lunes, 20 de julio de 2026

El día que dejamos de pedirle textos a ChatGPT y empezamos a diseñar experiencias educativas

 

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

Crear un sitio educativo con inteligencia artificial no consiste en escribir un prompt y aceptar el resultado. Esta es la experiencia que tuve al transformar una idea pedagógica en un recurso digital interactivo. Durante varios meses creamos sitios web con conocimientos que no tenía: programación, diseño de interfaces, adaptación para teléfonos móviles y desarrollo de actividades interactivas.

Imaginábamos un recurso educativo que necesitábamos para desarrollar un tema, que además fuera interactivo. Podíamos definir sus contenidos, actividades y objetivos. El problema aparecía cuando intentábamos convertir esa idea en algo que los estudiantes pudieran recorrer y utilizar. Podíamos llamar a un experto en informática o hacerlo por nuestra cuenta, que fue lo que siempre hicimos, pero: ChatGPT redujo esa distancia.

No hizo el trabajo pedagógico por nosotros, pero nos ayudó a materializarlo.

Queríamos algo más que una página con información

Nuestro propósito era trabajar la relación entre el currículum escolar y el currículum de vida. No queríamos crear una página que se limitara a presentar definiciones. Tampoco buscábamos trasladar a una pantalla el contenido de una presentación. Queríamos que los estudiantes pudieran comparar conceptos, analizar casos, reconocer situaciones de su entorno, resolver actividades y comprobar qué habían comprendido.

El resultado fue Currículum escuela ↔ vida, un sitio educativo universitario organizado como un recorrido de aprendizaje. Te propongo un viaje por este sitio

https://curriculum-escolar-vida.donceles67.chatgpt.site/

El recurso implica un recorrido estimado de 35 minutos, donde se incluyen 14 secciones, objetivos y competencias, una comparación conceptual, una revisión histórica, cinco casos contextualizados, un laboratorio de actividades y una autoevaluación de 20 preguntas. También incorpora bibliografía para respaldar sus contenidos.

Llegar a ese resultado nos hizo entender algo: crear un sitio educativo con inteligencia artificial no comienza con el código. Comienza con una decisión pedagógica.

Antes del diseño estaba la pregunta de aprendizaje

La primera tentación al utilizar ChatGPT para crear un sitio es pedirle algo como: haz una página atractiva sobre el currículum. Una instrucción de ese tipo puede producir colores, tarjetas, botones y textos bien distribuidos. El resultado incluso puede parecer profesional. El problema es que una página visualmente atractiva no necesariamente ayuda a aprender. Esto es lo que más abunda en la actualidad.

Antes de solicitar el sitio tuvimos que responder preguntas más importantes: ¿Quiénes utilizarían el recurso? ¿Qué debían comprender? ¿Qué diferencias necesitaban identificar? ¿Qué situaciones debían analizar? ¿Qué decisiones quería que tomaran? ¿Cómo comprobarían lo aprendido?

Estas preguntas definieron la arquitectura del sitio. El objetivo no sería que los estudiantes memorizaran dos definiciones. Necesitábamos diferenciar el currículum escolar del currículum de vida, comprender su relación y analizar cómo la escuela puede reconocer los conocimientos construidos en la familia, la comunidad, el trabajo y la experiencia personal.

Cuando esto quedó claro, la conversación con ChatGPT cambió. Ya no pedíamos una página sobre un tema. Le pedíamos componentes que cumplieran una función dentro de una trayectoria de aprendizaje.

El sitio se construyó mediante una conversación. El resultado no apareció después de una única instrucción. Primero definimos el propósito. Después organizamos el recorrido. Luego solicitamos una estructura inicial, revisamos lo producido y formulamos nuevas indicaciones.

El proceso se parecía más a esto:

Intención pedagógica → primer prototipo → revisión → nueva indicación → ajuste → prueba → publicación

En cada etapa surgían decisiones. Había que determinar cuánto texto debía aparecer en la pantalla, qué conceptos requerían una comparación, qué ejemplos permitían conectar escuela y vida, qué actividades servían para recuperar información y cuáles exigían interpretar o argumentar.

ChatGPT podía proponer una estructura y convertir las instrucciones en componentes funcionales. Sin embargo, no conocía automáticamente a los destinatarios, el sentido de la actividad ni el nivel de profundidad que yo buscaba.

Nosotros teníamos que proporcionarle ese contexto. Transformar el contenido fue más importante que presentarlo. Uno de los mayores riesgos era terminar con un repositorio de definiciones. Para evitarlo, el contenido se transformó en diferentes experiencias.

Por ejemplo, la comparación entre currículum escolar y currículum de vida no quedó únicamente explicada en párrafos. Se organizó mediante dimensiones como su origen, intención, espacios, formas de evaluación, tipos de saberes y relación con el tiempo.

También incorporamos casos. En uno de ellos, una estudiante de una escuela rural lleva al aula los conocimientos sobre cultivo y cuidado del agua aprendidos con su abuela. La actividad permite analizar cómo un conocimiento comunitario puede convertirse en observación, hipótesis y registro científico sin ser reducido a una anécdota.

El sitio incluye otras situaciones relacionadas con estudiantes cuidadores, problemas comunitarios, conocimientos adquiridos fuera del programa y lenguas que no siempre encuentran reconocimiento en el aula.

Estos casos fueron importantes porque obligaron a pasar de la definición a la interpretación.

Una cosa es repetir qué significa “currículum de vida”. Otra muy distinta es reconocerlo en una situación y decidir cómo debería actuar el docente.

La interactividad no siempre es aprendizaje

Agregar botones, animaciones o juegos es relativamente sencillo. Justificar su presencia es más difícil. Cada actividad debía responder a una pregunta: ¿qué acción intelectual realizará el estudiante?

Algunas actividades ayudan a reconocer o recuperar información. Otras permiten clasificar, relacionar, ordenar o diferenciar. Los casos y preguntas de reflexión buscan operaciones más complejas: interpretar, argumentar y tomar decisiones.

El sitio incorpora un laboratorio con ocho microrretos y una autoevaluación de 20 preguntas con resultados. Sin embargo, la cantidad de actividades no era el criterio principal. Lo importante era que existiera correspondencia entre el objetivo, el contenido, la acción del estudiante y la retroalimentación.

Un juego que solo entretiene puede ser un buen elemento visual, pero no necesariamente una actividad educativa. La interactividad adquiere valor cuando ayuda al estudiante a pensar.

Lo que hizo ChatGPT y lo que tuvimos que hacer

ChatGPT fue útil para:

  • proponer estructuras iniciales;
  • organizar contenidos en secciones;
  • generar alternativas de presentación;
  • desarrollar componentes interactivos;
  • realizar modificaciones técnicas;
  • adaptar la visualización a distintos dispositivos;
  • convertir indicaciones en un sitio funcional.

Nuestra responsabilidad fue diferente:

  • delimitar el problema educativo;
  • formular los objetivos;
  • seleccionar y verificar los contenidos;
  • definir la secuencia;
  • contextualizar los ejemplos;
  • revisar las actividades;
  • establecer los criterios de evaluación;
  • detectar simplificaciones y errores;
  • aprobar la versión que se publicaría.

Esta diferencia es fundamental. La inteligencia artificial puede producir una respuesta convincente, pero no asume la responsabilidad académica del recurso. No conoce por sí misma la historia del grupo, las condiciones institucionales ni las consecuencias que puede tener una decisión educativa.

La autoría no consiste solamente en escribir cada línea de código. También implica seleccionar, cuestionar, corregir, justificar y responder por el resultado.

Lo que aprendimos al construirlo

La primera lección fue que el primer resultado nunca debería considerarse terminado.

Un prototipo puede servir para observar lo que todavía no funciona. Puede revelar que una sección contiene demasiado texto, que una actividad solo evalúa memoria o que la navegación no deja claro dónde comienza y termina el recorrido.

La segunda lección fue que un buen prompt no sustituye un buen criterio.

Una instrucción extensa puede generar un resultado complejo, pero la calidad final depende de la capacidad para revisar lo producido. Hay que saber detectar qué falta, qué sobra y qué no corresponde con el objetivo.

La tercera lección fue que crear un sitio también modifica la manera de pensar la enseñanza.

Cuando el contenido debe convertirse en una experiencia navegable, cada decisión se vuelve visible. Hay que preguntarse por qué una sección aparece antes que otra, qué debe hacer el estudiante y qué evidencia permitirá saber si comprendió.

En este sentido, la inteligencia artificial no solo me ayudó a producir un recurso. También me obligó a formular con mayor precisión lo que quería enseñar.

La publicación no termina el proceso. Un sitio educativo no está terminado porque ya pueda abrirse mediante un enlace.

Antes y después de publicarlo es necesario revisar:

  • la precisión de los contenidos;
  • el funcionamiento de botones y actividades;
  • la navegación desde un teléfono;
  • la legibilidad de los textos;
  • el contraste visual;
  • la correspondencia entre objetivos y evaluación;
  • la claridad de las instrucciones;
  • la calidad de la retroalimentación;
  • la accesibilidad;
  • las referencias utilizadas.

También es necesario considerar la privacidad y evitar introducir datos personales o sensibles de estudiantes en las herramientas de inteligencia artificial.

Publicar significa asumir responsabilidad por el recurso, no solamente ponerlo en línea.

No nos convertimos en programadores. Nos convertimos en docentes con una capacidad adicional: transformar una intención pedagógica en una experiencia digital y participar activamente en las decisiones técnicas necesarias para construirla.

ChatGPT ayudó a reducir una barrera. Hizo posible probar alternativas, modificar componentes y convertir instrucciones en un sitio funcional.

Pero el sentido del recurso no surgió del código. Surgió de las preguntas pedagógicas, de la selección de contenidos, de los casos, de las decisiones sobre las actividades y de la revisión crítica de cada versión.

La inteligencia artificial puede ayudar a construir la página. La experiencia educativa sigue necesitando un autor.

¿Qué recurso has imaginado para tus estudiantes y todavía no has intentado construir?

 

Nota de transparencia

El sitio presentado en este artículo fue creado mediante un proceso de diseño conversacional asistido por ChatGPT. La herramienta se utilizó para generar estructuras, componentes, alternativas de presentación y ajustes técnicos. La definición de los objetivos, la selección y revisión de contenidos, la organización pedagógica, la contextualización de los casos y la aprobación del producto final fueron responsabilidad de los autores.

Para profundizar

Laurillard, D. (2012). Teaching as a design science: Building pedagogical patterns for learning and technology. Routledge.

Mayer, R. E. (2009). Multimedia learning (2.ª ed.). Cambridge University Press.

Miao, F., y Holmes, W. (2023). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO.

Mishra, P., y Koehler, M. J. (2006). Technological pedagogical content knowledge: A framework for teacher knowledge. Teachers College Record, 108(6), 1017–1054.

 

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