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viernes, 2 de diciembre de 2011

Nativos e inmigrantes a debate o la época de las repeticiones.

Un amigo me envió por correo una interesante respuesta a dos entradas recientes. Al parecer ambas no tienen mucho en común, pero mi amigo demuestra que sí lo tienen. La primera de ellas es lo que recordé en apenas 60 segundos, cuando retrocedí años atrás y mediante la letra de una canción rememoré mis primeros deslices amorosos, con Susana, la que pudo ser mi primera novia. 
La segunda entrada es la relacionada con el trabajo sobre nativos e inmigrantes digitales. Para no cansarlos más, les dejo el correo de mi amigo.

“O quizás simplemente te regale una rosa…”

Ese era Leonardo Fabio. Claro que lo recuerdo también. Del mismo modo que recuerdo la primera vez que me le declaré a una muchacha y eso me costó una buena pelea a puñetazos con uno de sus hermanos. Hoy no me arrepiento pues la muchachita de entonces se convirtió en una mujer amante de los cargos y el rumbo de mi vida habría sido siempre de subalterno. No soy machista ciento por ciento; pero tampoco marioneta.

Esta introducción no tiene otro objetivo que recordar y viajar en la memoria y detenerme a pensar en los neologismos y los giros que muchos científicos se empeñan en inventar con cosas que ya están inventadas: nativos, aborígenes o como se les llame o quiera llamar a las generaciones actuales no diferencia en nada la distancia intelectual.

Cierto es que los jóvenes de hoy, nuestros hijos y nietos están naciendo en una época donde todo va más rápido; hasta la destrucción del mundo. Pero el caso es que esos jóvenes son el fruto genético de nuestros experimentos; o sea, de los inmigrantes, aliens, extrapolados, o como se nos quiera nombrar. Esto es como todo: una cadena.

Estamos en la época de las repeticiones –dijo Julia Kristeva- y tiene toda la razón. En un idioma más de calle diríamos que “todo está inventado”. Nada es nuevo bajo el cielo ya todo estaba aquí en otras formas. No hay que ofenderse porque nos digan lo que nos digan unos intelectuales descubridores o redescubridores de términos en aras de pasar a la posteridad por una innovación. Para nada hay que molestarse en atender eso si nosotros fuimos los aborígenes hace 40 años y así seguirá sucediendo.

Lo que no logro entender es a las personas que no quieren reaccionar ante el ritmo de estos tiempos y pretenden seguir bailando un vals de Strauss en un Carnaval. Eso sí. Cada cosa en su lugar y cada lugar para su cosa; o al revés, en FIN, da lo mismo.

Esto va tan rápido, que ya ni siquiera se regalan rosas entre los enamorados. Todo es ENTER y si no marchan bien las cosas CTRL+ALT+DEL

Prof. Juan Ramírez Martínez.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Ni nativos, ni inmigrantes digitales: profesores de este tiempo.


En diciembre se cumplen diez años desde que Marc Prensky publicó en la revista “On the Horizon” su famoso artículo “Nativos digitales, inmigrantes digitales”. En aquel artículo señaló que los estudiantes actuales han cambiado sustancialmente, no solo de apariencia sino que piensan y procesan la información de manera diferente a sus predecesores. Por ello se requiere que los maestros actuales cambiemos, que nos adaptemos a esta nueva forma de pensar, de ir más rápido.

En estos 10 años, me pregunto: qué cambió en la escuela, qué cambió en los maestros y qué cambios experimentaron los estudiantes. Esta es una de esas preguntas que en cualquier acto, congreso, debate o encuentro de profesores se discute con enorme pasión, pero con pocas respuestas aceptables. 

La escuela cambió, desde las viejas máquinas Pentium 1 pasamos a las Dual Core, de los monitores enormes a los de pantallas planas y los profesores empezamos a cambiar los libros que llevábamos en nuestro maletín por una pesada portátil o una ligera netbook. Empezamos a emplear celulares inteligentes y a discutir cuál es el mejor modelo. 

La escuela se modernizó, quitó cables por conexiones WiFi, cambió pizarras verdes por blancas y ahora por digitales. Empezamos a sustituir los libros impresos por las pantallas  y comentamos casi a diario que vivimos en tiempos de modernización.

La escuela se endeudó, los presupuestos son para comprar equipos, pero no para arreglar las aulas. Una PDI puede pasarse meses para que se le cambie un cable que cuesta menos que cinco Coca Colas de dos litros. 

A los profesores nos exigen cada día más, nos piden que seamos docentes 2.0 pues nuestros alumnos, que son los nativos digitales nos van a superar, nos dejaran atrás. Hasta ahora, diez años después de aquel artículo, seguimos esperando a esos nativos digitales. 

No nos aumentaron el salario, es más en no pocos países de la región lo congelaron,  mientras que todo a nuestro alrededor aumenta de precio. Pagamos Internet, la computadora personal, el celular pero nunca una telefónica, que deben ser inmigrantes digitales, se nos acercó para compensar la devaluación de nuestro salario. Sí no pagas Internet te la cortan así de fácil. Ellos de inmigrantes digitales no tienen un pelo, pero si hacen todo su esfuerzo para decirnos que vamos detrás. 

Nuestros estudiantes, los supuestos nativos digitales, llegaron a las escuelas y universidades, pero ni los dejamos cambiar, ni tampoco ellos hicieron mucho para que nosotros cambiemos. Seguimos con el estudiante de menos es mejor, donde copiar y pegar es una habilidad eterna, pero revestida del componente moderno. 

Le cambiamos el nombre a los currículos escolares, antes redactábamos objetivos, hoy competencias. Nos reinventamos mil formas para cambiar, pero seguimos en las mismas de siempre. 

La escuela y la universidad se sigue debatiendo entre el incremento de tecnologías o preparar a los profesores para su uso. Este debate no es reciente, es perpetuo desde los albores de la Tecnología educativa en los años 60 del pasado siglo. 

No se trata de copar la escuela con medios, sino de cómo usarlos. En otras palabras los profesores debemos ser preparados en la vinculación del método con el medio, contrariamente en cómo sucede que se nos enseña a usar el medio, pero no la razón de su empleo.  

En nuestras instituciones educacionales faltan investigaciones sobre estos métodos, pero sobran medios.  Se usan las presentaciones en Power Point como lupas agrandando el texto en Word, las PDI son simplemente proyectores de presentaciones y videos.

En diez años cambiamos, no lo niego, pero me resisto a que me llamen inmigrante digital, como sí solo el hecho de nacer en una época nos dotara de las habilidades necesarias para ir más rápido con la tecnología. 

Me niego a entender que mis alumnos son nativos, solo por nacer después de los años 80.

Soy y seré simplemente un profesor de esta época, ni inmigrante, ni nativo digital.