil. Aunque los estudios revisados presentan diferentes diseños metodológicos, sus resultados destacan la relevancia de la comunicación interpersonal en los procesos formativos. Por su parte, Zheng (2021) analiza la claridad, la credibilidad y la inmediatez docente, así como sus relaciones con la motivación y el compromiso académico de los estudiantes.

Estos trabajos permiten reconocer que una mirada, una sonrisa o un gesto de aprobación no son elementos superficiales de la enseñanza: forman parte de las condiciones comunicativas mediante las cuales se construye la relación pedagógica. Una mirada puede invitar a participar. Una sonrisa puede reducir la tensión ante una equivocación. Un gesto de interés puede ayudar a que un estudiante se sienta escuchado.

No obstante, la comunicación no verbal debe interpretarse considerando las diferencias culturales e individuales. No todas las personas expresan confianza mediante el contacto visual directo, ni todas necesitan las mismas formas de interacción.

La pedagogía de la mirada no consiste en enseñar a mirar de una manera uniforme, sino en aprender a comunicar reconocimiento, respeto y sensibilidad hacia los demás.

Esta perspectiva también adquiere relevancia en los entornos virtuales, donde una cámara, una pantalla compartida o una interacción mediante audio modifican nuestras posibilidades de comunicación. La presencia pedagógica no depende únicamente de observar físicamente al estudiante, sino de demostrar atención a sus aportaciones, dificultades y necesidades, respetando sus condiciones de conectividad, accesibilidad y privacidad.

Hacia una pedagogía de la mirada en tiempos de IA

El marco de competencias en inteligencia artificial para docentes de la UNESCO, desarrollado por Miao y Cukurova (2024), propone cinco dimensiones formativas: pensamiento centrado en el ser humano, ética de la IA, fundamentos y aplicaciones, pedagogía de la IA y desarrollo profesional.

Este planteamiento constituye una base para reflexionar sobre las competencias que necesitamos fortalecer. Aprender a utilizar herramientas de IA es importante, pero también debemos desarrollar capacidades para comunicarnos con sensibilidad, comprender las necesidades educativas y establecer relaciones pedagógicas significativas.

Desde esta perspectiva, se proponen cuatro dimensiones para una pedagogía de la mirada:

Estas dimensiones constituyen una propuesta conceptual para la reflexión y la formación docente, no un modelo empírico validado.

Su aplicación podría desarrollarse mediante actividades de autoobservación, análisis de grabaciones de clases con consentimiento, ejercicios de comunicación no verbal y reflexiones sobre las interacciones con los estudiantes.

El propósito no sería evaluar quién sonríe más, sino comprender cómo construimos ambientes educativos emocionalmente seguros, donde las personas puedan expresar sus ideas, equivocarse y aprender con confianza.

En este sentido, la pedagogía de la mirada busca complementar las competencias digitales docentes con una dimensión humana que ninguna innovación tecnológica debería relegar.

Reflexión final: enseñar también es aprender a mirar

Es posible que los estudiantes olviden el nombre de una aplicación, una presentación o una explicación. Sin embargo, pueden conservar durante mucho tiempo el recuerdo de un docente que los escuchó, que mostró confianza en sus capacidades y que transmitió entusiasmo por aprender.

En una época en la que las máquinas pueden generar millones de palabras y reproducir rostros cada vez más realistas, quizá debamos recuperar el valor de aquello que comunicamos sin hablar.

La inteligencia artificial puede tener voz, rostro y una mirada simulada. Pero nuestra responsabilidad como docentes es cultivar una mirada que reconozca, inspire y acompañe, porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos o dominar tecnologías, también es aprender a mirar al otro con humanidad.

Referencias

Liu, W. (2021). Does teacher immediacy affect students? A systematic review of the association between teacher verbal and non-verbal immediacy and student motivation. Frontiers in Psychology, 12, Article 713978. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.713978

Miao, F., & Cukurova, M. (2024). AI competency framework for teachers. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000391104

Miao, F., & Holmes, W. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386693

Zheng, J. (2021). A functional review of research on clarity, immediacy, and credibility of teachers and their impacts on motivation and engagement of students. Frontiers in Psychology, 12, Article 712419. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.712419

 

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