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miércoles, 7 de septiembre de 2011

La obra de los educadores


En los últimos comentarios del Blog, casi que sin proponérmelo, vine dedicando varios momentos a comentar lo que en mi opinión debe ser un profesor, maestro, catedrático, en fin educador en el más amplio sentido de la palabra. 

Varios profesores me comentaron por diferentes medios que comparten por completo estos comentarios.

Comenius en su época escribió: “.. enseñar todo a todos”,  José de la Luz y Caballero en el siglo XIX  expresó: “Enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”. A la vez José Martí en ese siglo sentenciaba: “..la educación quién lo duda, es una obra de infinito amor”

Los profesores, los que somos de formación y no de titulo, somos Quijotes de nuestro tiempo. Luchamos contra los molinos que representan la ignorancia, la grosería, la egolatría, la mentira y el oportunismo.

Nuestras espadas llevan el filo de la palabra y cortan las ideas tergiversadas, miran al futuro y no al pasado, se levantan con tanta fuerza que no dejan lugar a dudas: nuestra profesión es una obra eterna.

martes, 30 de agosto de 2011

Lo que disfruto y padezco.


Recientemente una profesora me preguntó cómo hacía para organizar mi trabajo, dar clases, publicar en el Blog y además sentirme satisfecho de lo que hago.

Empecé por explicarle que la posibilidad de hacer varias tareas empieza por un uso adecuado de las tecnologías. Mi mayor fuente de actualización es Twitter, en ella encuentro el artículo que más se ajusta a mis intereses, la última noticia tecnológica y las decenas de ideas que otros me permiten leer.

Mi segunda fuente son los estudiantes, con ellos aprendo lo que se puede hacer y en especial lo que no logran alcanzar. Veo sus rostros de duda cuando se pierden en la explicación, o su sonrisa de placer cuando empiezan a reinventarse a sí mismos, tuiteando, escribiendo en su blog, dejando enlaces en Delicious y otras redes.

Con un grupo de mis estudiantes
después de concluir las defensas
de sus trabajos en noveno semestre
La tercera fuente son los profesores colegas de trabajo, de ellos aprendo qué falta por aprender y qué cuesta más trabajo alcanzar en el empleo de las Tics.

Esas fuentes son inagotables, nunca se secan, solo hay escucharlas y provocarlas. Cuando me surge una idea después de acceder a las fuentes, la escribo directamente en EverNote y aunque están sin clasificar, por eso son ideas, accedo a ellas permanentemente.

Sin embargo las fuentes no es lo único que me motiva, parto del criterio que lo que hago es para aprender y sentirme satisfecho y llegar incluso a divertirme.

Pero debo confesar que en ocasiones la satisfacción por el trabajo se me pierde y en otras la dejo pasar. Así es la profesión del profesor, somos seres humanos, no máquinas. Cuando encontramos estudiantes deseosos de aprender no me detengo en explicaciones y detalles, el contenido  fluye libremente. Pero cuando estoy con aquellos que apenas llegan a la universidad para sus clases, que ni siquiera acceden a revisar una página del libro o del aula digital y cuando les preguntan por el concepto más elemental no pueden expresarse, la situación es diferente. No logro adaptarme a la idea que el profesor debe sobreponerse a esos inconvenientes y salir adelante.

Los profesores somos de carne y hueso, somos seres humanos que reaccionamos igual que los demás, necesitamos de la comunicación en los dos sentidos, no en uno solo.

En algunas ocasiones comenté con los estudiantes sobre la película “Leones por Corderos”, protagonizada por Robert Redford, Merryl Streep y Tom Crusie, donde el primero es profesor, la segunda una reportera y el tercero un congresista norteamericano, defensor de la guerra de Irak.

La película gira en tres momentos diferentes, el primero cuando dos estudiantes de Redford, deciden por su propia convicción participar de dicha guerra, el otro la entrevista que Meryl Streep realiza al congresista y la tercera la charla que Reford mantiene con otro estudiante, crítico del sistema pero que prefiere no hacer nada y dejar que las cosas pasen.

En una parte del diálogo con este estudiante Reford dice:

-“Roma está ardiendo. El problema no son los que lo empezaron. El problema somos nosotros. Hay gente que día a día lucha por mejorar las cosas”

El estudiante responde: ¿Dice que es mejor intentar y fallar que no intentar?

Reford : Si.

El estudiante señala: Que más da si acabas en el mismo lugar.

Reford: Al menos hiciste algo.

Es que el profesor actual tiene que sentirse inconforme con los resultados que logra, sufro cuando esos estudiantes siguen con la idea que la evaluación es el castigo, que solo les corresponde vencer la asignatura y librarse de un profesor más. Sin embargo como expresé en otro comentario somos sanadores mentales y por ende debemos imponernos a ese sufrimiento.

Dudamos que se pueda lograr, dudamos que puedan culminar con éxito, pero al final triunfa nuestro deseo, nuestra confianza en que a pesar de todo se logra dejar en ellos una pequeña huella.

Los profesores debemos serlo no por el título, sino por el alma. De ese modo podemos entender lo que disfrutamos y padecemos a la misma vez.

El título del artículo se lo agradezco a mi amiga y profesora de alma y espíritu Elina Hernández Galarraga.