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viernes, 8 de mayo de 2026

Repensar la formación del pensamiento crítico frente a la infoxicación contemporánea


En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

Vivimos en una época caracterizada no por la escasez, sino por la sobreabundancia de información. Este fenómeno, lejos de garantizar una democratización efectiva del conocimiento, ha generado nuevas formas de vulnerabilidad cognitiva y social. La denominada infoxicación describe precisamente esta saturación informativa que dificulta la selección, comprensión y evaluación crítica de los contenidos disponibles. En lugar de facilitar el aprendizaje, el exceso de información puede producir desorientación, superficialidad y dependencia de discursos dominantes.

En este contexto, el desafío educativo se ha transformado profundamente. Ya no se trata únicamente de asegurar el acceso a la información, sino de desarrollar la capacidad de interpretarla críticamente. La circulación masiva de contenidos en entornos digitales, frecuentemente mediada por algoritmos y estrategias persuasivas, implica que gran parte de la información no solo busca informar, sino también influir en la percepción y conducta de los individuos.

Diversos estudios han señalado que el acceso acelerado a la información, potenciado por internet y la inteligencia artificial, ha incrementado los riesgos de desinformación, superficialidad analítica y reproducción acrítica de contenidos (Flores Morales et al., 2024). Asimismo, la integración de tecnologías digitales en la educación plantea desafíos éticos vinculados con la fiabilidad de la información, la transparencia de las fuentes y la responsabilidad en su uso (Gallent-Torres et al., 2023).

Por ello, la alfabetización contemporánea no puede limitarse a la comprensión literal de textos. Se vuelve imprescindible enseñar a cuestionar, contrastar y evaluar la información. En otras palabras, el reto educativo actual consiste en formar estudiantes capaces de ejercer un pensamiento crítico que les permita desenvolverse en un entorno informativo complejo y, en muchos casos, deliberadamente persuasivo.

Enseñar a preguntar: el núcleo del pensamiento crítico

En este escenario, el pensamiento crítico deja de ser una habilidad complementaria para convertirse en una condición esencial para la construcción del conocimiento. Sin la capacidad de cuestionar y analizar, la información no se transforma en aprendizaje, sino en acumulación acrítica de datos. Formar pensamiento crítico implica, por tanto, dotar a los estudiantes de herramientas para interpretar discursos, evaluar evidencias y construir juicios propios fundamentados.

En este sentido, enseñar a formular preguntas no es una estrategia secundaria, sino el núcleo del pensamiento crítico. Preguntar implica detener la lectura automática, interrumpir la aceptación pasiva de la información y activar procesos cognitivos de análisis y evaluación. Como señalan los estudios sobre integridad académica y formación intelectual, la capacidad de discernimiento se construye precisamente cuando el sujeto problematiza lo que lee en lugar de reproducirlo (Ibarra Beltrán et al., 2023).

Una estrategia pedagógica clave consiste en enseñar a los estudiantes a formular preguntas orientadoras frente a cualquier texto. Estas preguntas no solo favorecen la comprensión profunda, sino que constituyen herramientas concretas para resistir la manipulación informativa.

1. ¿Dónde está el argumento real?

Muchos textos aparentan ser informativos, pero en realidad sostienen una postura específica. Identificar el argumento implica reconocer la tesis central, incluso cuando no está explícita. Esta habilidad permite superar la lectura superficial y detectar intencionalidades discursivas, lo cual es fundamental en contextos donde la información está diseñada para influir más que para informar.

2. ¿Dónde está la evidencia?

En un entorno saturado de afirmaciones categóricas, resulta indispensable exigir sustento empírico. Expresiones como “los estudios demuestran” carecen de valor si no se acompañan de referencias verificables. La formación crítica exige desarrollar criterios para distinguir entre evidencia sólida y afirmaciones infundadas, especialmente en contextos donde la información circula sin control riguroso (Flor-Terán & Sandoval-Reyes, 2024).

3. ¿Qué emoción está activando?

La persuasión contemporánea opera, en gran medida, a través de las emociones. El miedo, la indignación o la urgencia son frecuentemente utilizados para influir en la toma de decisiones. Reconocer estos mecanismos permite tomar distancia crítica y evitar respuestas impulsivas basadas en estímulos afectivos más que en razonamientos.

4. ¿Qué tan verificable es la afirmación?

Muchas propuestas, desde noticias hasta productos, se sostienen en promesas difíciles de comprobar. Evaluar su verificabilidad implica desarrollar una actitud escéptica fundamentada, orientada a contrastar la información antes de aceptarla como válida.

Estas preguntas se inscriben dentro de enfoques de alfabetización crítica y mediática, que buscan formar individuos capaces de analizar no solo el contenido, sino también las condiciones de producción y circulación de la información (Gallent-Torres et al., 2023).

El rol del docente: de transmisor a mediador crítico

Frente a la infoxicación, el rol del docente experimenta una transformación significativa. Deja de ser un transmisor de contenidos para convertirse en un mediador del pensamiento crítico. Su función principal no es solo enseñar información, sino guiar procesos de interpretación, análisis y cuestionamiento.

Esto implica incorporar en el aula prácticas pedagógicas como el análisis de textos reales (noticias, publicidad, redes sociales), la discusión sobre intencionalidad discursiva, la identificación de sesgos y la evaluación de la calidad de las fuentes. En este sentido, el docente no solo enseña contenidos, sino que enseña a pensar sobre esos contenidos.

La literatura reciente subraya que la integración de tecnologías como la inteligencia artificial en la educación requiere precisamente el desarrollo de competencias críticas que permitan a los estudiantes interactuar con estas herramientas de manera ética y responsable (Flor-Terán & Sandoval-Reyes, 2024). Sin estas competencias, existe el riesgo de que la tecnología sustituya el pensamiento en lugar de potenciarlo.

Educar para no ser manipulados

La infoxicación no se resuelve reduciendo la cantidad de información disponible, sino aumentando la capacidad de análisis de quienes la consumen. Un estudiante que cuestiona, verifica y reflexiona es menos vulnerable a la manipulación y más capaz de construir conocimiento propio.

En este sentido, el pensamiento crítico no solo tiene una dimensión cognitiva, sino también ética. Implica asumir responsabilidad frente a la información que se consume y se reproduce. Como señalan diversos estudios, la honestidad intelectual y la capacidad de discernimiento son fundamentales en contextos donde la información es abundante y fácilmente reproducible (Flores Morales et al., 2024).

Conclusión

La infoxicación constituye uno de los principales desafíos educativos de la contemporaneidad. En un entorno donde la información circula de manera acelerada y con intencionalidades diversas, la ausencia de pensamiento crítico convierte al individuo en un receptor pasivo, susceptible de reproducir discursos sin cuestionarlos.

Por ello, la educación debe orientarse hacia la formación de sujetos intelectualmente autónomos. Esto implica enseñar a dudar con fundamento, a verificar antes de aceptar y a reconocer que no toda información posee el mismo valor epistemológico.

En este proceso, las preguntas adquieren un papel central. No son solo herramientas didácticas, sino mecanismos fundamentales para activar el pensamiento, cuestionar la evidencia y resistir la manipulación. Enseñar a preguntar es, en última instancia, enseñar a pensar.

Fortalecer el pensamiento crítico no es una opción pedagógica secundaria, sino una necesidad estructural frente a las condiciones actuales de producción del conocimiento. Formar estudiantes críticos es formar ciudadanos capaces de participar de manera consciente, informada y responsable en la sociedad.

Porque, en un mundo saturado de información, la verdadera competencia no radica en acceder a ella, sino en saber interpretarla, evaluarla y transformarla en conocimiento significativo.

Referencias

Flores Morales, J. A., Quinteros, R. M. F., Contreras Maguiña, A. P., & Luna Román, E. A. (2024). Originalidad y honestidad intelectual: Navegando por las aguas del plagio. Revista de Climatología.

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE.

Flor-Terán, G. A., & Sandoval-Reyes, P. A. (2024). La ética en el uso de la inteligencia artificial en la educación: desafíos y oportunidades. Polo del Conocimiento.

Ibarra Beltrán, Á. J., Aguayo Álvarez, Z., & Velázquez García, R. E. (2023). Desmitificando el plagio digital: percepciones y realidades de la ética estudiantil. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades.

domingo, 9 de marzo de 2025

La “Aitoxicación”: intoxicación informativa en la era de la IA

Los tres estados de apreciación sobre la IA

En el 2002 el volumen de datos digitales almacenados según (Lyman & Varian, 2000) superaba a todos los registros en formato analógico, existentes hasta esa fecha. Solo se necesitaron cinco años más para que el 94% de toda la información sea en formato digital (Hilbert & López, n.d.). El conocido sociólogo Alvin Toffler en su obra Future Schok de 1970 hace referencia al crecimiento acelerado de la información y es a principios de los 90 que empieza a popularizarse el término de infoxicación.

El incremento en la cantidad de información a la que estamos expuestos nos obliga a un sobreesfuerzo mental que implica la asimilación de más datos de los que permite nuestra capacidad mental, conduciéndonos a la infoxicación (Goldhaber, 2006)reconocido en otros ámbitos como síndrome de la fatiga informativa o intoxicación por información.

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha pasado de ser un tema especializado a inundar nuestra vida cotidiana con noticias, avances y debates constantes. Este bombardeo informativo ha dado lugar a lo que voy a denominar como Aitoxicación: una intoxicación informativa y mental provocada por la sobreexposición al flujo acelerado de información y aplicaciones sobre IA.

El término parte de infoxicación y empleo un neologismo que combina AI (siglas en inglés de inteligencia artificial) con intoxicación. La Aitoxicación surge en paralelo a la evolución vertiginosa de la IA: a medida que esta tecnología avanza y se populariza, la cantidad de datos, opiniones y contenidos crece exponencialmente.

Causas de la “Aitoxicación”

Innovación acelerada y flujo constante de novedades

Una de las causas principales de la Aitoxicación es la rápida innovación tecnológica en el campo de la IA. En poco tiempo hemos visto un salto enorme en las capacidades de los sistemas de IA, especialmente los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM) y las IA generativas. Es frecuente encontrar como se incorporan nuevos modelos dentro de la misma herramienta generativa. Una interesante línea del tiempo muestra la evolución acelerada de las innovaciones en este campo.

De la versión de ChatGPT 3-5 que se hizo pública en noviembre del 2022 se pasó en marzo a la versión 4 mucho más potente que la anterior. Hoy como usuario de esta herramienta me siento confundido ante tantas versiones, cada una especializada o con mejor rendimiento en un área en específico. Este fenómeno, que cuando te estás acostumbrando a una versión, aparece una nueva, trae como consecuencia la sensación de “no poder” seguir ni siquiera mínimamente el ritmo de la industria y esto contribuye a la Aitoxicación.

Competencia empresarial y “carrera armamentista” de la IA

Ligada a lo anterior está la competencia entre grandes empresas tecnológicas y startups por liderar la revolución de la IA. El éxito viral de modelos como ChatGPT sacudió la industria e ignitó una carrera entre compañías para apresurar la salida de productos de IA al mercado. Google, por ejemplo, declaró un “código rojo” interno tras el lanzamiento de ChatGPT, acelerando el desarrollo de su propio chatbot Bard, después llamado Gemini y lanzado un año después de ChatGPT.

Microsoft integró rápidamente modelos de OpenAI en sus productos, como su buscador Bing potenciado con IA, mientras que otras firmas como Meta, Amazon, IBM, startups como Anthropic, y otras anunciaron sus respectivas innovaciones. Esta carrera por no quedarse atrás genera un flujo continuo de comunicados, eventos y versiones mejoradas que saturan el panorama informativo. Cada empresa promueve su avance como revolucionario, alimentando una narrativa de novedad constante.

La guerra más reciente fue la generada por la salida del bot de origen chino  Deepseek, que logró derrumbar las acciones de Nvidea, después siguieron mejoras en Claude y Le Chat este último se autoproclamó como el  mejor compañero de IA para la vida y el trabajo. Pero esta guerra no es solo entre oriente y occidente, sino entre los propios sistemas chinos. Qwen acaba de sacar un nuevo modelo que deja atrás en la capacidad de razonamiento a su coterráneo Deepseek y también lo ha puesto en modo abierto.

Narrativa mediática sensacionalista (entre el hype y el miedo)

Otra fuente clave de Aitoxicación es la cobertura mediática y el debate público en torno a la IA, a menudo marcado por el sensacionalismo. Muchos medios de comunicación han enfrentado el reto de cubrir la IA sin caer en exageraciones, pero no siempre lo han logrado. Con frecuencia, la prensa actúa como aliada de los anuncios de las grandes empresas, bigtech  “uniéndose a la emoción y expectativa exagerada —lo que algunos llaman el ‘hype’—, haciendo afirmaciones sin mayores cuestionamientos” Es decir, se publican titulares grandilocuentes sobre cada avance: que si una IA “ya puede razonar como un humano”, que si marcará “un antes y un después” en tal industria, entre otros titulares, aun cuando la realidad técnica es más modesta. Este show mediático alimenta una idealización desmesurada de la IA en parte del público, que podría creer que ya disponemos de inteligencias casi humanas en nuestros ordenadores y celulares.

Por otro lado, no falta la narrativa del miedo en la cobertura de IA. Del mismo modo que algunos medios inflan las promesas, otros se convierten en profetas del miedo, enfatizando los peores escenarios. Es común ver noticias alarmistas sobre IA fuera de control, la “rebelión de las máquinas” o predicciones apocalípticas atribuidas a figuras tecnológicas. Un ejemplo citado ocurrió en abril de 2023, cuando un importante diario reprodujo sin matices las declaraciones de Elon Musk “revelando” cuándo la IA superaría a la humana, como si se tratase de una profecía ineludible. Este tipo de enfoque sensacionalista (ya sea optimista o catastrofista) contribuye a la desinformación y la confusión. La mezcla de noticias exageradamente optimistas con otras excesivamente negativas crea un ruido informativo en el que al público le cuesta discernir la realidad: ¿estamos ante una tecnología milagrosa, o ante una amenaza existencial? El resultado, si no se maneja con criterio, es una intoxicación por mensajes contradictorios.

En este campo también están los que señalan que la IA no es de ellos, que no sucederá nada, que es mejor seguir como estaban, olvidando que todo cambio tecnológico supone siempre modificaciones a nuestras formas de desarrollarnos. En especial conozco profesores que expresan criterios conformistas o que descalifican sin argumentos a los que ponen el énfasis en las utilidades didácticas de la IA.

Sobrecarga en redes sociales y opinión pública

Un factor ineludible es el ecosistema de las redes sociales y foros en Internet, donde la discusión sobre IA se multiplica. Cada nuevo avance genera tendencias en Twitter (X), hilos en Reddit, videos en YouTube y TikTok, boletines y publicaciones en LinkedIn, sin mencionar otras redes. Expertos, entusiastas y críticos comparten al instante sus opiniones –muchas veces polarizadas– sobre el último modelo de turno. La accesibilidad de estas plataformas hace que todos podamos opinar o republicar información sobre IA, aumentando el caudal informativo, pero no siempre su calidad. Rumores, demos impresionantes sacados de contexto, o afirmaciones no comprobadas se esparcen rápidamente, contribuyendo al ruido. Además, las discusiones sobre los riesgos éticos, como los sesgos algorítmicos, impacto en el empleo, posibles regulaciones, están a la orden del día, con posturas enfrentadas que pueden saturar a quien intenta formarse una opinión equilibrada. En resumen, la combinación de innovación frenética, competencia comercial y cobertura mediática hiperbolizada, amplificada por las redes sociales, crea el caldo de cultivo perfecto para la Aitoxicación.

Efectos en la percepción de la IA

La Aitoxicación tiene consecuencias directas en cómo la sociedad percibe y entiende la inteligencia artificial. Tres efectos destacados son la desinformación generalizada, el surgimiento de temores exagerados y, en el extremo opuesto, la idealización irreal de la tecnología.

Desinformación y confusión: Cuando estamos expuestos a una gran cantidad de información, a menudo contradictoria, se dificulta evaluar la veracidad de los datos y las fuentes. Esto puede llevarnos a creer información falsa, sesgada o manipulada sobre la IA En otras palabras, el exceso de contenido nos aturde al punto que perdemos claridad sobre qué es cierto y qué no. Por ejemplo, en medio del ruido uno puede leer que “una IA descubrió la cura del cáncer” y también que “la IA miente todo el tiempo”, sin contexto ni matices. Si no se analiza con cuidado, la sobrecarga informativa mina nuestro juicio crítico, podemos creer ciegamente en las historias pseudocientíficas atribuidas a IA, y llegar a ignorar información relevante por puro agotamiento. Además, la Aitoxicación entorpece la capacidad de profundizar: se consumen muchos titulares, pero se entiende poco. Los expertos advierten que esta saturación “puede tener consecuencias negativas para nuestra salud mental, [nuestro] juicio crítico y [la] capacidad para discernir información relevante y precisa. Llegamos a un efecto claro: la fatiga informativa, donde las personas terminan desconfiando de todo lo referido a la IA, por considerarlo exagerado, mientras que otras creen ideas erróneas o simplistas, faltándoles referencias fiables, entre tanto dato.

Temor exagerado y tecnofobia: Otro efecto es que, alimentados por narrativas catastrofistas, sectores de la opinión pública desarrollan miedos desproporcionados frente a la IA. Ciertamente, la IA conlleva riesgos reales que merecen atención. Sin embargo, la Aitoxicación puede inflar esos temores más allá de la evidencia disponible. Por ejemplo, tras consumir un aluvión de noticias sobre “IA que podrían acabar con la humanidad” o escuchar a voces alarmistas comparar la IA con amenazas existenciales, no es raro que el público imagine escenarios de ciencia ficción inminentes. Estudios sobre cobertura mediática indican que las personas que tienden a creer que las representaciones de la IA en los medios son realistas, son las mismas que tienden a percibir la IA como posibles “terminators” (máquinas rebeldes asesinas) o incluso como compañeros románticos .Es decir, una imagen distorsionada de la IA. Actualmente, la IA disponible es estrecha o específica, enfocada a tareas puntuales, por ejemplo, ChatGPT escribe textos, pero no “piensa” autónomamente; un sistema de visión detecta objetos, pero no siente. No obstante, la saturación informativa puede hacer creer a algunos que ya existe una superinteligencia general, provocando ansiedad excesiva ante un supuesto apocalipsis robótico. Este temor exagerado puede frenar la adopción racional de tecnologías útiles, por desconfianza extrema y generar pánico moral. Como señalan analistas, el sensacionalismo no debería primar sobre la evidencia científica disponible hoy. Es importante distinguir la preocupación legítima, como es el caso de exigir regulaciones, del alarmismo infundado que deriva de una imagen intoxicada de la IA.

Idealización desmesurada y expectativas infladas. En el polo opuesto, la Aitoxicación también produce una sobrevaloración ingenua de la IA. El constante hype puede llevar a que parte del público, y no pocos directivos o políticos, a idealizar la tecnología, viéndola como solución mágica a todos los problemas o atribuyéndole capacidades cuasi-humanas que en realidad no posee. Por ejemplo, cuando un medio tituló que la IA ya es capaz de razonar muchos lectores pudieron asumir que sistemas como ChatGPT entienden y piensan igual que un cerebro humano, cuando en realidad se trata de modelos estadísticos que aún cometen errores y carecen de sentido común genuino. Esta idealización conlleva expectativas poco realistas: creer que en cuestión de meses la IA resolverá el cambio climático, o que un chatbot podrá gestionar una empresa sin ayuda humana, o dirigir una escuela. Esto último se hizo realidad en un colegio inglés donde el director cuenta con la ayuda de Abigail Bailey una IA entrenada. El peligro de estas expectativas infladas es la desilusión posterior, cuando la realidad no cumple la promesa y la mala toma de decisiones por desconocer las limitaciones.

Cabe mencionar que estos efectos no son mutuamente excluyentes; de hecho, pueden coexistir. Una misma persona puede sentirse paralizada ante tanta información, confusión, temerosa por algunas cosas que ha leído y al mismo tiempo deslumbrada por otras. El resultado general de la Aitoxicación es una percepción social volátil y polarizada de la IA: cuesta encontrar puntos medios entre el entusiasmo y el recelo.

Posibles soluciones ante la saturación informativa de IA

Superar la Aitoxicación requiere “antídotos” que van desde hábitos personales de consumo de información hasta medidas educativas y sociales. A partir del trabajo con profesores y estudiantes en estos dos últimos años, podemos sugerir algunas estrategias para filtrar la información, fortalecer el pensamiento crítico y adoptar un enfoque equilibrado frente a la IA.

Filtrar y seleccionar fuentes confiables: Dado que no podemos absorber todo lo que se publica sobre IA, es crucial ser selectivos con la información que consumimos. Esto implica elegir fuentes fiables y de calidad, evitar aquellos que inician sus titulares con frases apocalípticas, titulares sensacionalistas o rumores de redes sociales. Una práctica útil es centralizar las noticias en unas pocas fuentes curadas (por ejemplo, usando lectores RSS o boletines de instituciones confiables. De este modo omitiremos el ruido y recibiremos sólo aquello que realmente aporta valor o interesa, reduciendo la ansiedad por querer enterarnos de absolutamente todo. Del lado contrario, conviene “darse de baja” de fuentes que continuamente desinforman o saturan, como el caso de canales de videos, cuentas en redes, páginas de diarios alarmistas, entre otros.

Verificar datos y no propagar desinformación. Ante cualquier noticia o afirmación sorprendente sobre IA, es recomendable adoptar una actitud de escepticismo sano hasta confirmarla. Muchas veces un titular impactante resulta ser inexacto al leer la letra pequeña. Por ello, hay que comprobar la veracidad antes de compartir algo dudoso. Lo mismo sucede con imágenes y videos que parecen ser muy reales, pero no lo son. En las últimas semanas, se han visto videos de personas que limpian de costras marinas a ballenas y estas están tan agradecidas que lo único que les falta es que hagan un video para TikTok agradeciendo a los humanos. Se ponen de moda los consejos de médicos expertos que gracias a la IA descubren la cura de los males de la humanidad. Como señala el experto Antonio Delgado: con la IA cero confianza

Alfabetización en IA con sentido crítico. Más allá de las medidas de curación de contenido, la mejor defensa contra la Aitoxicación es un público bien informado y con criterio propio. Esto implica fomentar la alfabetización digital y en especial en inteligencia artificial, comprender los conceptos básicos de cómo funciona la IA, sus alcances y limitaciones actuales, para poder contextualizar las noticias. Tener presente esta idea ayuda a no sobredimensionar cada avance ni temer antes de tiempo a un escenario de ciencia ficción. El pensamiento crítico conlleva hacerse preguntas clave ante cada información: ¿quién lo dice y con qué fin? ¿Qué evidencia hay? ¿Esto es técnicamente posible o suena demasiado bueno/terrible para ser verdad? También supone equilibrar las perspectivas: leer tanto opiniones a favor como críticas, y formarse un juicio ponderado. Un consejo útil es seguir a expertos de distintas posturas en el tema en lugar de repetir una sola opinión.  

Mantener un enfoque equilibrado. Dado que la narrativa sobre la IA oscila entre extremos, es importante situarnos en un punto medio informado. Un enfoque equilibrado reconoce que la IA ofrece enormes oportunidades, pero que también conlleva riesgos y desafíos que hay que gestionar. Podemos apreciar, e incluso maravillarnos, con los logros de la IA, sin por ello ignorar sus fallos o peligros. Como sugiere la presidenta de la Comisión Europea, “la IA es una oportunidad muy significativa si se usa de forma responsable”. La clave está en el uso responsable y eso requiere conciencia crítica. La tecnología no es buena, ni mala; es el ser humano el responsable de su empleo. Desde la primera tecnología creada por el ser humano (la rueda) hasta las herramientas de IA, el empleo fue y seguirá siendo variado.

Gestionar la exposición informativa y la salud mental. Por último, es válido recordar que debemos cuidar de nuestra salud mental informativa. Si la sobrecarga de noticias de IA nos genera ansiedad o estrés, es aconsejable dosificar la exposición. Nadie está obligado a seguir cada microavance en tiempo real. Prácticas como tomar descansos digitales, bloquear por tiempo las aplicaciones de redes sociales, emplear las opciones de bienestar digital de nuestros móviles, son recomendaciones para desconectar en un mundo excesivamente conectado y conectar más tiempo con la familia y amigos cercanos.

En conclusión, la Aitoxicación es un reto de nuestra era, pero podemos afrontarlo con herramientas personales y colectivas. Informarnos de manera selectiva, mantener un sano escepticismo ante lo que vemos, formarnos en los fundamentos de la IA y equilibrar nuestras emociones al respecto nos permitirá navegar el torrente informativo sin naufragar. Del lado de la industria y los gobiernos, también es importante fomentar la transparencia, que las empresas comuniquen claramente qué hace y qué no hace su IA y la educación en estas materias. Idealmente, con el tiempo, la conversación social sobre IA madurará, menos ruido y más conocimiento, y podremos aprovechar lo mejor de esta tecnología minimizando los efectos tóxicos de la desinformación.

Redactado con la colaboración de ChatGPT en modo Deep Research.

Goldhaber, M. (2006). The value of openness in an attention economy. First Monday. https://doi.org/10.5210/fm.v11i6.1334

Hilbert, M., & López, P. (n.d.). The World’s Technological Capacity to Store, Communicate, and Compute Information. www.sciencemag.org

Lyman, P., & Varian, H. R. (2000). Reprint: How Much Information? The Journal of Electronic Publishing, 6(2). https://doi.org/10.3998/3336451.0006.204

 

jueves, 14 de julio de 2022

Infoxicación o intoxicación por la información. (parte tres)

 En comentarios anteriores expuse sobre la infoxicación y sus males actuales. Cuando estás más preocupado por leer el mensaje de WhatsApp o de Facebook que terminar lo que estás haciendo en ese momento, debes preocuparte. Es casi seguro que estás sufriendo de infoxicación.


Antes te sugerí que emplearas lectores RSS, para hacer que la información llegue a ti. Busca en fuentes confiables, crea un criterio de búsqueda preciso, trata de utilizar un tiempo determinado en las búsquedas y recurre a aplicaciones donde guardes las búsquedas, clasificadas con etiquetas.

Con las recomendaciones que mencioné en el anterior comentario puedes disminuir tu nivel de infoxicación. Pero el exceso de información es responsabilidad de todos, por lo que te propongo seguir estos consejos para no ser responsable directo de ese incremento.

El primer consejo es que no reenvíes de inmediato los mensajes e imágenes que recibes en WhatsApp. Sí es un mensaje extenso, léelo hasta el final, verifica si está el nombre de quien lo escribe y la fuente donde se publicó. Sospecha de su veracidad, copia una parte del mismo y pégalo en un buscador. Recuerda, no existen curas escondidas para el cáncer, tampoco para el COVID, como muchas veces leemos en mensajes de dudosa procedencia.

No reenvíes aquellos mensajes donde se pronostica un virus mortal que destruirá tu celular en segundos. Tampoco los que dicen que una empresa está regalando boletos de avión o vehículos y motos.

Cuando recibas imágenes de personas desaparecidas, verifica previamente la fuente de la noticia. Carga esa imagen en el navegador y revisa si antes circuló ese mismo mensaje.

Una vez seguro de la procedencia del mensaje, comprueba si este fue enviado previamente en tus grupos de WhatsApp. En no pocas ocasiones reenviamos el mensaje dentro del mismo grupo. Más de 60 000 millones de mensajes circulan diariamente en Messenger y en Facebook.

En YouTube en cada minuto se sube el equivalente de 500 horas de video, más de un billón de horas son vistas cada día en esta plataforma. La mayoría de ellas en celulares.

Con estas cifras cada vez más en ascenso la cantidad de información será incalculable en los próximos años. El 62% de la población mundial tiene acceso a Internet, cada día el tiempo de conexión por persona se acerca a las siete horas y de estas 2 h,30 min se emplean en las redes sociales. La red más empleada es  Facebook, le sigue YouTube , WhatsApp, Instagram, y TikTok

A partir de ahora, qué vas a hacer para disminuir tus niveles de infoxicación. Depende de ti.

Podcast para la emisora Radio Top Chiriquí, de Panamá, el podcast puedes escucharlo desde este enlace


martes, 12 de julio de 2022

Infoxicación o intoxicación por la información. (segunda parte)

 La infoxicación o intoxicación por la información es un mal que todos podemos padecer y de seguro muchos de los que me escuchan la están asimilando. La cantidad de información a la que accedemos desde nuestro celular o la PC es tan grande que el tiempo solo nos alcanza para procesar una pequeña parte. Cuando estamos pendiente de los mensajes en las redes sociales, cuando frecuentemente revisamos WhatsApp o Facebook, cuando dejamos una tarea para consultar las redes, estamos sustituyendo lo importante por lo inmediato. Este es uno de los primeros síntomas de estar infoxicados.


Como te comenté la pasada semana, no podemos evitar el aumento de la información, pero sí disminuir nuestros niveles de infoxicación realizando algunas tareas sencillas.

La primera es no ir detrás de la información, sino que esta llegue automáticamente a nosotros. Esto es posible accediendo a los conocidos lectores de RSS, en otras palabras, son sitios o programas especializados en recopilar la información de aquellas áreas de nuestro interés, son gratuitos y realizan automáticamente el seguimiento de la información. Solo debes indicar cuál es el blog, la revista o el periódico que quieres seguir y el lector RSS hace el resto de la tarea.

Una segunda sugerencia es que busques en fuentes especializadas, si estás haciendo un trabajo en un tema específico, accede a buscadores especializados, no lo hagas directamente en Google, donde los resultados son tan cuantiosos que te desmotivaran a seguir.

La tercera recomendación que te hago es la de crear un criterio de búsqueda preciso, si por ejemplo escribes agua, tendrás millones de resultados, pero si a esa palabra agregas otras más relacionadas con tu búsqueda los resultados serán menos. Aun así, pueden ser de una cantidad tal que te sientes perdido, puedes discriminar por el año, el país, tipo de documento, agregar comillas entre las palabras, para que la cifra se reduzca.

Una cuarta sugerencia es que trates de fijarte un tiempo de búsqueda, no pretendas seguir acumulando información que no vas a revisar, por falta de tiempo.

La quinta y última idea que te propongo es que emplees programas que guarden las búsquedas y sus direcciones, las que puedas clasificarlas por palabras claves. Hay muchos de ellos en la Web, algunos se acoplan al navegador y se sincronizan con tus dispositivos. Haz que estos dispositivos trabajen para ti.

Espero que con estos cinco consejos puedas disminuir tu nivel de infoxicación y evitar en particular el estrés cuando tienes en la pantalla una cifra millonaria de supuestas coincidencias a tu búsqueda. Pero ten presente, que tú puedes y debes contribuir a disminuir la infoxicación de los demás. 

Podcast para la emisora panameña Radio Top Chiriquí, para escucharlo en este enlace

domingo, 10 de julio de 2022

Infoxicación o intoxicación por la información.

Recientemente con mis estudiantes de la mención en tecnología educativa, conversaba sobre la galopante cantidad de información que cada día circula en los grupos de WhatsApp donde coincidimos.

Una de las participantes dijo que había silenciado casi todos los grupos de esta red donde participa, en especial uno en el que recibe más de cien imágenes y videos al día, muchos de ellos repetidos.


Otro estudiante comentó que estamos intoxicados de información, recibimos mucho más de lo que podemos asimilar y muy poco de esto nos resulta útil. El término más empleado para describir este fenómeno es el de infoxicación, que tiene su raíz anglosajona, conocida como overload information” o sobre carga informativa.

En la práctica todos sufrimos la infoxicación. Uno de los casos más cotidianos lo encontramos cuando realizamos una búsqueda en la Web empleando un par de palabras y nos quedamos atónitos al ver que el resultado es de varios millones de enlaces. Estamos frente a una cantidad de fuentes tan enorme que no podemos revisar. Nos desubicamos, no encontramos por dónde iniciar, no sabemos qué hacer. Este es uno de los primeros síntomas de la infoxicación.

Otra manera de sufrir la infoxicación es el hábito casi extendido de leer de manera diagonal en la pantalla, no leemos las líneas como hemos aprendido, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. En la pantalla de la computadora o del celular saltamos líneas, obviamos palabras con el objetivo de terminar cuanto antes, para pasar a otra lectura.

Esto trae como consecuencia que no se logra profundizar en el contenido y la comprensión lectora, sucumbe ante tanta avalancha informativa. Leemos de todo, pero conocemos de poco.

Otra manera de sufrir la infoxicación es cuando pasamos de una tarea a otra sin terminar ninguna de las dos. Tomamos el celular para revisar los mensajes de las redes sociales, pero no logramos concentrarnos en lo que antes estábamos realizando. Sufrimos la inmediatez, llegamos a convencernos que es más importante leer el mensaje que recibimos en WhatsApp que seguir en la tarea que estábamos ejecutando. En otras palabras, sustituimos lo importante por lo inmediato, s lo que algunos expertos llaman consumo por la inmediatez.

Una de las estudiantes me dijo que ella guarda en su computadora todo lo que le parece útil, es gran consumidora de información, pero, confesó que casi nunca recuerda lo que archivó y tampoco lo encuentra. Este es otro de los síntomas de la infoxicación.

A veces tratas de solucionar un problema y se te ocurre navegar en YouTube, escribes en su buscador lo que necesitas resolver y encuentras decenas de videos sobre lo mismo. Ves la duración de estos y casi siempre te decides por el más corto, pero antes de llegar al final te percatas que no resuelve tu necesidad y buscas otro y así ves varios videos de lo mismo. Estas sufriendo la infoxicación.

En Facebook vas directo a las notificaciones de lo que publicaste, te preocupas por los like que recibes, al igual que en Instagram y TiktoK. Sí estas en esa condición también estas infoxicado. No tiene cura este mal actual, porque las redes crecen cada día y con ellas la información. Pero esto no significa que no puedas disminuir tus niveles de infoxicación, lo que comentaré próximamente.

El comentario es un podcast preparado para la emisora panameña Radio Top Chiriquí, pueden acceder al mismo en este enlace