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domingo, 5 de julio de 2026

Claude Science y el nuevo reto universitario: investigar con IA sin delegar el pensamiento

  

Hay herramientas que llegan para facilitar una tarea. Otras, en cambio, nos obligan a mirar de nuevo la tarea completa.

Durante los últimos meses hemos visto cómo la inteligencia artificial se ha incorporado a la educación, la escritura académica, el diseño de materiales, la programación y la gestión de información. Sin embargo, en el terreno de la investigación científica persiste una pregunta decisiva: ¿puede una IA ayudar realmente a investigar o solo sirve para redactar mejor lo que ya sabemos?

La presentación de Claude Science por parte de Anthropic abre esta discusión desde una perspectiva más profunda. No se trata únicamente de conversar con un chatbot, pedirle un resumen o solicitarle referencias. La propuesta apunta hacia algo más ambicioso: integrar herramientas, paquetes de análisis, recursos computacionales y productos auditables dentro de un mismo entorno de investigación.

Esto marca una diferencia importante.

Hasta ahora, muchas personas han usado la IA como apoyo para tareas puntuales: buscar información, mejorar redacción, organizar ideas, formular objetivos o explicar conceptos. Estas funciones son valiosas, pero siguen siendo fragmentadas. El investigador consulta una base de datos, descarga artículos, abre un procesador de texto, trabaja una matriz, revisa citas, valida información, genera gráficos y después intenta reconstruir el camino seguido.

Claude Science propone otra lógica: acompañar el proceso de investigación como un flujo más integrado, donde la IA pueda apoyar la revisión de literatura, el análisis de datos, la elaboración de visualizaciones, la generación de artefactos verificables y el acceso flexible a recursos de cómputo.

La palabra clave aquí no es solo “automatización”. Es trazabilidad.

En investigación no basta con obtener una respuesta. Es necesario saber de dónde salió, cómo se construyó, qué datos la sostienen, qué supuestos la orientan y qué límites tiene. Esa diferencia es fundamental: una cosa es usar IA para hacer más rápido; otra, mucho más exigente, es usar IA para pensar mejor.

La investigación científica no puede reducirse a una acumulación de respuestas. Investigar implica formular problemas, delimitar objetos de estudio, contrastar antecedentes, tomar decisiones metodológicas, identificar vacíos de conocimiento, validar evidencia y justificar cada paso. Por eso, una herramienta más potente no es necesariamente la que responde con mayor velocidad, sino la que ayuda a hacer más visible el proceso intelectual.

En ese sentido, Claude Science se suma a otras capacidades recientes de Claude, como la función Research, orientada a explorar información desde distintas fuentes conectadas, y las herramientas de búsqueda web con citas, que buscan ofrecer respuestas sustentadas en fuentes verificables.

Pero el punto más relevante para la educación superior no es tecnológico. Es pedagógico y epistemológico.

Una IA de investigación puede convertirse en una herramienta poderosa si el estudiante aprende a dialogar con ella críticamente. No se trata de pedirle que “haga el marco teórico”, “encuentre artículos” o “redacte la metodología”. El verdadero aprendizaje ocurre cuando el investigador en formación compara resultados, detecta inconsistencias, valida fuentes, reformula preguntas, identifica sesgos y toma decisiones fundamentadas.

Ahí está el cambio.

La IA deja de ser una máquina de respuestas y se convierte en un entorno para ensayar pensamiento científico. Puede sugerir rutas, pero el investigador debe decidir si esas rutas tienen sentido. Puede organizar información, pero el criterio académico sigue siendo humano. Puede generar hipótesis, pero la validación requiere método, evidencia y responsabilidad.

Claude Science también muestra algo que será cada vez más frecuente: la especialización de las herramientas de IA. No todas las IA sirven para lo mismo. Algunas son mejores para búsqueda; otras para escritura; otras para programación; otras para lectura de documentos extensos; otras para trabajo con datos. En este caso, la apuesta está puesta en el trabajo científico, especialmente en áreas como biología, biomedicina, química computacional y bioinformática.

Sin embargo, conviene evitar el entusiasmo ingenuo.

Una herramienta más potente también exige usuarios más críticos. La IA puede alucinar referencias, interpretar mal datos, omitir literatura relevante, reproducir sesgos o presentar con seguridad conclusiones que todavía requieren validación. Por ello, su incorporación en procesos de investigación debe acompañarse de criterios claros: revisión de fuentes primarias, contraste con bases científicas, transparencia en el uso de IA, documentación de prompts, verificación metodológica y declaración ética de su participación en el proceso.

El desafío para las universidades no será prohibir o celebrar estas herramientas. Será enseñar a usarlas con rigor.

En los programas de posgrado, esto implica rediseñar algunas prácticas formativas. Ya no basta con pedir un protocolo de investigación como producto final. Será necesario evaluar el proceso: cómo se formuló el problema, qué fuentes se consultaron, cómo se usó la IA, qué se aceptó, qué se descartó, qué se corrigió y qué decisiones tomó el investigador.

En otras palabras, habrá que valorar no solo el documento terminado, sino la calidad del razonamiento que lo sostiene.

La pregunta de fondo no es si Claude Science hará mejores investigadores. La pregunta es si los investigadores aprenderán a usar herramientas como Claude Science para pensar con mayor profundidad, validar con mayor cuidado y producir conocimiento con mayor responsabilidad.

Porque investigar con IA no significa delegar la inteligencia. Significa ampliar el espacio de trabajo intelectual.

La IA puede ordenar información, sugerir conexiones y acelerar procesos. Pero la pregunta pertinente, la duda metodológica, la mirada ética y la interpretación crítica siguen siendo tareas profundamente humanas. Ahí está el valor de estas nuevas herramientas: no en reemplazar al investigador, sino en obligarlo a ser más claro, más riguroso y más consciente de cómo construye conocimiento.

Claude Science representa, por tanto, algo más que una nueva aplicación. Es una señal de hacia dónde se dirige la investigación asistida por inteligencia artificial: entornos más integrados, más especializados, más auditables y más exigentes.

La herramienta es más potente.

Ahora el reto es formar investigadores capaces de estar a su altura.

Referencias

Anthropic. (2026a, 30 de junio). Claude Science, an AI workbench for scientists, is now available. Anthropic. https://www.anthropic.com/news/claude-science-ai-workbench

Anthropic. (2026b, 16 de marzo). Using Research on Claude. Claude Help Center. https://support.claude.com/en/articles/11088861-use-research-on-claude

Anthropic. (2026c, 29 de abril). Evaluating Claude’s bioinformatics research capabilities with BioMysteryBench. Anthropic.

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2), art. M5.

 

miércoles, 27 de mayo de 2026

La inteligencia artificial no comprende el conocimiento: riesgos epistemológicos para la investigación científica contemporánea

 La inteligencia artificial no comprende el conocimiento: riesgos epistemológicos para la investigación científica contemporánea

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

Nunca antes había sido tan sencillo producir un texto académico. Hoy, un investigador puede solicitar a una inteligencia artificial la redacción de un resumen, un marco teórico, una introducción metodológica o incluso una interpretación preliminar de resultados en cuestión de segundos. La velocidad, fluidez y coherencia aparente de estos sistemas generan la impresión de estar frente a una tecnología capaz de comprender el conocimiento humano. Sin embargo, detrás de esta capacidad lingüística existe una limitación fundamental que la educación superior y la investigación científica no pueden ignorar: la inteligencia artificial carece de comprensión epistemológica.

Este problema va mucho más allá de los errores técnicos o de las conocidas “alucinaciones” de la inteligencia artificial. El verdadero riesgo aparece cuando el investigador comienza a delegar procesos esenciales del pensamiento científico a sistemas que no comprenden la naturaleza, validez y justificación del conocimiento que producen. En ese momento, la investigación deja de construirse desde el análisis crítico y comienza a desplazarse hacia formas de automatización intelectual que pueden erosionar progresivamente la integridad académica (Gallent-Torres et al., 2023).

La inteligencia artificial generativa funciona mediante modelos probabilísticos entrenados con enormes cantidades de datos. Su capacidad consiste en identificar patrones lingüísticos y predecir secuencias plausibles de palabras, no en comprender conceptos desde una perspectiva epistemológica. Esto significa que la IA puede producir textos coherentes y académicamente convincentes sin distinguir entre afirmaciones científicamente válidas, interpretaciones discutibles o errores conceptuales. En la actualidad cada vez nos percatamos que las respuestas a la misma preguntas en diferentes LLM son casi similares, lo que da a entender que las IA se están copiando entre sí.

Como advierte Carr (2010), las tecnologías digitales modifican progresivamente la forma en que procesamos la información, afectando la profundidad de la atención y la capacidad de reflexión crítica. En este contexto, la IA no solo acelera procesos de escritura, sino que también puede favorecer relaciones cada vez más superficiales con el conocimiento.

Producción textual y producción científica

Uno de los principales problemas contemporáneos es la creciente confusión entre producción textual y producción científica. La facilidad para obtener respuestas inmediatas puede generar una falsa sensación de comprensión académica. Un texto producido mediante IA puede incorporar terminología especializada, estructuras argumentativas complejas y referencias aparentemente coherentes; sin embargo, ello no garantiza rigor metodológico, validez epistemológica ni pensamiento crítico.

La plausibilidad discursiva no equivale a conocimiento científico. Un discurso bien redactado puede ocultar debilidades conceptuales importantes cuando no existe verificación empírica, contrastación de fuentes o análisis crítico profundo.

En diversos contextos universitarios comienzan a observarse prácticas académicas orientadas más hacia la rapidez de producción textual que hacia la comprensión profunda del conocimiento. La expansión de herramientas de inteligencia artificial generativa ha facilitado el acceso inmediato a resúmenes, explicaciones y estructuras argumentativas completas, situación que puede incentivar formas de aprendizaje superficiales si no existe acompañamiento pedagógico crítico (Flor-Terán & Sandoval-Reyes, 2024).

Diversos estudios recientes advierten que la automatización de procesos cognitivos puede debilitar habilidades esenciales como la interpretación, contrastar fuentes y la construcción autónoma del pensamiento académico (Caldevilla-Domínguez, 2024). La investigación corre el riesgo de transformarse progresivamente en un proceso de ensamblaje textual automatizado en lugar de constituirse como un ejercicio reflexivo de producción de conocimiento.

La simulación de comprensión

Uno de los fenómenos más delicados de la inteligencia artificial contemporánea es su capacidad para simular comprensión. Los modelos generativos producen respuestas que aparentan reflexión, análisis o pensamiento crítico; sin embargo, operan exclusivamente mediante correlaciones estadísticas y predicción probabilística del lenguaje.

La inteligencia artificial no posee conciencia epistemológica sobre causalidad, evidencia, verificabilidad o falsedad científica. Como plantearía Popper (1959), el conocimiento científico exige contrastación crítica y posibilidad de refutación, condiciones imposibles de ejecutar conscientemente por sistemas que carecen de comprensión real del mundo.

En consecuencia, un texto generado por IA puede exhibir coherencia sintáctica y sofisticación terminológica sin garantizar consistencia conceptual ni validez metodológica. Esta situación incrementa el riesgo de que estudiantes e investigadores confundan calidad discursiva con producción genuina de conocimiento científico.

La automatización del discurso académico puede producir un efecto particularmente problemático: la sustitución gradual del esfuerzo intelectual por respuestas automatizadas aparentemente suficientes. Cuando la IA comienza a reemplazar tareas fundamentales como interpretar resultados, construir categorías analíticas o establecer relaciones teóricas, deja de funcionar como apoyo instrumental y empieza a ocupar espacios que pertenecen al juicio científico humano (Vílchez Ruiz, 2024).

Riesgos epistemológicos para la investigación científica

El principal riesgo epistemológico no consiste únicamente en la aparición de errores o imprecisiones. El problema más profundo es el debilitamiento progresivo de las capacidades intelectuales necesarias para investigar críticamente.

La investigación científica requiere:

  • problematizar fenómenos,
  • formular hipótesis,
  • interpretar evidencia,
  • reconocer limitaciones metodológicas,
  • y construir explicaciones fundamentadas.

Estas competencias no pueden delegarse completamente a sistemas automatizados porque implican razonamiento crítico, interpretación contextual y responsabilidad intelectual.

Desde una perspectiva metodológica, el uso de inteligencia artificial en investigación científica debe mantenerse bajo supervisión humana permanente. La IA puede ser útil para:

  • organizar información,
  • sintetizar documentos,
  • apoyar búsquedas preliminares,
  • o mejorar procesos de redacción.

No obstante, la validación conceptual, el análisis crítico y la interpretación de resultados deben seguir siendo responsabilidad del investigador.

Delegar completamente estas funciones en sistemas automatizados podría afectar seriamente la calidad epistemológica de la producción científica y debilitar la integridad académica de las investigaciones (Egan, 2024).

Inteligencia artificial y educación superior

La educación superior enfrenta actualmente el desafío de integrar la inteligencia artificial sin sustituir el desarrollo del pensamiento crítico. La discusión ya no debe centrarse exclusivamente en prohibir herramientas tecnológicas, sino en construir modelos pedagógicos capaces de enseñar su uso ético, crítico y transparente.

La integridad académica ya no puede reducirse únicamente a la prevención del plagio. Actualmente implica:

  • honestidad intelectual,
  • transparencia metodológica,
  • uso responsable de herramientas digitales,
  • y capacidad de construir pensamiento propio (Flores Morales et al., 2024).

Diversas investigaciones recientes sostienen que las universidades deben promover alfabetización digital crítica y formación ética sobre inteligencia artificial. Los estudiantes necesitan comprender:

  • cómo funcionan los modelos generativos,
  • cuáles son sus limitaciones,
  • qué riesgos presentan,
  • y cómo verificar críticamente la información que producen.

En este contexto, la IA puede convertirse tanto en una herramienta pedagógica valiosa como en un factor de dependencia cognitiva, dependiendo de cómo sea utilizada institucional y académicamente (Ibarra Beltrán et al., 2023).

Ética, transparencia e integridad académica

El debate sobre inteligencia artificial no debe centrarse únicamente en detectar fraude académico. La discusión más relevante consiste en comprender cómo preservar la honestidad intelectual en entornos crecientemente automatizados.

El uso ético de inteligencia artificial exige transparencia. Investigadores y estudiantes deberían declarar explícitamente:

  • cuándo utilizaron IA,
  • con qué finalidad,
  • y cuáles fueron los límites de su participación humana.

La transparencia metodológica fortalece la confianza académica y permite distinguir entre apoyo instrumental legítimo y sustitución indebida del trabajo intelectual.

Asimismo, las universidades necesitan actualizar sus políticas de integridad académica para responder a escenarios tecnológicos cada vez más complejos. La discusión contemporánea ya no puede limitarse a categorías tradicionales de plagio, sino que debe incorporar:

  • automatización intelectual,
  • dependencia cognitiva,
  • autoría híbrida,
  • y validación crítica de contenidos generados algorítmicamente (Vargas-Morúa, 2021).

Recomendaciones

1. Fortalecer la alfabetización epistemológica

Las universidades deben enseñar no solo el uso técnico de herramientas digitales, sino también sus límites epistemológicos y éticos.

2. Promover transparencia sobre el uso de IA

Los trabajos académicos deberían incluir declaraciones explícitas sobre el uso de inteligencia artificial en procesos de investigación o redacción.

3. Priorizar la validación humana

Toda información generada mediante IA debe ser contrastada con fuentes académicas verificables y revisada críticamente por el investigador.

4. Diseñar evaluaciones centradas en pensamiento crítico

Las instituciones educativas deberían priorizar actividades que evalúen interpretación, argumentación y reflexión propia más que reproducción textual.

5. Actualizar políticas institucionales

Las universidades necesitan adaptar sus normativas de integridad académica a los nuevos desafíos asociados con inteligencia artificial generativa.

Como hemos visto, la IA constituye una herramienta tecnológica con enorme capacidad de transformación académica; sin embargo, su impacto dependerá fundamentalmente del modo en que sea incorporada en los procesos educativos e investigativos.

El verdadero desafío contemporáneo consiste en evitar que la automatización sustituya la capacidad humana de pensar críticamente. La universidad no puede reducirse a espacios de producción acelerada de textos, sino que debe preservar su función esencial como lugar de análisis, cuestionamiento, construcción de conocimiento y formación ética. En este escenario, el pensamiento crítico, la honestidad intelectual y la responsabilidad académica adquieren aún mayor relevancia frente a tecnologías capaces de producir discursos aparentemente sofisticados sin comprensión epistemológica real.

Por ello, la formación universitaria del futuro requerirá no solo competencias digitales, sino también capacidades sólidas de interpretación, evaluación crítica de fuentes, argumentación y reflexión autónoma. La inteligencia artificial puede apoyar procesos académicos importantes, pero nunca debería reemplazar el juicio científico ni la responsabilidad intelectual que caracterizan la auténtica producción de conocimiento.

Conclusiones

La inteligencia artificial generativa representa una de las transformaciones tecnológicas más significativas para la educación superior y la investigación científica contemporánea. Su capacidad para producir textos complejos, organizar información y asistir procesos académicos ofrece oportunidades importantes para optimizar ciertas tareas intelectuales. Sin embargo, estas ventajas también introducen desafíos éticos y epistemológicos que no pueden ser ignorados.

El principal riesgo no radica únicamente en el aumento potencial del plagio o en la automatización de la escritura académica, sino en la progresiva delegación del pensamiento crítico a sistemas que carecen de comprensión epistemológica, conciencia científica y capacidad real de validación conceptual.

La producción lingüística automatizada no equivale necesariamente a producción de conocimiento. Un texto coherente puede aparentar profundidad intelectual sin poseer rigurosidad metodológica ni reflexión crítica auténtica.

Por ello, el desafío contemporáneo de las universidades no consiste exclusivamente en restringir el uso de inteligencia artificial, sino en formar estudiantes e investigadores capaces de utilizarla de manera ética, crítica y responsable. La integridad académica en la era digital exige fortalecer la autoría intelectual, la validación rigurosa de fuentes y la capacidad humana de interpretar, cuestionar y construir conocimiento con autonomía.

El futuro de la investigación científica dependerá menos de la velocidad con que se produzcan textos y más de la capacidad crítica con que las personas comprendan, evalúen y utilicen el conocimiento en contextos tecnológicos cada vez más complejos.

Referencias

Caldevilla-Domínguez, D. (2024). Usos éticos de la IA en la universidad moderna: Más allá del plagio. EDU Review, 12(1), 57–65. https://doi.org/10.37467/revedu.v12.5184

Carr, N. (2010). The shallows: What the Internet is doing to our brains. W. W. Norton & Company.

Egan, L. (2024). Plagiarism: History, culture, and prevention. University of North Dakota.

Flores Morales, J. A., Quinteros María Fe Guadalupe, R., Contreras Maguiña, A. P., & Luna Román, E. A. (2024). Originalidad y honestidad intelectual: Navegando por las aguas del plagio. Revista de Climatología, 24, 2032–2038. https://doi.org/10.59427/rcli/2024/v24cs.2032-2038

Flor-Terán, G. A., & Sandoval-Reyes, P. A. (2024). La ética en el uso de la inteligencia artificial (IA) en la educación: desafíos y oportunidades. Polo del Conocimiento, 9(11), 255–282. https://doi.org/10.23857/pc.v9i11.8276

Gallent-Torres, C., Zapata-González, A., & Ortego-Hernando, J. L. (2023). El impacto de la inteligencia artificial generativa en educación superior: una mirada desde la ética y la integridad académica. RELIEVE, 29(2). https://doi.org/10.30827/relieve.v29i2.29134

Ibarra Beltrán, Á. de J., Aguayo Álvarez, Z., & Velázquez García, R. E. (2023). Desmitificando el plagio digital: Percepciones y realidades de la ética estudiantil desde el Centro Universitario de Tonalá. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(5), 1418–1431. https://doi.org/10.56712/latam.v4i5.1403

Popper, K. (1959). The logic of scientific discovery. Hutchinson.

Vargas-Morúa, E. (2021). El plagio: consideraciones para su prevención. Espiga, 21(41), 68–85.

Vílchez Ruiz, M. I. (2024). Contenido educativo con inteligencia artificial: ¿Restringir o enseñar a personalizar éticamente en el ámbito educativo? Revista Científica Ciencia y Tecnología, 24(44).

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jueves, 24 de julio de 2025

Delegar la metodología de una investigación a la IA: ¿viable o no?

Imagen generada con ChatGPT

En colaboración con Mercedes Leticia Sánchez Ambriz

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El empleo de la IA en todas las actividades de investigación es una realidad que no se puede ocultar. Tan real como los problemas que se advierten en las tesis de los estudiantes universitarios. Los estudiantes suelen enfrentarse a deficiencias en el conocimiento del tema a investigar, la formación en investigación y las habilidades esenciales de redacción y ortografía (Rodríguez et al., 2023) Otros problemas comunes se relacionan con la gestión del tiempo, dificultades en la selección de temas y comentarios inconsistentes de los asesores.(Sharma, 2024)

Es común encontrarnos errores en la determinación de las categorías centrales como el problema, el objetivo, las variables, entre otras. Por lo general debemos revisar una y varias veces la relación entre problema y objetivo. Incluso días antes de las defensas se vuelven a realizar ajustes a estas categorías. Entonces cómo es posible que el resto del trabajo se evalúe correctamente, mientras que se siguen modificando las categorías antes mencionadas.

Es común en las carreras universitarias que las asignaturas relacionadas con la metodología de la investigación se coloquen en los dos o tres primeros semestres, lo que en nuestra opinión es un error. A esto se une que en los siguientes las mayoría de las materias se sienten poco comprometidas a emplear dicha metodología en su trabajo. Los estudiantes cuando deben hacer uso “real” de lo aprendido, recuerdan muy poco Los que nos encargamos de las asignaturas finales de grado, lo sufrimos en cada semestre.

Un rol para la IA

Proponemos un análisis de los pro y contra de dejar en manos de la IA la estructura metodológica del trabajo de investigación, lo que en la práctica está sucediendo a diario, aunque no queramos enterarnos de que es así. Es la realidad y cada vez será la constante en los trabajos finales de grado, sin excluir maestrías y doctorados. No se resuelve con detectores de plagio, tampoco con charlas sobre ética y responsabilidad moral. Menos con prohibir el empleo de la IA. Se requiere cambiar la manera de enseñar la metodología de la investigación. Revisemos algunos argumentos que justifican este rol.

Eficiencia y rapidez: Se puede procesar y analizar información a gran velocidad, agilizando labores tradicionalmente lentas en la investigación. Por ejemplo, ChatGPT, Gemini y otros modelos pueden revisar texto, encontrar patrones o resumir literatura en una fracción del tiempo que tomaría manualmente, lo que reduce costos y ahorra tiempo en proyectos de investigación

Análisis de grandes volúmenes de datos y hallazgo de patrones: Los algoritmos de IA pueden explorar enormes conjuntos de datos y detectar tendencias o relaciones ocultas que podrían pasar desapercibidas al investigador humano.

Democratización de la investigación: Al automatizar tareas complejas, la IA puede nivelar el campo para estudiantes e investigadores con menos recursos técnicos o institucionales. Además, se pueden realizar análisis avanzados sin necesidad de formación en programación o ciencia de datos, facilitando que los profesores de instituciones con pocos recursos pequeñas produzcan investigación de calidad con menos presupuesto

Enfoque en tareas de mayor nivel conceptual: Al delegar en la IA tareas metodológicas rutinarias o altamente técnicas, como organizar un diseño de investigación, el investigador puede dedicar más tiempo a tareas creativas y críticas y enfocarse en el pensamiento crítico, la teoría y la innovación.

Calidad mejorada mediante asistencia experta: Algunas aplicaciones de IA puede mejorar la calidad metodológica actuando como asistente o “segundo par de ojos”. En el campo de las encuestas, por ejemplo, se ha mostrado que modelos de lenguaje pueden sugerir formulaciones de preguntas más claras y neutrales basándose en datos de encuestas previas, ayudando a diseñar cuestionarios con mejores prácticas

En síntesis, una IA bien utilizada funciona como herramienta aumentativa: acelera el proceso, amplia el panorama de información y libera al científico para las partes más reflexivas de la investigación.

Lo que no debemos dejar de tomar en cuenta.

No olvidemos que la IA comete errores y responde en dependencia de cómo preguntemos. Es obligado pensar detenidamente en los siguientes argumentos:

Sesgos y falta de fiabilidad: Las IAs aprenden de datos existentes y pueden arrastrar sesgos y errores presentes en esas fuentes. Si se delega ciegamente la definición de variables o la formulación de preguntas a un modelo, podría enfatizar supuestos erróneos o prejuicios inherentes a sus datos de entrenamiento.  

Falta de comprensión contextual y teórica: El diseño metodológico en ciencias sociales no es mecánico; requiere entender el contexto social, las teorías relevantes y las sutilezas culturales del fenómeno estudiado. Esto se traduce en metodologías superficiales, desconectada de los fundamentos conceptuales, que debe manejar el estudiante.

Problemas de originalidad y dependencia excesiva: Un efecto señalado por analistas es el “efecto doppelgänger”, donde la IA podría replicar trabajos existentes con demasiada fidelidad, difuminando la originalidad y autoría de la investigación (Sebastian et al., 2025). Si un modelo genera objetivos o marcos metodológicos basados en patrones de muchos estudios previos, el riesgo es terminar con un diseño poco novedoso o incluso plagiar sin darse cuenta ideas publicadas. Esto plantea tanto un problema ético (dar crédito indebido a la IA por ideas que en realidad provienen de otros autores) como epistemológico, al potencialmente frenar la innovación (la IA tiende a repetir lo conocido). Además, apoyarse demasiado en la IA podría causar una pérdida de habilidades en los estudiantes y con ello se alejen del sentido crítico

Limitaciones en problemas novedosos o creativos: Las herramientas actuales funcionan bien en dominios similares a sus datos de entrenamiento, pero no manejan adecuadamente situaciones totalmente nuevas o preguntas de investigación disruptivas. Un algoritmo podría no saber proponer un diseño metodológico para un fenómeno social emergente o poco conocido y sin precedentes en los datos históricos. En esos casos, la imaginación y el pensamiento lateral siguen siendo insustituibles.

Cuestiones éticas y de responsabilidad científica: Delegar partes sustantivas de la investigación a sistemas de IA plantea interrogantes éticas. Por ejemplo, ¿quién asume la responsabilidad si el diseño metodológico automatizado conduce a conclusiones erróneas o dañinas? También existe el dilema de la transparencia: si un algoritmo decide la forma de un estudio, podría dificultar la rendición de cuentas sobre por qué se tomaron ciertas decisiones. Las directrices emergentes en publicaciones científicas sugieren cautela: revistas influyentes han aclarado que la IA puede usarse como herramienta de apoyo, pero no debe figurar como autor de trabajos científicos.

En resumen, delegar la metodología a la IA implica que estas herramientas, aunque potentes, carecen de juicio contextual, originalidad genuina y responsabilidad moral. Su uso indiscriminado puede comprometer la calidad y la ética de la investigación social, por lo que deben ser empleadas con mucha precaución y supervisión humana en todo momento.

Delegar o no delegar a la IA el fundamento metodológico.

Hasta esta parte del trabajo hemos visto elementos que transforman a las herramientas de IA en aliados poderosos del investigador. También revisamos aquellos aspectos que pueden dañar todo el proceso de investigación. Por ello nos preguntamos: se emplea la IA o se prohíbe, tomando en cuenta que nuestros estudiantes hoy la emplean, en su mayoría sin consideraciones éticas.

En definitiva, consideramos que delegar la parte metodológica a la IA es posible y puede ser beneficioso, siempre que se haga con precaución y criterio. Las ciencias sociales, con su acervo de pensamiento crítico sobre la tecnología y la sociedad, nos instan a no caer ni en el temor paralizante ni en la adopción ingenua. La IA debe ser vista como un aliado poderoso pero imperfecto: capaz de ayudarnos en la investigación, pero que requiere de nuestra guía para no perder el rumbo. Si logramos ese equilibrio, el resultado puede ser una práctica investigativa más eficaz, con nuevos tipos de preguntas y análisis que hoy apenas imaginamos. En cambio, si delegamos más de la cuenta, corremos el riesgo de comprometer la calidad y confianza en la investigación misma.

Esto significa que las asignaturas relacionadas con el proceso de investigación deben hacer una revisión de sus programas de estudio, dando gran peso al empleo de estas herramientas con un sentido crítico.

Por ello el desafío y la responsabilidad, recaen en toda la comunidad académica: aprovechar críticamente la IA para enriquecer –y no empobrecer– la ciencia social.

 

Rodríguez, R. V., Bendezú, C. A. G., & Elguera, V. C. (2023). Review of the literature on the difficulties that students experience when preparing their university thesis. 2023 IEEE 3rd International Conference on Advanced Learning Technologies on Education & Research (ICALTER), 1–3. https://doi.org/10.1109/ICALTER61411.2023.10372908

Sebastian, R., Kottekkadan, N. N., Thomas, T. K., & Niyas KK, M. (2025). Generative AI tools (ChatGPT*) in social science research. Journal of Information, Communication and Ethics in Society, 23(2), 284–290. https://doi.org/10.1108/JICES-10-2024-0145

Sharma, M. (2024). Challenges and Strategies in Graduate Thesis Writing: Insights from a Literature Review. Lumbini Journal of Language and Literature, 4(1), 63–70. https://doi.org/10.3126/ljll.v4i1.73858

 

viernes, 28 de junio de 2024

Contribución de la IA en la investigación científica.

La inteligencia artificial se ha convertido en un aliado del investigador, estando presente en todas las etapas de este proceso. En una reciente charla virtual a un grupo de profesores de mi universidad, estructuré la misma en cinco campos del quehacer científico. Empleé en el recorrido herramientas gratuitas, con el objetivo de que los profesores pudieran trasladar esta información a sus estudiantes.

El recorrido fue el siguiente: Ideas para el problema, Acceso a la información, Gestión de datos, Elaboración del informe y Distribución de los resultados. Estos pasos no excluyen otros, ni eliminan los más empleados. Solo se refieren al empleo de determinadas herramientas de inteligencia artificial que hacen más accesible el trabajo de investigación, ahorrando tiempo y optimizando el resultado final.

Ideas del problema científico

Para las ideas del problema científico, el empleo de ChatGPT es el indicado, aunque se puede acceder también a Gemini y Copilot, con resultados similares. En la conferencia propusimos el empleo de una instrucción que solicita varios problemas y sus posibles preguntas. La instrucción es la siguiente:

Eres un investigador experto en inteligencia artificial, con numerosas investigaciones, publicaciones y 20 años de experiencia en este campo. (Rol asignado a ChatGPT)

Quiero tu ayuda en la creación del problema científico para una investigación dirigida a detectar errores en el empleo de la inteligencia artificial generativa. (Tarea)

En estudiantes universitarios de ciencias de la educación. En específico, en la asignatura de Tecnología e innovación educativa, que tiene como objeto de estudio el análisis de la tecnología educativa en el proceso de aprendizaje. (Contexto)

Redacta al menos tres variantes del mismo problema y al menos cuatro preguntas relacionadas con cada problema. Los problemas deben expresarse en forma de preguntas siguiendo la metodología de Sampieri en su libro “Metodología de la investigación científica”.  (Reglas)

Presenta el resultado en una tabla de dos columnas y una fila por cada problema. En la primera columna el problema y en la segunda las posibles preguntas. (Formato de salida)

¿Necesitas otra información?


El resultado final se puede encontrar en este enlace

La instrucción anterior también puede ser dividida en varias partes, obligando a ChatGPT que espere cada una de nuestras instrucciones. El ejemplo mostrado fue el siguiente:

Eres un investigador experto en inteligencia artificial, con numerosas investigaciones, publicaciones y 20 años de experiencia en este campo.

Quiero tu ayuda en la creación del problema para una investigación científica. Me debes preguntar primeramente cuál es el tema de la investigación. No hagas nada hasta que te responda.

Después de mi respuesta me preguntas cuáles son los sujetos participantes de la investigación. No hagas nada más hasta que te responda.

Después de mi respuesta me preguntas cuántos problemas científicos debes crear. No hagas nada más hasta mi respuesta.

Después de mi respuesta me preguntas si quiero un formato en especial para crear el problema científico. No hagas nada más hasta mi respuesta.

Después de mi respuesta me preguntas si necesitas algo más para crear los problemas científicos.

Presentar la instrucción por partes permite la reducción de ambigüedades y por ende evitar que el Bot pueda interpretar de manera inadecuada una instrucción compleja. Además, se puede revisar el resultado en tiempo real y estructurar mejor la instrucción. El resultado de esta instrucción se puede revisar en este enlace

Acceso a la información.

Este es el punto más conocido y también más frustrante. En especial acceder a muchos bancos de fuentes bibliográficas, algunos de ellos limitados por pago y con una gran cantidad de artículos y libros que se acumulan para ser leídos. El empleo de la IA facilita en parte este proceso. En la charla mostramos tres ejemplos, de otros muchos existentes.

 El primero de ellos fue el de la recomendación 1030 y el acceso a este sitio. En Elicit se puede llevar a cabo la búsqueda por palabras claves o una pregunta, similar a otros buscadores. 

Los resultados obtenidos son complementados con un abstract, la metodología empleada, entre otros elementos, que facilitan disponer de la información necesaria antes de leer todo el documento. También se puede acceder al documento en el caso de que sea abierto y al DOI del mismo. Esto último es de gran valor, ya que con ese dato podemos agregar la cita a Mendeley o Zotero, bases bibliográficas que se integran al procesador de texto, facilitando la posterior citación.


El otro sitio explicado corresponde a la recomendación 1036 al que se accede desde aquí En Typeset se logran resultados similares al anterior sitio, pero tiene un complemento de interés, permite conversar con un bot denominado (Copilot) y formular preguntas sobre el documento. También se puede acceder al documento y al DOI con la facilidad de integrarlo a nuestra base bibliográfica.


 


El tercer sitio para el acceso a la información es el de la recomendación 1121 al que se accede desde aquí.

Searcholic no es tan preciso como los dos anteriores, pero tiene la ventaja de acceder a números documentos, entre ellos videos, podcast, revistas y libros. 

 

 

 

Gestión de datos

El segundo paso en el recorrido guiado con la IA, fue el de gestionar los datos. En este, al igual que los anteriores, no negamos los métodos conocidos. 

Para iniciar propusimos el empleo de la recomendación 1057 accesibles desde este enlace El resumidor de texto como su nombre indica, ayuda a resumir partes de un trabajo, extrayendo aquellos elementos que resultan más importante. 

Conversamos con los asistentes que una utilidad es la de elaborar el resumen de un artículo, de una tesis, entre otros empleos diferentes.

 


Otra de las utilidades mencionadas es la que corresponde a la recomendación 1066, que permite transcribir toda la conversación de un video alojado en YouTube.

Las posibilidades son varias, entre ellas crear un video artículo, leer en vez de ver las ponencias de un congreso, seleccionar una parte de una charla, entre otras. Con este complemento del navegador, descargar toda la charla es un proceso breve y sencillo.

 

 

La tercera recomendación es la número 1059 que facilita el parafraseo, comentando un texto pero con otras palabras, evitando el plagio de otras obras. 

Hemos probado otras muchas aplicaciones que son de utilidad para la gestión, el análisis y la interpretación de los datos, las que se recogen en las recomendaciones diarias

 

 



La última de las recomendaciones es la 724, una utilidad de Google que transcribe un audio en texto, con alta precisión. 

Es de utilidad para transcribir entrevistas, podcast y otras grabaciones sonoras que se realizan durante el proceso de investigación.

Todas las recomendaciones que mostramos son gratuitas, o contienen algunos recursos gratis, todas de utilidad para la investigación.


Elaboración del documento


En el recorrido que hicimos durante la conferencia, el penúltimo tema tratado es uno de los más complejos, elaborar el documento. 

Para este punto seleccionamos tres recomendaciones. La primera de ellas es la 1328, que muestra un mapa al seguir las citas bibliográficas de un trabajo y de un autor. Su utilidad es amplia, se pueden guardar las búsquedas, copiar el registro DOI, leer el resumen, entre otras.


 La siguiente es la recomendación 780, que agrega un vínculo en Chrome para poder capturar en el gestor Mendeley las referencias bibliográficas que necesitemos. 

Es evidente el tiempo de ahorro al escribir la referencia e insertarla en el documento. Para su empleo previamente se requiere disponer de una cuenta en el servicio bibliográfico. Así como comentamos anteriormente, es más rápido la inserción de la cita bibliográfica en cualquier documento en el procesador de texto. 

 


Para finalizar el recorrido no podíamos dejar de mencionar la recomendación 357 que introduce al navegador un corrector ortográfico y de redacción. La gran ventaja es que todo lo que escribimos en la Web es revisado por el corrector. 

Este tiene la ventaja de insertarse como complemento en Word, facilitando la tarea de revisión ortográfica y de estilo. 

 

 

 Distribución del documento.

En este último punto, además de las formas conocidas de publicación en revistas, participación en congresos y demás, nuestra propuesta fue diferente. Para ello sugerimos utilizar la recomendación 1343, dirigida a crear un Bot conversacional.

De este modo, exponer los resultados de la investigación o de un artículo dota al público lector de una herramienta interactiva, rompiendo la manera tradicional de acceder a los resultados.



En toda la conferencia pudimos demostrar que las herramientas de IA tienen una marcada relación con todas las etapas de la investigación científica. Un tema que se comentó fue el del empleo de las respuestas generadas por los Bots de IA, en especial el copiar y pegar directamente, a lo que se unió la deshonestidad académica. En este punto lo más sensato es reforzar los valores éticos y morales de los investigadores y estudiantes. No es la IA la responsable del fraude, somos los que la empleamos.

En resumen, no es posible obviar el cúmulo de herramientas de IA, pero lo que no podemos dejar de lado es su empleo consciente y responsable. Solo de nosotros depende dicha utilización.