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domingo, 2 de agosto de 2026

La tarea no termina con la IA: comienza con la defensa del aprendizaje


Ilustración conceptual sobre aprendizaje visible con inteligencia artificial, fuentes, prompts, evidencias y defensa del conocimiento

Uno de los problemas más visibles en las aulas universitarias no es que los estudiantes utilicen inteligencia artificial. El problema aparece cuando la emplean para resolver todo, entregando resultados que no comprenden. Presentan un texto correcto, una infografía atractiva y realizan una exposición bien ordenada. Sin embargo, no pueden explicar una idea central, reconocer una fuente ni justificar una decisión. El producto parece terminado, pero el aprendizaje permanece oculto. Cometen errores y dicen que fue la IA quien lo dijo.

Esta situación obliga a revisar el sentido de la tarea. Durante años, los profesores evaluamos el resultado final como evidencia del trabajo intelectual. La inteligencia artificial ha debilitado esa relación. Un documento bien escrito ya no demuestra, por sí solo, que su autor conoce el tema. La fluidez verbal puede ocultar una comprensión limitada. También puede encubrir fuentes débiles, conceptos imprecisos y conclusiones que nadie verificó.

La respuesta más inmediata suele ser prohibir la IA o intentar descubrir cuánto texto produjo. Ambas decisiones dejan intacto el problema pedagógico. La pregunta no debería ser cuánto intervino la herramienta. Conviene preguntar qué hizo el estudiante con ella, qué examinó, qué descartó y qué puede defender sin consultarla otra vez.

La guía de la UNESCO sobre IA generativa en educación e investigación propone una integración centrada en las personas. También defiende el desarrollo de capacidades. El documento sobre reforma de la evaluación en la época de la inteligencia artificial plantea un cambio semejante. La evaluación debe preparar al estudiante para trabajar en un mundo donde la IA forma parte de la actividad profesional. También debe ofrecer evidencias confiables del aprendizaje alcanzado.

Hacer visible el aprendizaje

La experiencia que propongo puede llamarse: La ruta visible del aprendizaje con IA. Su propósito no consiste en producir más materiales. Busca que cada estudiante reconstruya el proceso seguido y responda por sus decisiones. NotebookLM funcionaría como mediador de la investigación, no como una máquina que entrega respuestas terminadas.

La actividad comenzaría con una pregunta problémica, que exige comparar, relacionar y tomar partido. Un ejemplo sería este: ¿cuándo contribuye la IA generativa al aprendizaje universitario y cuándo genera dependencia cognitiva? Podemos crear varios equipos de tres integrantes, donde cada uno podría delimitar la pregunta desde una asignatura o situación educativa concreta.

Cada equipo iniciaría una investigación profunda para construir un cuaderno en NotebookLM. Las fuentes podrían rondar entre ocho y diez, donde al menos cinco serían artículos académicos o revisiones científicas. También incluiría documentos institucionales y una fuente que presente una perspectiva diferente. Esta condición reduce la posibilidad de formar un corpus que solo confirme una idea previa.

Incorporar un documento al cuaderno no significa aceptarlo; por el contrario, cada fuente debe pasar por una revisión. Los estudiantes examinarían la autoría, la fecha, la procedencia, el método empleado, la evidencia presentada y sus límites, así como su relación con la pregunta. Una fuente puede parecer confiable y aportar muy poco. Otra puede ser pertinente, pero contener afirmaciones que deben compararse con otras fuentes. Esta tarea es la que obliga al estudiante a leer y analizar las fuentes, evitando así la aceptación tácita de todas las fuentes.

Para esta tarea se puede crear una tabla de calidad documental, donde se recogen todos los elementos antes mencionados. El estudiante tendría que explicar por qué conserva cada texto y qué uso le dará. También anotaría las fuentes descartadas y las razones del rechazo. Esta decisión tiene valor formativo. Buscar información es solo el inicio; seleccionar exige criterio.

Después se elaboraría un glosario comentado con diez o quince términos. Cada entrada contendría una definición redactada por el equipo y la fuente que la sustenta. También incluiría un ejemplo, un contraejemplo y su relación con otros conceptos. Copiar una definición no basta. El ejemplo muestra si el estudiante puede reconocer el concepto. El contraejemplo permite comprobar si comprende sus límites.

Este glosario cumple otra función: evita que categorías como pensamiento crítico, aprendizaje, dependencia o evaluación se utilicen como etiquetas vacías. Si el estudiante no puede explicar un término con sus propias palabras, tampoco puede utilizarlo con rigor en una conclusión.

En esta etapa entraría el sitio Prompts para trabajar con NotebookLM. Su biblioteca y el método 5C ofrecerían un andamiaje común. El método organiza cada consulta mediante contexto, corpus, comando, condiciones y comprobación. La acción cognitiva debe ser precisa. Comparar, evaluar, explicar y justificar producen interacciones más exigentes que resumir.

El sitio no debería convertirse en un banco para copiar instrucciones. Cada equipo seleccionaría tres prompts y los adaptaría a su problema. También redactaría uno propio mediante el método 5C. En todos los casos mostraría el prompt de referencia, la versión modificada y la razón de cada cambio.

Mostrar los prompts tampoco demuestra comprensión. Un prompt puede copiarse con la misma facilidad que una respuesta. Por eso, el registro debe incluir el propósito, el resultado obtenido, la verificación realizada y la decisión final. El estudiante explicaría si aceptó, corrigió, descartó o reformuló la respuesta. También presentaría un prompt que fracasó y mostraría cómo lo corrigió.

Una segunda tabla vincularía las afirmaciones con sus evidencias. Cada conclusión tendría una fuente, un fragmento de respaldo, una interpretación del equipo y una advertencia sobre sus límites. Esta separación ayuda a distinguir tres niveles. Uno corresponde a la fuente, otro a NotebookLM y el tercero a la conclusión estudiantil.

Desde el enfoque histórico cultural, la herramienta ocupa el lugar de un instrumento de mediación. No aprende en lugar del estudiante. Modifica la actividad y crea nuevas condiciones para acceder a la información. La apropiación del conocimiento surge cuando el estudiante dialoga, contrasta, explica y actúa con los conceptos. El profesor organiza esas condiciones y orienta el paso desde la ayuda externa hacia la comprensión propia.

La defensa cambia el sentido de la tarea

La infografía y la presentación serían productos de síntesis, pero no el centro de la evaluación. La infografía representaría relaciones entre conceptos, evidencias y conclusiones. Cada afirmación central indicaría su fuente. La presentación mostraría el proceso de investigación, las decisiones documentales, los prompts empleados y las correcciones realizadas.

La defensa del trabajo no consiste en crear diapositivas, ni en leerlas. El equipo tendría que responder varias preguntas. Explicaría qué investigó, cómo delimitó el problema y qué fuentes aceptó. También mostraría cómo influyeron los prompts y qué puede sostener sin ayuda de la IA. Esta última pregunta marca la diferencia entre repetir una salida y demostrar aprendizaje.

La actividad terminaría con una defensa individual. El profesor elegiría al azar un término del glosario, una fuente, una afirmación de la infografía y un prompt. Cada integrante explicaría su sentido y reconstruiría el razonamiento seguido. También respondería una pregunta nueva. La selección aleatoria impide que una sola persona concentre el trabajo y obliga a todos a conocer el proceso completo.

La calificación debe reflejar este cambio. La calidad de las fuentes recibiría el veinte por ciento. La relación entre afirmaciones y evidencias tendría otro veinte por ciento. El glosario y la comprensión conceptual representarían el quince por ciento. Los prompts, su justificación y sus reformulaciones sumarían otro quince por ciento. La infografía y la presentación aportarían el diez por ciento. La defensa individual completaría el veinte por ciento restantes.

Este reparto de notas no comunica una decisión pedagógica. Los productos visuales tienen valor, pero no sustituyen la investigación. Un diseño atractivo no compensa una fuente débil. Una presentación fluida no reemplaza la comprensión. La defensa tampoco funciona como castigo. Es el momento en que el estudiante convierte el proceso en lenguaje propio.

La propuesta permite trabajar varias habilidades en una sola experiencia. Los estudiantes buscan, seleccionan, comparan, definen, verifican, sintetizan y comunican. La taxonomía de Bloom deja de aparecer como una lista de verbos. Se convierte en una guía para formular operaciones intelectuales observables. La alfabetización en IA también adquiere un sentido pedagógico. No se limita a manejar funciones; incluye reconocer límites, examinar evidencias y asumir responsabilidad por una conclusión.

Esta tarea puede aplicarse en distintas asignaturas. Cambiarían la pregunta, el corpus y los productos, pero se conservaría el principio. Cada resultado generado con IA debe dejar una huella que permita reconstruir cómo se obtuvo. Esa huella no es una captura de pantalla. Está formada por fuentes, decisiones, dudas, correcciones y argumentos.

El mayor riesgo no es que la inteligencia artificial escriba por los estudiantes. El mayor riesgo es que ellos se acostumbren a presentar conocimientos que nunca hicieron suyos. Esa práctica alimenta una forma de aitoxicación: mucha información, apariencia de dominio y escasa capacidad para explicar.

Por eso, la tarea no termina cuando aparece el texto, la infografía o la presentación. En ese momento comienza la parte que realmente interesa al profesor. El estudiante debe mostrar qué comprendió, cómo llegó hasta allí y qué razones sostienen su respuesta. La autoría ya no se mide por la ausencia de inteligencia artificial. Se reconoce en la capacidad de examinarla, corregirla y responder por cada idea presentada.

La idea que estamos presentando surgió como parte de un taller sobre NotebookLM que recientemente realizamos con profesores y administrativos de la Facultad de Humanidades. La tarea evaluativa propuesta requiere madurez del estudiante, responsabilidad, habilidades digitales, en especial para trabajar con NotebookLM, y un sentido ético del trabajo. El profesor debe orientar detalladamente cada paso, para evitar que se salten algunos y volvamos al clásico copiar y pegar. Es una tarea que puede revisarse por partes y conlleva tiempo tanto en la fase de investigación, el desarrollo y su presentación final.

 

 

lunes, 6 de julio de 2026

Sesgo de severidad por aversión al puntaje máximo.

En estos días estamos cerrando las notas de nuestras asignaturas y me vino a la mente una conversación que establecí con estudiantes de evaluación educativa. En una de las clases les pregunté que se pusieran en el papel de profesor y tenían un estudiante que concluyó con 99 puntos.

¿Le otorgan 100 o lo dejan en 99? Casi todos indicaron que 100 era justo, que la diferencia de un punto no hacía ni mejor ni peor al estudiante, pero sí que elevaba su autoestima al obtener la máxima calificación.

Estoy totalmente de acuerdo con ellos. Sucede que nos encontramos con docentes cuyo nivel de severidad es bien alto. Desde la evaluación educativa, el problema es claro: en una evaluación referida a criterios, el estudiante se mide contra esos criterios previamente definidos, no contra una idea abstracta de perfección. No existe un reglamento que obligue al profesor a cambiar su criterio; solo el sentido común es lo más cercano a una evaluación justa.

Valdría la pena que el profesor revise el historial del estudiante y ver sus calificaciones anteriores para acceder a la máxima puntuación, o simplemente recuerde que la perfección no existe y sí el deseo de mejorar cada día.

La discusión entre el 99 o el 100 no es matemática, es ética y axiológica. Expresa una concepción del mérito, de la excelencia y de la justicia evaluativa. Cuando el docente niega el 100 aunque el estudiante cumpla todos los criterios, no está corrigiendo un desempeño, sino imponiendo una creencia personal sobre la imposibilidad de la perfección.

Desde el punto de vista axiológico, tiene que ver con los valores que guían la calificación: justicia, mérito, excelencia, esfuerzo, honestidad, reconocimiento y cumplimiento. Cabe la pregunta: ¿qué valor defiende el profesor al no dar 100? Puede creer que defiende la humildad, la exigencia o la superación constante. Pero también puede estar negando el reconocimiento pleno de un logro.

En el plano ético, la calificación afecta al estudiante. Una nota no es solo un número. Es una decisión con consecuencias académicas, emocionales y formativas. Si el estudiante cumplió todos los criterios y el docente le pone 99 por una regla personal no declarada, hay un problema ético: la calificación deja de responder al desempeño y pasa a responder a la creencia del evaluador.

El 100 puede comunicar: “alcanzaste plenamente los criterios establecidos”. El 99 puede comunicar otra cosa: “hiciste todo bien, pero nunca será suficiente”. Esa diferencia tiene impacto formativo. Puede estimular la mejora, pero también producir frustración si el estudiante percibe arbitrariedad.

La diferencia entre 99 y 100 es matemáticamente de un punto; sin embargo, en el plano humano es de muchos puntos.

 

 

sábado, 9 de mayo de 2026

La bicicleta eléctrica llegó a la universidad

No se confunda por el título, es solo el punto de inicio de un debate que pudo ocurrir entre dos profesores universitarios que se resume con una imagen difícil de olvidar: durante años formamos a los estudiantes para correr un maratón académico. Les enseñamos a leer, escribir, buscar fuentes, argumentar y sostener una idea. De pronto, en la línea de salida, una parte de ellos recibe una bicicleta eléctrica. El maratón sigue siendo el mismo, pero las condiciones cambiaron. Esa metáfora resume el desajuste que vive hoy la educación superior frente a la inteligencia artificial generativa.

El problema no está solo en que los estudiantes usen IA. El problema mayor es que muchas universidades todavía evalúan como si esa bicicleta no existiera. Pedimos ensayos, informes y resúmenes con los mismos criterios de antes, pero ya no sabemos con certeza qué parte corresponde al esfuerzo del estudiante y qué parte fue producida por una máquina. Ante ese escenario aparecen dos posiciones, representadas por cada uno de los profesores. Uno percibe la IA como posibilidad de emancipación pedagógica, mientras que el otro advierte el riesgo de una atrofia cognitiva silenciosa.

Entre emancipación y atrofia

El profesor que defiende la integración de la IA sostiene que esta herramienta puede liberar al estudiante de tareas operativas. Buscar antecedentes, organizar referencias, corregir sintaxis o resumir información puede consumir muchas horas. Si la IA asume parte de ese trabajo, el aula podría concentrarse en actividades de mayor valor: interpretar, comparar, defender ideas, formular objeciones y revisar la calidad de las respuestas obtenidas.

Desde esa perspectiva, la IA no sustituye el pensamiento. Obliga a desplazarlo hacia otro nivel. El estudiante ya no debería limitarse a producir un texto final, sino a explicar cómo llegó a ese texto, qué decisiones tomó, qué descartó, qué corrigió y qué no aceptó de la máquina. La evaluación dejaría de mirar solo el producto terminado y pasaría a observar el proceso intelectual.

La postura contraria del otro profesor advierte un peligro real. La facilidad de acceso a respuestas bien redactadas puede generar una ilusión de comprensión. El estudiante lee un resumen claro, ordenado y convincente, y cree que comprendió el texto original. Pero comprender no es repetir una síntesis. Comprender exige entrar en conflicto con el lenguaje, detenerse, volver atrás, reconstruir el argumento y formular preguntas propias.

Aquí aparece uno de los puntos más fuertes del debate: la lectura profunda requiere fricción. Esa palabra expresa el esfuerzo necesario para pensar. Leer un texto complejo no siempre es agradable ni rápido. La dificultad forma parte del aprendizaje. Si la IA elimina esa dificultad antes de que el estudiante haya construido su propio criterio, puede debilitar la capacidad de interpretar.

En el debate imaginario se empleó la metáfora del GPS cognitivo que nos ayuda a entender el problema. Cuando una persona depende siempre del mapa automático, llega al destino, pero no construye orientación espacial. Algo similar puede ocurrir con la IA. El estudiante obtiene una respuesta, pero no siempre aprende a construir la pregunta. Y sin pregunta propia no hay pensamiento crítico sólido.

El profesor como mediador del criterio

El debate entre ambos no debería reducirse a aceptar o prohibir la IA. Esa salida es pobre. La pregunta pedagógica más seria es otra: ¿qué debe hacer el profesor universitario para que la IA no sustituya el proceso de formación?.

La respuesta está en cambiar el foco de la evaluación. Ya no basta pedir un ensayo de 10 páginas. Ese formato se volvió insuficiente si no va acompañado de defensa oral, bitácora de trabajo, revisión de fuentes, análisis de prompts, explicación de decisiones y contrastación de resultados. El texto final debe dejar de ser la única evidencia.

En este punto, la figura del profesor recupera fuerza. La IA puede producir una respuesta en segundos, pero no puede observar la duda del estudiante, detectar una comprensión frágil, exigir una justificación mejor o conducir un diálogo formativo. La mediación docente no desaparece. Se vuelve más necesaria.

La universidad debe enseñar a trabajar con IA sin entregar el juicio intelectual. Eso implica formar estudiantes capaces de preguntar mejor, sospechar de las respuestas demasiado perfectas, comparar fuentes, reconocer sesgos, identificar vacíos y sostener una idea frente a otros. El aula no puede convertirse en un espacio donde se celebran textos impecables con pensamiento ausente.

El debate entre los dos profesores deja una enseñanza central: la IA puede ser bicicleta eléctrica o prótesis del pensamiento. Todo depende del uso pedagógico. Puede ayudar a llegar más lejos, siempre que el estudiante siga aprendiendo a orientarse, esforzarse y decidir. Pero también puede acostumbrarlo a no caminar.

La universidad no debe formar usuarios complacientes de respuestas automáticas. Debe formar sujetos capaces de dialogar con la máquina sin renunciar a su propia voz. El desafío no es tecnológico. Es pedagógico, ético y cultural. La IA ya entró al aula. Ahora corresponde decidir si la usamos para pensar más o para pensar menos.

 

lunes, 13 de mayo de 2019

La evaluación mediante plataformas en línea


Evaluar es un proceso complejo que a su vez es el resultado de apreciar un objeto o fenómeno de la realidad, en sus características esenciales, sus manifestaciones particulares, en su desarrollo actual y futuro, de acuerdo con juicios o con patrones definidos e indicadores establecidos a tal fin.

En la actividad pedagógica se torna muy complejo, ya que encierra una serie de valoraciones que influyen en un conjunto de decisiones que deben tomar todos los participantes en este proceso. Aunque son muchas las funciones que puede cumplir la evaluación y que van desde la regulación y motivación hasta el diagnóstico y la acreditación, la más conocida tiene que ver con la sanción que decide si está aprobado o no en una asignatura, en una carrera universitaria o en cualquier otro nivel. Los resultados por lo general son interpretados de manera diferente, por una parte el estudiante insiste en que los resultados negativos son consecuencias del trabajo del profesor, mientras que el docente tiene una opinión totalmente diferente.

La evaluación y su inseparable calificación son dos tareas que por lo general reportan el mayor tiempo de trabajo a los profesores sin distinción del nivel escolar y en muchas ocasiones se transforma en una tarea ingrata. En tiempos de redes la evaluación además suele ser acompañada con reclamos de todo tipo y en especial cuando se emplean grupos de WhatsApp.

Sin embargo la evaluación puede favorecer la motivación y el interés por una asignatura, elevar la seguridad en el aprendizaje, facilitar el diagnóstico y en sentido general mejorar el proceso pedagógico. Una vía para disminuir la carga en la calificación, obtener resultados inmediatos y favorecer la retroalimentación es el empleo de cuestionarios en línea.

Estos cuestionarios desarrollados en plataformas tienen sus ventajas e inconvenientes, como todo tipo de evaluación. Entre las últimas encontramos el exceso de los mal llamados cuestionarios objetivos, con preguntas cerradas, donde se abusa de la memorización. Por el contrario, el desarrollo de actividades de evaluación en este tipo de plataforma incrementa la retroalimentación en las respuestas, favorece la toma de decisiones con mayor rapidez, disminuye el tiempo en la confección de los instrumentos y permite al estudiante conocer sus resultados en el momento.

Las plataformas en línea.

En la actualidad hay gran cantidad de plataformas en línea que permiten la creación de cuestionarios en línea, adaptados tanto para una calificación inmediata o para la recogida de información para una investigación. De tres de ellas vamos a comentar en el Mooc: “Evaluación educativa mediante plataformas gratuitas en línea” que organiza el Observatorio de Tecnología e Innovación educativa perteneciente a la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.

En el Mooc trabajaremos con tres de estas plataformas: Formularios de Google unidos a su aplicación Google Classrrom, Socrative y Kahoot. El objetivo del Mooc está dirigido a emplear estas plataformas, aprovechando sus variadas posibilidades. Nuestro Mooc no se desarrolla en la plataformas tradiciones, por el contrario aprovechamos Facebook una red social bien conocida para su realización. Para ello desarrollamos una metodología propia que puede ser consultada aquí  y que es producto de varios Mooc anteriores que hasta hoy tienen más de 10 mil inscritos.

Para inscribirse lo puede hacer desde este enlace, solo requiere de su cuenta en Facebook y su interés en participar. 
  






miércoles, 31 de octubre de 2018

La evaluación al profesor o la manera de no evaluar (parte tres)


En los  anteriores trabajos revisé el modelo académico de la UAGRM donde no se encuentra referencia alguna a la evaluación al profesor. Comenté que tanto el cuestionario del estudiante como la autoevaluación del profesor son dos instrumentos que carecen de lógica evaluativa, dirigidos a satisfacer los intereses administrativos.

En esta tercera parte expondré un sistema de competencias y varios indicadores como sugerencia para evaluar al profesor. No es un trabajo acabado, ni completo, requiere de una comisión de profesionales en este campo que elabore una verdadera herramienta. Parto del criterio de evaluar en base a competencias docentes, dado que los fundamentos curriculares del modelo académico de la Universidad establecen el diseño de los programas a partir de competencias. A esto se suma que este enfoque dirige la atención al estudiante, a su manera de aprender y las formas de actuar, en vez de la tradicional trasmisión de información, que es el centro de los instrumentos actuales de evaluación.

La UNESCO en su Informe de seguimiento de la educación en el mundo[1] señala que ninguna estrategia de medición única puede captar la gama completa del desempeño de los docentes o la serie de cualidades que se requieren para impartir una enseñanza eficaz.

Rodrigo Asún y Claudia Zúñiga señalan en su estudio que se observa una importante debilidad en el diseño de instrumentos cuantitativos para evaluar al profesor y muchos de estos se emplean sin sustento teórico[2] como sucede en nuestra Universidad.

En un documento de la Comisión de evaluación docente de la Secretaría Académica de la Universidad de Colima se destaca la necesidad de saber para qué se evalúa, a quién le interesa y a quién sirve la evaluación[3]. Por tal razón no se trata de responder un cuestionario para satisfacer a la administración, sino para emplear sus resultados en mejorar el proceso pedagógico.

Información necesaria para evaluar al profesor.

El primer paso es instituir el perfil del profesor que necesita nuestra Universidad. El Modelo académico de la Universidad establece una idea un poco confusa del profesor que tenemos, pero no se adentra en definir las áreas de actuación.

En gran parte de la bibliografía las dos áreas que tienen mayor peso en la evaluación son: docencia e investigación. Otros autores agregan una tercera área que es la extensión. El docente universitario es un experto en su materia y aplica con éxito las leyes y principios pedagógicos necesarios para lograr el desarrollo de un proceso pedagógico de calidad

El segundo elemento de información es el modelo teórico que sustenta la evaluación, que como se observa está ausente en la mayoría de las instituciones, al igual que la nuestra.

Apoyado en este modelo se seleccionan los instrumentos y los evaluadores. El estudiante puede evaluar el área de la docencia, mientras que el director de carrera deberá recoger información suficiente para evaluar tanto el área docente como la investigativa.

En el supuesto caso que nuestro modelo determine que las competencias docentes se convierten en el centro de la evaluación al profesor, debemos establecer tanto las competencias genéricas como las específicas.

Competencias docentes.

Si el tema de la evaluación al profesor es de por si complejo y con criterios a veces discordantes, el caso de la determinación de las competencias tiene tantos criterios diferentes como la evaluación.

En un estudio realizado entre varias universidades de España, Argentina, Ecuador y Colombia se estudiaron 12 competencias que se muestran en el siguiente gráfico[4]



En un documento elaborado por la Universidad de Colima se recogen cuatro competencias específicas que son las conceptuales, las metodológicas, las técnicas y las profesionales. Estas cuatro competencias enmarcan las doce antes citadas.

Rodrigo Asún y Claudia Zúñiga después de recopilar 1608 ítems de evaluación a profesores, los redujeron a 48 tipos y estos en 10 áreas que pueden ser tomadas como competencias a evaluar.

Estas son: planificación y conducción del curso, responder a responsabilidades administrativas, dominio de contenidos, guía experto, comunicación, manejo de diversas metodologías y técnicas de enseñanza, motivar a los estudiantes generar una interacción eficaz con los estudiantes generar evaluaciones válidas y pertinentes desarrollar aprendizajes significativos en conocimientos, habilidades y valores.

Nuestra propuesta

Para finalizar la serie de trabajos sobre este tema propongo un grupo de competencias a evaluar en nuestros profesores. Estas no difieren de las anteriores pero toman en cuentas las posibilidades reales de los profesores de nuestra Universidad, así como las limitaciones en algunas áreas importantes como el de la investigación.

Tomo en cuenta que en vez de preguntar por la entrega de un programa de estudio, orientar el sistema de evaluación y mostrar la planificación de clases, es más importante ayudar a pensar de manera independiente, a romper la rutina, a ser líder, emprendedor a seleccionar la información, a trabajar en grupo y comprobar que lo estudiado es útil para su profesión.

Propongo siete competencias y un grupo de indicadores de verificación.

Competencia de planificación. El proceso pedagógico es planificado, pero no estático. Debe dominar la selección adecuada de los contenidos, su organización en función de las necesidades de los estudiantes, la utilidad de estos contenidos en el desarrollo de la profesión, la actualización y su vinculación con la realidad cotidiana.

Competencia de motivación. El docente universitario es un arquitecto del conocimiento y un enriquecedor del alma. Enseñar a pensar y no memorizar los contenidos, como sucede de manera permanente. Enseñar cómo ser líder y emprendedor, saber escuchar a los estudiantes y favorecer el diálogo. Debe trasmitir autoconfianza, el gusto por la enseñanza y asumir un rol activo en todo el proceso de aprendizaje.

Competencia metodológica. Empleo de un sistema de métodos que propicien el aprendizaje significativo, favorezcan el trabajo grupal, la responsabilidad individual, el pensamiento autónomo y crítico. 

Competencia de empleo de medios. Valorar el proceso de selección, diseño y empleo de los medios. No se trata solo de utilizar un determinado medio, es necesario verificar su diseño y selección adecuada. La relación entre métodos y medios, variación en la selección de los medios. Favorecer la selección adecuada de la información por parte de los estudiantes.

Competencia de evaluación. Selección de los instrumentos adecuados a la asignatura, elaboración de las preguntas, retroalimentación a los estudiantes, calificación justa e imparcial, empleo de diferentes instrumentos y su relación con lo desarrollado en el curso.

Competencia de innovación. Realizar diferentes tareas que propicien la innovación, tanto en la organización, la metodología, el empleo de medios y la evaluación.

Competencia de identidad profesional. La actualización del profesor, su apego a las normas universitarias, valorar el papel del trabajo docente y su relación con su profesión.

Con estas competencias se puede iniciar la creación de tres cuestionarios: la evaluación de los estudiantes, la del director de carrera y la auto evaluación del docente. Solo falta que los encargados de la evaluación en la Universidad, quieran entender que de una vez hay que cambiar, que vivimos en un siglo diferente al anterior, que nuestros programas son por competencias y que los paradigmas conductistas quedaron en el pasado. ¿Lo entenderán?

Tal vez dentro de un año vuelva a comentar sobre este tema.


[1] UNESCO 2017 “Informe de seguimiento de la educación en el Mundo” http://unesdoc.unesco.org/images/0026/002610/261016S.pdf
[2] Asún R.A y Zuñiga C (2017) Evaluación docente universitaria: Hacia una perspectiva unificada. Revista de Sociología 32(1), 50-70.  doi:10.5354/0719-529x.2017.47885
[3] Universidad de Colima, Comisión de evaluación docente. Revisión del proceso de evaluación docente por los estudiantes. México 2011 https://portal.ucol.mx/content/micrositios/118/file/evaluacionDocente.pdf
[4] SECCHI, Mario A.; Rodríguez León Nicolás; Pérez Navío, Eufrasio. Competencias del profesor universitario. Un nuevo enfoque.. Congreso Universidad, [S.l.], 2014. ISSN 2306-918X. Disponible en: http://www.congresouniversidad.cu/revista/index.php/rcu/article/view/562

miércoles, 24 de octubre de 2018

La evaluación al profesor o la manera de no evaluar (parte 2)

En el anterior comentario expuse que el modelo de universidad boliviana propuesto por el CEUB no contiene una línea sobre la evaluación al profesor, al igual que el modelo académico de nuestra Universidad. En este post realizo un análisis de dos de los instrumentos de evaluación a los profesores. 

15 meses atrás realicé un análisis similar mostrando todas las preguntas que pueden ser revisadas aquí. Aunque  recientemente se informó que el cuestionario fue modificado, una revisión demuestra que los cambios son escasos, en algunos para empeorar la comprensión de la pregunta y en otros de orden cosmético. Por ello solo mostraré aquellas preguntas que llegan al absurdo evaluativo. 

El cuestionario de evaluación de los estudiantes a los docente se divide en siete partes:

  • Asistencia y puntualidad.
  • Formación del docente y planificación del proceso educativo.
  • Comunicación. 
  • Desarrollo del programa 
  • Desarrollo de las prácticas de laboratorio 
  • Evaluación 
  • Apreciación global


De las 25 preguntas con las que cuenta el instrumento se modificaron 11 y se agregó una nueva. Pero contrario a cualquier lógica de las 11 preguntas modificadas, 10 empeoraron su comprensión.  En la escala de medición se introdujeron los ítems Siempre y Muchas veces en sustitución de Siempre y Casi siempre. Entre los últimos al menos se puede establecer diferencia, pero entre los actuales ítems la diferencia es poca o nula.

El cuestionario mezcla en una misma parte áreas que son diferentes entre sí. Por ejemplo la formación del docente no debe ser un elemento a evaluar por parte del estudiante, tomando en cuenta que no es lo mismo que el dominio del contenido. A su vez la planificación del proceso educativo como se denomina en la encuesta debe estar unida con el desarrollo del programa. En resumen en la evaluación del estudiante se retrocedió con los nuevos cambios. 

El otro instrumento que parece salido de un cuento surrealista es la auto evaluación del docente y a la que también me referí hace año y medio. Dividido en cinco áreas se nota desde sus primeras preguntas la mezcla incongruente de diferentes elementos de evaluación.

Las áreas de este instrumento son:

  • Planificación del proceso educativo
  • Desarrollo del programa
  • Actividades realizadas en el período
  • Recursos
  • Apreciación global


Al igual que en el primer cuestionario comentado los cambios a la auto evaluación al profesor son de índole cosmética. En dos preguntas sustituyeron el ítem solo a medias por muy poco. En las preguntas donde se nos exigía mentir a los profesores que no realizamos prácticas de laboratorio, al fin, después de muchos años, añadieron el ítem asignatura sin práctica. Gran descubrimiento.

En la pregunta relacionada con el empleo de los medios se sustituye el ítem transparencia por el de aplicación móvil. Pero en esta pregunta como en otras no existe la opción nunca. Es decir aunque no emplee una aplicación de este tipo tiene que mentir y marcar otra de las opciones.

Este instrumento carece de cualquier lógica evaluativa. Las categorías de evaluación se mezclan en una suerte de poción misteriosa, donde no se llega a comprender la razón de la mayoría de las preguntas.

La primera pregunta es una obra maestra de la redacción.
 



Nos preguntan si entregamos la carta descriptiva, pero a su vez si esta tiene la planificación de las actividades y si guarda relación con el programa de la asignatura. Tres preguntas en una sola.

En las preguntas 7 y 8 la mezcla es digna de ser destacada con el premio a la incoherencia.



La pregunta 7 indaga por el cumplimiento del programa, pero la 8 interroga sobre las reuniones de coordinación. ¿Cuál es la relación con el desarrollo del programa?, en todo caso con la planificación que es la primera área del cuestionario.

Las preguntas 9, 10 y 11 superan cualquier sentido lógico, se apoyan en una concepción conductista del proceso pedagógico y son un atentado al enfoque por competencias que adopta la Universidad.



En la pregunta 9 cabe la interrogante, sí los exámenes parciales no tienen relación con los temas tratados, seguirán siendo exámenes parciales. ¿Es posible que un profesor pueda impartir un contenido, evaluar otros temas y todavía reconocer ese error?

La pregunta 10 sorprende por su contradicción. Exámenes prácticos relacionados con la teoría? La pregunta 11 obliga a retomar las concepciones conductistas donde el examen final tiene que ser la sumatoria de todos los contenidos. ¿Se enteraron que en la U existen nuevos diseños curriculares y todos bajo el enfoque por competencias?

La pregunta 18 se lleva el premio al absurdo.


Según los creadores de este tipo de cuestionario, los controles de lectura tienen que ser obligatorios, y sirven para validar la trasmisión y adquisición de conocimientos. De qué tipo de paradigma estamos hablando, por lo menos no es el constructivismo al que se adhiere la Universidad.

Ambos cuestionarios son incoherentes, retrasados en el tiempo, no se relacionan con las tesis del constructivismo social el cual es el paradigma rector de la Universidad, no toman en cuenta los nuevos diseños por competencia, favorecen la evaluación conductista y no consideran la innovación por parte de profesores y estudiantes.

Los resultados de dichas evaluaciones no son dados a conocer a los evaluados, lo que niega la esencia de la evaluación, cerrando la puerta a la modificación de los errores y deficiencias detectados. En resumen ambos instrumentos solo sirven a la burocracia ensombreciendo la labor de muchos profesores.

En el siguiente comentario propongo un formulario para evaluar al docente, apoyado en competencias

domingo, 21 de octubre de 2018

La evaluación al profesor o la manera de no evaluar


15 meses atrás escribí dos trabajos sobre la evaluación a los profesores en nuestra Universidad. El primero lo puede encontrar aquí y el otro en este enlace. Hoy nuevamente recurro a este tema, ya que de nuevo nos vuelven a evaluar con los mismos instrumentos,  con sus mismos errores y lo más absurdo nunca nos enteramos de los resultados. Aunque las autoridades universitarias aseguraron modificaciones a estos instrumentos, estas son simplemente de orden cosméticos. En la encuesta donde los estudiantes son los evaluadores solo se modificó la redacción de una pregunta, mientras que en otra se percataron que no todas las asignaturas en la Universidad están obligadas a realizar prácticas de laboratorio.

La evaluación es siempre un tema polémico, es imposible satisfacer a unos y otros, tanto con los instrumentos como con los resultados. Pero esto en nada cambia la afirmación que hicimos en los comentarios anteriores. En el primer post indicamos que el cuestionario a los estudiantes está lleno de contradicciones, es anticuado, incoherente con la realidad y que en el fondo es una farsa que alienta la mentira y va en contra del esfuerzo de la mayoría de los docentes de formar un estudiante acorde las necesidades actuales.

En esta ocasión además de revisar nuevamente los cuestionarios, hago una propuesta de evaluación, que de ser útil puede ser empleada por una comisión de expertos en educación que se dedique a redactar un verdadero instrumento y que no quede solo en manos de administrativos como ocurre en la actualidad.

Revisando la literatura

En general existe un criterio aceptado que el éxito de una institución de educación superior depende en gran medida de la calidad que muestren los profesores en su desempeño docente. No es la presencia de recursos, instalaciones, ni currículos por competencias los que prestigian a una universidad, sino el desempeño de sus docentes.

Rodrigo Asún y Claudia Zúñiga[1] después de revisar más de 60 artículos en los que se trata la evaluación docente llegaron a la conclusión que no existe consenso en la manera de definir la enseñanza de calidad y menos en caracterizarla teóricamente. Tampoco existe claridad en las exigencias al desempeño docente de calidad en un profesor universitario.

En el caso de nuestra Universidad, después de revisar el Modelo académico del CEUB[2] descubro con asombro que no existe una definición de lo que se espera del docente en ese modelo. Algo similar ocurre en el Modelo académico de nuestra Universidad[3] donde se señala que el docente universitario cuenta con una “…garantizada solvencia académica, capacitados en el área de la  psicopedagogía, proactivos, que conocen (o que están dispuestos a conocer) los nuevos paradigmas emergentes que orientan los procesos de enseñanza-aprendizaje y aplican (o están dispuestos a aplicar) las tesis del llamado “constructivismo social”.

En el modelo no se específica la concepción que la Universidad tiene de las tesis del llamado “constructivismo social”. Partiendo del criterio de docente universitario expresado se debería evaluar su solvencia académica, su desempeño en el área de la psicopedagogía, su proactividad y la manera en que aplican las tesis del constructivismo social.

Por otra parte es necesario la precisión en relación tanto a lo que se entiende por evaluar, como a los indicadores que deberán ser objeto de la evaluación. En los dos documentos anteriores, el CEUB reconoce la excelencia universitaria, a partir de un sistema eficiente de asignación, seguimiento y evaluación del rendimiento académico, científico y de interacción social. Pero no hace referencia a la evaluación docente.

En el Modelo académico de la UAGRM se reconoce que el objeto de la evaluación es la calidad de los programas de formación profesional. En ambos documentos que son de máxima prioridad no se menciona la evaluación al docente, tampoco la sustentación teórica para su evaluación, mucho menos los indicadores que deben ser evaluados ni la forma de hacerlo.

En resumen la evaluación al docente queda en manos de la administración que sin un sustento teórico decide evaluar aquellos indicadores que mejor se ajusten a sus gustos o intereses.

Qué evaluar

Con la ausencia de indicadores para la evaluación a los docentes en nuestra Universidad, mi propuesta está fundamentada en la literatura especializada.

El primer elemento a definir está en determinar qué tipo de profesor queremos en nuestra Universidad. La UNESCO en su “Informe de seguimiento de la educación en el mundo” señala que la responsabilidad principal de los docentes es impartir una enseñanza de alta calidad. “En la práctica, una buena enseñanza es una tarea compleja y exigente. Los docentes tienen que administrar y transmitir el plan de estudios, velar por la participación y el aprendizaje, y adaptar la enseñanza a las necesidades de los alumnos y a la cambiante dinámica del aula. Además, necesitan tiempo para preparar los materiales didácticos y para organizar y calificar las evaluaciones[4].

En este campo quiero destacar la propuesta que el Tecnológico de Monterrey expone en su modelo TEC21[5], donde enfatiza en el papel principal del profesor. Para ellos el docente debe estar interesado en el estudiante, guiando su desarrollo. Debe destacar tanto como académico como en su profesión. Debe ser innovador y aprovechar la tecnología para modificar las formas tradicionales de enseñanza. Debe demostrar además un vínculo cercano con los estudiantes, ser un buen ejemplo y en especial dejar una huella en sus estudiantes.

Rizo Moreno[6] en un trabajo de la Asociación Universitaria de Formación del Profesorado, señala que existe consenso en que las tres áreas que el trabajo docente debe ser evaluado son: docencia, investigación y extensión.

Considerando que en nuestra Universidad los nuevos diseños curriculares se adscriben a la moda actual de las competencias, entonces es de esperar que también a los profesores los evaluemos bajo este mismo enfoque. Por esta razón el instrumento que propongo en los siguientes trabajos estará enfocado directamente a evaluar las competencias de los docentes universitarios.

En el siguiente trabajo comentaré sobre la incongruencia de los actuales instrumentos, a partir de las modificaciones de carácter cosmético introducidos a estos.




[1] Asún R.A y Zuñiga C (2017) Evaluación docente universitaria: Hacia una perspectiva unificada. Revista de Sociología 32(1), 50-70.  doi:10.5354/0719-529x.2017.47885
[2] Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) Modelo académico del sistema de la universidad boliviana (2011) http://www.ceub.edu.bo/academica/documentos/normas/01_Modelo_Academico_09_14.pdf
[3] No se pudo localizar el modelo en ninguno de los sitios de la UAGRM. Manos amigas me lo hicieron llegar por medio del correo electrónico
[4] UNESCO 2017 “Informe de seguimiento de la educación en el Mundo” http://unesdoc.unesco.org/images/0026/002610/261016S.pdf
[6] Rizo Moreno, Héctor. “Evaluación del docente universitario” Asociación Universitaria de Formación del Profesorado. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del profesorado 2(1) 1999 https://www.aufop.com/aufop/uploaded_files/articulos/1224341864.pdf

jueves, 31 de mayo de 2018

En la clase con Internet: exámenes en línea empleando Socrative


Como es habitual cada martes final de mes realizamos un Wooc, donde participa un grupo de profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, además de otros invitados. El Wooc como hemos comentado en varios trabajos en este blog, es un curso en línea que emplea a WhatsApp como su red de apoyo.

Estos cursos tienen como base didáctica la concepción sobre micro aprendizaje que venimos empleando de manera continua. Para ello partimos de un objetivo preciso, que puede ser alcanzado en un corto período de tiempo, lo que conlleva a la determinación de contenidos con alto grado de precisión que se expresan en las llamadas cápsulas informativas o micro medios.

El tema de este martes fue la creación de exámenes en línea, empleando Socrative, una plataforma que en su versión gratuita permite la realización de diferentes test bajo tres tipos diferentes de preguntas: verdadero o falso, selección múltiple y respuesta corta.

En el Wooc comentamos sobre la posibilidad de emplear este tipo de examen en línea para evaluaciones de diagnóstico, tanto al inicio de un curso, una unidad o una clase. De igual modo se pueden utilizar como retroalimentación a una clase o también como comprobación de los contenidos. Una de las cápsulas del Wooc resume las funciones que se pueden lograr con un examen en línea en este sitio.
   


En el Wooc los participantes siguieron las cuatro etapas necesarias para ingresar a la plataforma en el rol de profesor, crear el examen y obtener los resultados.

Socrative la plataforma a la que dedicamos el Wooc tiene una interfaz sencilla de emplear, solo se debe tener en cuenta los términos que emplea, donde para iniciar el examen se requiere primero “acceder al concurso” y después “lanzar el examen”. Pero más allá de estos términos el resto de la plataforma es sencilla de emplear.

Para los estudiantes es más sencilla aún ellos solamente deben acceder a la plataforma usando el acceso de “Student” , escribir el nombre del aula o sala del examen y después colocar su nombre y apellidos. No requieren de cuenta, lo que agiliza el trabajo en la plataforma y mejora el interés por este tipo de tarea. A modo de ejemplo creamos un examen sobre los Wooc que se puede acceder desde esta dirección 


La sala (room) tiene el nombre WOOC. El siguiente paso es escribir su nombre y responder el examen.

En la medida que los estudiantes van respondiendo las preguntas, el profesor desde su cuenta puede ver el resultado de las respuestas y al concluir tiene la posibilidad de descargar un detallado resumen de cada estudiante y sus respuestas.

Tutorial sobre Socrative

Para aquellos que no participaron del Wooc pero deseen revisar todas las cápsulas pueden descargarlas desde este enlace

Otros Wooc y las direcciones de descarga.


Todos los cursos se pueden reproducir con una licencia Creative Commons que se describe en las cápsulas.