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sábado, 9 de mayo de 2026

La bicicleta eléctrica llegó a la universidad

No se confunda por el título, es solo el punto de inicio de un debate que pudo ocurrir entre dos profesores universitarios que se resume con una imagen difícil de olvidar: durante años formamos a los estudiantes para correr un maratón académico. Les enseñamos a leer, escribir, buscar fuentes, argumentar y sostener una idea. De pronto, en la línea de salida, una parte de ellos recibe una bicicleta eléctrica. El maratón sigue siendo el mismo, pero las condiciones cambiaron. Esa metáfora resume el desajuste que vive hoy la educación superior frente a la inteligencia artificial generativa.

El problema no está solo en que los estudiantes usen IA. El problema mayor es que muchas universidades todavía evalúan como si esa bicicleta no existiera. Pedimos ensayos, informes y resúmenes con los mismos criterios de antes, pero ya no sabemos con certeza qué parte corresponde al esfuerzo del estudiante y qué parte fue producida por una máquina. Ante ese escenario aparecen dos posiciones, representadas por cada uno de los profesores. Uno percibe la IA como posibilidad de emancipación pedagógica, mientras que el otro advierte el riesgo de una atrofia cognitiva silenciosa.

Entre emancipación y atrofia

El profesor que defiende la integración de la IA sostiene que esta herramienta puede liberar al estudiante de tareas operativas. Buscar antecedentes, organizar referencias, corregir sintaxis o resumir información puede consumir muchas horas. Si la IA asume parte de ese trabajo, el aula podría concentrarse en actividades de mayor valor: interpretar, comparar, defender ideas, formular objeciones y revisar la calidad de las respuestas obtenidas.

Desde esa perspectiva, la IA no sustituye el pensamiento. Obliga a desplazarlo hacia otro nivel. El estudiante ya no debería limitarse a producir un texto final, sino a explicar cómo llegó a ese texto, qué decisiones tomó, qué descartó, qué corrigió y qué no aceptó de la máquina. La evaluación dejaría de mirar solo el producto terminado y pasaría a observar el proceso intelectual.

La postura contraria del otro profesor advierte un peligro real. La facilidad de acceso a respuestas bien redactadas puede generar una ilusión de comprensión. El estudiante lee un resumen claro, ordenado y convincente, y cree que comprendió el texto original. Pero comprender no es repetir una síntesis. Comprender exige entrar en conflicto con el lenguaje, detenerse, volver atrás, reconstruir el argumento y formular preguntas propias.

Aquí aparece uno de los puntos más fuertes del debate: la lectura profunda requiere fricción. Esa palabra expresa el esfuerzo necesario para pensar. Leer un texto complejo no siempre es agradable ni rápido. La dificultad forma parte del aprendizaje. Si la IA elimina esa dificultad antes de que el estudiante haya construido su propio criterio, puede debilitar la capacidad de interpretar.

En el debate imaginario se empleó la metáfora del GPS cognitivo que nos ayuda a entender el problema. Cuando una persona depende siempre del mapa automático, llega al destino, pero no construye orientación espacial. Algo similar puede ocurrir con la IA. El estudiante obtiene una respuesta, pero no siempre aprende a construir la pregunta. Y sin pregunta propia no hay pensamiento crítico sólido.

El profesor como mediador del criterio

El debate entre ambos no debería reducirse a aceptar o prohibir la IA. Esa salida es pobre. La pregunta pedagógica más seria es otra: ¿qué debe hacer el profesor universitario para que la IA no sustituya el proceso de formación?.

La respuesta está en cambiar el foco de la evaluación. Ya no basta pedir un ensayo de 10 páginas. Ese formato se volvió insuficiente si no va acompañado de defensa oral, bitácora de trabajo, revisión de fuentes, análisis de prompts, explicación de decisiones y contrastación de resultados. El texto final debe dejar de ser la única evidencia.

En este punto, la figura del profesor recupera fuerza. La IA puede producir una respuesta en segundos, pero no puede observar la duda del estudiante, detectar una comprensión frágil, exigir una justificación mejor o conducir un diálogo formativo. La mediación docente no desaparece. Se vuelve más necesaria.

La universidad debe enseñar a trabajar con IA sin entregar el juicio intelectual. Eso implica formar estudiantes capaces de preguntar mejor, sospechar de las respuestas demasiado perfectas, comparar fuentes, reconocer sesgos, identificar vacíos y sostener una idea frente a otros. El aula no puede convertirse en un espacio donde se celebran textos impecables con pensamiento ausente.

El debate entre los dos profesores deja una enseñanza central: la IA puede ser bicicleta eléctrica o prótesis del pensamiento. Todo depende del uso pedagógico. Puede ayudar a llegar más lejos, siempre que el estudiante siga aprendiendo a orientarse, esforzarse y decidir. Pero también puede acostumbrarlo a no caminar.

La universidad no debe formar usuarios complacientes de respuestas automáticas. Debe formar sujetos capaces de dialogar con la máquina sin renunciar a su propia voz. El desafío no es tecnológico. Es pedagógico, ético y cultural. La IA ya entró al aula. Ahora corresponde decidir si la usamos para pensar más o para pensar menos.

 

martes, 24 de abril de 2018

Tolerancia o la manera no oficial de suspender las clases


Cada año en nuestra Universidad se da un fenómeno inexplicable, que favorece a unos pocos y perjudica a la mayoría. Casi siempre este suceso es inesperado, avisado con 24 horas de antelación y donde muchos no llegan a enterarse. Este fenómeno es difícil de justificarlo, pero fácil de aplicar. Es la conocida “tolerancia”, aplicada en fechas previas a los feriados nacionales, a días de conmemoración nacional, o las relacionadas a fechas de creación de las carreras y facultades.

La tolerancia es un valor humano, dirigido al respeto a las opiniones y criterios de los demás, aun cuando no estemos de acuerdo con ellos. Durante siglos la tolerancia fue inexistente, los que se atrevían a negar las doctrinas religiosas terminaban muchas veces condenados a la hoguera. En la actualidad la tolerancia sigue siendo un tema de amplia discusión.

Pero la tolerancia a la que me refiero tiene otro origen y otra interpretación. Siempre viene estipulada en una resolución de un jefe de carrera, un decano o el propio Rector. Siempre en dicha resolución se puede leer: “otorgar tolerancia a las actividades..”, lo que se interpreta en que los profesores deben decidir suspender las clases o no.

Unas semanas atrás en nuestra Facultad de Humanidades se decidió mediante resolución del Decano otorgar tolerancia a los estudiantes interesados en participar de una actividad recreativa en homenaje al aniversario de la fundación de la Facultad. La mayoría de los profesores nos enteramos menos de 48 horas antes de dicha tolerancia.

Si a estas suspensiones le agregamos que el semestre se inició tardíamente, que tenemos tres días sin clases por elecciones, cinco feriados y sus respectivas tolerancias más otros días como el festejo por el día de la madre, del padre y el de los profesores, estamos en una situación que limitan considerablemente el período de clases.

Preocupado por el sentido y la utilidad de la “tolerancia” apliqué una encuesta a estudiantes de los últimos semestres de Ciencias de la Educación. Las preguntas se respondieron antes del día que se otorgó la tolerancia, a la que me referí anteriormente.

A la pregunta sobre el significado de tolerancia por parte de los estudiantes, las respuestas se aprecian en el siguiente gráfico.


La mayoría interpreta la tolerancia como la suspensión parcial de las clases.

La siguiente pregunta del cuestionario indagaba por la cantidad de profesores que deciden suspender las clases en los días de tolerancia.

Como se puede observar casi 8 de 10 estudiantes señalan que algunos suspenden sus clases.

Otro punto de discusión es quién debe tomar la decisión de suspender la clase, sí el profesor o las autoridades. En este caso las respuestas de los estudiantes estuvieron divididas. Los que están en contra que sea el docente quien tome la decisión de la suspensión superan en muy poco a los que opinan que es este el que debe tomar la decisión.

Un dato más interesante es qué hacen los estudiantes en los días de tolerancia. La gráfica establece con claridad que muy pocos deciden asistir a los actos y dedicarse a otras tareas escolares.

Se aprecia claramente que apenas 1 de cada 10 estudiantes decide participar en la actividad festiva por la que se genera la tolerancia. La mayoría aprovecha el tiempo para realizar tareas atrasadas o de otro tipo.

La tolerancia perjudica más al estudiante que al profesor. Los estudiantes a veces deben esperar varias horas por la llegada del profesor, debido al que el del primer período de clases decidió suspender la clase y no se enteraron a tiempo. En ocasiones cuando el docente llega es tal el grado de apatía de muchos estudiantes que convencen al profesor de no pasar clases y esta se suspende.

La tolerancia pone en una situación difícil al profesor, entre suspender la clase por la presión de los alumnos y los mensajes constantes en WhatsApp o no suspenderla. A esto se añade otro factor, la tolerancia a veces también es acatada por los administrativos por lo que es probable que las aulas se encuentren cerradas.

Sugerencias a las autoridades universitarias.

La universidad es un centro de estudio, de investigación y de cultura, en ella convivimos personas con diferentes edades, gustos, preferencias y culturas diferentes, pero todas bajo un común denominador: la ciencia que estudiamos.

Sobre este criterio propongo que en los días de tolerancia, en especial aquellos por el día de la facultad o de la carrera, se organicen actos académicos que rindan homenaje a dicha fecha y no actividades festivas que poco o nada tienen que ver con dicha efemérides.

Festejemos a la ciencia con ciencia.

viernes, 23 de octubre de 2015

Ampliando las herramientas para el rediseño curricular

En medio del proceso de rediseño curricular de la licenciatura en Educación de nuestra Universidad, nos hemos visto rodeado de diferentes formas de obtener información sobre graduados, empleadores, profesores y estudiantes actuales de la carrera, todas con el fin de pensar colectivamente el futuro de la Carrera.

Con los egresados se aplicó una encuesta en línea, con los empleadores entrevistas y con los profesores, en esta primera etapa se tomó una encuesta respondida por la mayoría.

Los estudiantes actuales de la Carrera, si bien son nuestra esperanza futura, no constituyen la principal fuente de datos para mejorar y modificar la malla curricular de la Carrera, ellos aportan su experiencia como estudiantes, pero matizada por el enfoque que los profesores dan a sus asignaturas. 

Es muy diferente estar al amparo de la universidad y otra trabajar como profesional pleno. Con estos estudiantes se realizó un amplio grupo de talleres, demasiados, donde se les preguntó sus opiniones sobre el futuro de la Carrera, su idea de la misión y visión y las competencias que debían formarse en los próximos matriculados.

En un taller donde una o varias personas conducen la discusión, las opiniones de los participantes van quedando relegadas a lo que llamaría “acuerdo colectivo”. En otras palabras se va conformando un criterio único, que bajo la dirección del responsable del taller, puede ser extremadamente subjetivo y dirigido, con las posibilidades de influir en las opiniones. Esa es la lógica del taller, aun cuando se trabaje de la manera más colectiva, no se puede dejar de lado su carácter subjetivo.

Con estas dudas y tomando en cuenta que en dichos talleres no se hicieron preguntas más precisas como el por qué matriculaste la carrera, por qué te mantienes en ella y en qué te gustaría trabajar una vez graduado, apliqué otro tipo de técnica, no empleada con anterioridad en nuestro rediseño. Trabajé con mis estudiantes de octavo semestre de la Carrera, que están a un paso de terminar su plan curricular y que tienen una percepción más amplia de sus estudios.

La técnica empleada posee un fuerte componente tecnológico en su desarrollo, pero a la vez una elevada participación grupal. Es un debate donde todos leen las respuestas de todos, algo difícil de alcanzar en un taller. Además para evitar susceptibilidades en el análisis, las opiniones expresadas por cada estudiante quedan registradas para su lectura en cualquier momento. Para responder a las preguntas empleé un servicio asociado a Twitter que se denomina Hootcourse.com Es una aplicación sencilla de manejar, solo se requiere una cuenta en dicha red social y el profesor crear previamente el “curso”.

Los estudiantes que participaron, representan la mitad de todos lo que cursan el octavo semestre, ya que existen solamente dos sesiones de clases; matutina y vespertina y esta última corresponde a la de mis estudiantes. Todos tienen cuenta en Twitter y estaban familiarizados con la plataforma, pues previamente hicimos un ejercicio similar, pero en otro tema diferente. Las respuestas y sus resultados. se pueden cosnultar en este enlace 

La primera pregunta: 

La lectura de las respuestas muestran variados criterios, la mayoría giran alrededor de no conocer de qué trataba la carrera, el peso de la influencia familiar, la segunda opción en el ingreso a la universidad, la posibilidad de cambiarse a otra carrera, los resultados de un test psicotécnico aplicado en el colegio, el ingreso directo por ser de provincia y la influencia de los amigos.

En un grupo menor de respuestas se evidencia que les llamó la atención el trabajo con la educación especial, la tecnología educativa, la orientación vocacional, lo relacionado con la profesión del profesor y el interés en mejorar la educación del país.

En resumen, los actuales estudiantes no tenían una vocación definida cuando matricularon la Carrera, algunos lo hicieron como puente a otra carrera o cómo única opción de ingreso a la universidad. La orientación vocacional es por lo general una tarea realizada tres o cuatro meses antes de concluir sus estudios de bachiller. Sucede que cuando una universidad va a los colegios y aplica test psicotécnicos, estos dan como resultado que los jóvenes son excelentes para un área específica, como las ciencias sociales. Sin embargo cuando es otra universidad diferente, el mismo joven, con el mismo test es excelente para ser ingeniero. Por ello la orientación vocacional no empieza ese día, comienza desde la sociedad y la valoración justa de las diferentes profesiones.

La segunda pregunta:

Contrariamente a las respuestas diferentes de la primera pregunta, en esta se logró mayor consenso en las razones por la que se mantienen. Varios señalaron que tienen que terminar lo que empezaron, otros por qué al no poder cambiar de carrera, quieren terminar la actual. Sobresalen las respuestas que indican que fueron tomando interés en la carrera y valoran la importancia que tiene la educación en el desarrollo del país. También se aprecian intereses bien definidos como el abrir una guardería con otras personas y trabajar en la atención a niños con capacidades diferentes.

No es un descubrimiento que los estudiantes universitarios en su mayoría van apreciando la carrera matriculada, lo que se consolida una vez graduados.

La tercera pregunta.

Las respuestas fueron más precisas, una gran parte señalaron como su área de preferencia la educación especial. Le siguen los proyectos y la administración educativa, la psicopedagogía, la tecnología educativa y la educación superior. En este caso los estudiantes están a un paso de concluir su carrera, varios de ellos trabajan, algunos en áreas vinculadas a la educación.

Llama la atención que ninguno planteó que quiere ser profesor, esto se debe a una contradicción: el Estado boliviano solo permite trabajar como profesores a los egresados de las escuelas normales y no así a los licenciados en educación de las universidades públicas.

En resumen las respuestas me permitieron despejar algunas de mis dudas. Los estudiantes de una carrera universitaria tienen su enfoque en terminar, en hacerlo cuanto antes y poder desempeñarse en un área de trabajo. Después de eso vienen los reclamos de lo que no estudió o lo que dejó de hacer y con ello las ideas de una mejor perspectiva para su concluida carrera universitaria.

miércoles, 25 de junio de 2014

Evernote en la enseñanza. Un libro con 33 ideas sobre su uso.

En varios trabajos publicados en este blog he comentado sobre Evernote, una agenda electrónica con numerosas formas de ser empleada. En algo más de dos años, realizamos dos cursos abiertos y masivos sobre esta versátil agenda. 

El primero de ellos se ejecutó en la Red CUED (Red de la Cátedra UNESCO de educación a distancia) donde realizamos una primera aproximación de esta agenda a la actividad pedagógica.

El siguiente Mooc con la participación de más de 2200 personas permitió profundizar en las formas de emplear la agenda en la actividad educacional. Dicho curso lo completamos con videos y documentos textuales en los que se explica la organización y funcionamiento de Evernote además de algunos de sus complementos más importantes.

A todo lo anterior se suman más de una docena de trabajos publicados en el blog que tienen como centro a Evernote.

En esta ocasión como un final del camino entregamos un libro digital, donde en cuatro grandes áreas exploramos a fondo 33 ideas o formas de utilizar la agenda en cualquier tipo de capacitación, tanto en sistemas formales o no.Todas ellas fueron empleadas en algunos de los cursos, lo que indica que cuentan con una validación real.

El libro está escrito bajo una licencia (by-nc-nd) que significa Reconocimiento – No Comercial – Sin Obra Derivada, en otras palabras no se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas. Sin embargo la descarga es absolutamente gratis y espero que le sea de utilidad.

Solo espero que se pueda agrandar la utilidad del libro con los comentarios aportados tanto en este blog, como en la dirección de correo señalada en el libro o en las redes donde participo. 

Para la descarga debes hacer clic en este enlace que te pedirá compartir el trabajo mediante Twitter o Facebook, y así ayudas a la promoción del libro. Pero si no deseas este paso me dejas un comentario en el blog y te lo envío directo a tu correo. 



miércoles, 18 de junio de 2014

La tarde que aproveché.


En nuestra Universidad es frecuente que el día antes de un feriado, se promueva lo que se conoce como “tolerancia”. Significa que queda en manos del profesor decidir si la tarde anterior a dicho feriado se imparte clases o no.

En la mayoría de las ocasiones la “tolerancia” se da a conocer el mismo día o la tarde anterior, casi siempre el profesor se entera tarde de esta decisión, pero los estudiantes son los primeros en conocerla y comunicarse entre todos con más velocidad que cuando deben realizar una tarea académica. 

Para evitar sorpresas de ese tipo y con varios días de antelación indiqué a mis estudiantes del Taller de Multimedia didáctico, que el miércoles 30 de abril, víspera del Primero de mayo, no trabajaríamos en el laboratorio de computación, como es habitual, sino que aprovecharían la tarde en cualquier otro tipo de tarea. 

La condición establecida fue la de documentar en su blog la tarea que realizaron y con posterioridad comentarla entre sus compañeros. El objetivo de este tipo de actividad es demostrar que en esos períodos de “tolerancia” se puede trabajar en las asignaturas de su carrera y no perder el tiempo como muchas veces suele suceder. Por otra parte los estudiantes no se sienten sorprendidos por que un profesor decidió acatar la tolerancia y otro no.  Por lo general la mayoría de los estudiantes no asisten a clases en ese momento y solo unos pocos van a la Universidad y pierden su tiempo. 

Cómo se empleó la tarde.

Gabriela Cazasola en su blog transformó la tarde en ayudar a su hermano en la preparación de varios platos para su restaurante. Raquel Mejía en su blog “Tu imaginación”  narra cómo empleó la tarde en realizar un grupo de encuestas a profesores de otra institución. 

Yovanna Vaca aprovechó su tarde en variadas actividades, desde realizar tareas pendientes, ayudar a su hija en sus deberes escolares, hasta acostarse más temprano que de costumbre.

Ana Laura Rivero comenta en su blog que esa tarde fue a la Universidad, trabajó con su grupo en la creación de la Radio emisora Caribe FM 448 , que es parte de una tareas de trabajo colaborativo que se realizan en nuestra asignatura  tarea similar realizó Evelín Valda  

No es necesario seguir colocando ejemplos del empleo de la tarde, lo más beneficioso fue que conocían de la tarde libre y que la aprovecharon más que en otras ocasiones similares.

En mi opinión es preferible la planificación del tiempo, que la decepción cuando llegan a la Universidad y encuentran que las clases están bajo el concepto de la tolerancia. La tolerancia aplicada a las actividades docentes, a la suspensión de clases, es un mal que conspira contra la motivación y el interés de los estudiantes. Sin embargo como es difícil desterrarla es mejor prevenirla con actividades como la tarde que aproveché.

martes, 4 de marzo de 2014

¿Qué cuestionan los estudiantes en la universidad?



Si se trata de los contenidos de clase muy poco o nada, esa es mi respuesta y aquí puede parecer que se acaba el artículo, pero recién comienza. El inicio de este comentario tiene que ver con el hijo de cuatro años de un amigo, que unos meses atrás y en una visita a su casa, me atropelló a preguntas de todo tipo, que siempre terminaban con un por qué. 

Todos pasamos por esa fase, la curiosidad de conocer las razones de lo que nos rodea es amplia. Para el niño no hay límites, su curiosidad es inagotable y lamentablemente regulada por los mayores.

En la casa no todas las preguntas tienen respuestas, algunas ni siquiera son preguntadas y otras quedaron en el deseo de hacerlas. ¿Y en la escuela? La respuesta es obvia, tenemos que cumplir el programa de la asignatura, ajustarnos a los tiempos, tomar los exámenes, responder los cuestionamientos de los padres y recibir las críticas permanentes.

En la escuela el ensayo y error es poco permitido, para eso está el profesor hacedor de la verdad, lo que dice y hace es poco probable que un alumno pueda cuestionarlo, ni siquiera por curiosidad, menos por rebeldía. Si ese estudiante hace algo que no es lo habitual el profesor sospecha de su actitud y es capaz de reprobarlo y criticarlo. Mi esposa me comentaba del mal recuerdo de una profesora, que le rechazó sus fichas de un libro, por el solo hecho de ser correctas. La respuesta de la maestra, ante su reclamo fue cortante: no te creo, no lo hiciste. 

Una alumna de posgrado recordó cuando se le ocurrió preguntarle a la maestra de historia, el lugar dónde Cristóbal Colón estaba enterrado y la maestra molesta por no tener la menor idea de la respuesta la ofendió tanto, que hasta hoy, con más de 20 años de vida profesional le cuesta trabajo hacer preguntas en público. 

Ese tipo de profesores siguen existiendo y seguirán transitando por los pasillos de las escuelas, aun cuando se diga lo contrario, es un mal que no tiene aspirina para su cura.

Y en la universidad?
Caricatura del DrC. Fernando Perera

En la universidad pasa algo similar, por no decir igual, la curiosidad de los estudiantes la liquidamos rápidamente con una frase lapidaria: no hay tiempo. 

Estamos llenando las aulas de pizarras digitales, dotamos a los profesores de computadoras, extendemos la red Wifi a todo el recinto universitario, pero la curiosidad está en el mejor de los casos dormida, pero muerta en muchos. 

El ensayo y error tan necesario para el desarrollo profesional está desterrado de la universidad, si cometes un error no hay tiempo para que lo enmiendes, es un error y sigue siendo un error. 

Propongo que meditemos sobre la curiosidad de nuestros estudiantes, como el hijo de mi amigo que en treinta minutos me hizo más de diez preguntas, pidamos a nuestros estudiantes que pregunten, que no se limiten a preguntar. Si no lo sé lo indago, lo buscamos entre todos, pero no liquidemos la curiosidad. 

Propongo que mejoremos nuestros exámenes, donde la prueba y el error sea un parámetro valido, que mueva el conocimiento del estudiante a otro nivel, que despierte su curiosidad. 

Propongo por último que practiquemos el arte de pensar, de reflexionar sobre la curiosidad, sobre la pregunta, sobre el ensayo y el error y en especial en nuestra forma de estimular la curiosidad.

viernes, 15 de julio de 2011

Dónde se quedaron las competencias digitales de nuestros alumnos.


A propósito de la revisión que en estos meses estamos realizando del diseño curricular de la Carrera de Educación en nuestra Facultad, siento el temor que reduzcamos y peor dejemos a un lado las competencias digitales que los futuros licenciados deben alcanzar.

Partiré del hecho que no hemos logrado establecer con claridad cuáles son esas competencias. No pueden ser las de los profesores, pues estaríamos formando al estudiante a nuestra imagen. Tampoco pueden ser las de los actuales estudiantes, algunos de ellos con serios temores y escepticismo abundante en el empleo de las Tics.

Estas competencias deberán estar vinculadas a las tareas que la escuela debe asumir en relación al uso de las Tics en general y de las redes sociales en particular. No es un secreto que cada día se profundiza la brecha entre lo que los estudiantes realizan en la redes y lo que la escuela les pide realizar. El aprendizaje informal en las redes es mayor y más variado que en la escuela, la lista de amigos en las redes supera en mucho a los de la vida real. Ejecutan tareas con más concentración de la atención que durante las clases, crean espacios colaborativos que en la escuela resultan restringidos. 

Nuestros profesores han expresado el interés que el futuro licenciado pueda dirigir una escuela, realizar su proyecto educativo, atender las necesidades especiales de aprendizaje, planificar y realizar proyectos en áreas educacionales, impartir clases en unas pocas ciencias, entre otros campos. Tal multitud de áreas corroboran una vez más la importancia de las Ciencias de la Educación en el desarrollo de la sociedad y su papel predominante en todo proceso de cambio. 

Es que la educación es una categoría de carácter general y global, presente en todo momento del desarrollo humano y no circunscrito únicamente a la escuela. Por ello el licenciado en educación puede actuar lo mismo desde una empresa hasta un ministerio, compartiendo sus experiencias en la formación del individuo. Todos requerimos de una formación permanente y como expresa la UNESCO a lo largo de la vida. 

Las competencias digitales de este licenciado no pueden estar referidas solamente a emplear el procesador de texto, crear una cuenta de correo, chatear en Facebook, grabar un video o tomar una foto con el celular, realizar una presentación en Power Point o emplear un programa para arreglar una foto. Esas son competencias generales de los ciudadanos actuales, no son las que esperamos de nuestros estudiantes. Con esas habilidades no se puede dirigir una escuela, o realizar su proyecto educativo, menos ser profesor de algunas ciencias.

El futuro licenciado debe ser capaz de organizar el sistema personal de aprendizaje de los estudiantes o de las personas donde trabaja, con el empleo de las Tics. Tiene que estar preparado para discriminar con rapidez las redes sociales más importantes y útiles para la organización donde se desempeña. Debe desarrollar tareas vinculadas a crear y mejorar la compresión lectora con los medios digitales. No es lo mismo leer en un papel que en la pantalla. 

Ese licenciado debe desarrollar la competencia de seleccionar, diseñar y emplear adecuadamente los medios con los que cuenta. No es lo mismo copiar y pegar un texto a una diapositiva de Power Point, que organizar la información para ese medio. 

Los ejemplos en el mal empleo de los medios abundan. Es frecuente descubrir en las escuelas medios de enseñanza cubiertos de polvo o encerrados en sus cajas originales, porque no lo saben emplear, tienen miedo a dañarlos o no tienen idea de su uso. Las computadoras de las escuelas, contienen los programas “clásicos”, solo se actualizan los virus. Para colmo en muchas instituciones escolares cierran el acceso a las redes sociales, lo que es el más soberano disparate, profundizando la brecha entre escuela y redes. 

Por tal razón el licenciado en educación que queremos formar para los próximos años, debe desarrollar las competencias digitales que los profesores no hemos logrado alcanzar.  No debe formarse con la concepción estrecha del uso de los medios, tiene que ser abierto a su uso, democrático en su empleo y facilitador del aprendizaje con estos medios. De este modo estará cumpliendo parte de su encargo social; contribuir a la formación de los demás.